VALENCIA. – La seguridad en el barrio de Benimaclet ha saltado al primer plano del debate político en el Ayuntamiento de Valencia. Tras meses de quejas vecinales por el repunte de la delincuencia, la concejalía de Seguridad Ciudadana, dirigida por Jesús Carbonell, ha confirmado un refuerzo de la presencia policial en la zona. No obstante, este movimiento vuelve a poner sobre la mesa un problema crónico: el déficit de agentes operativos que sufre la capital del Turia pese a los esfuerzos de reclutamiento de los últimos años.
Refuerzo en Benimaclet: 14 agentes para frenar un repunte del 8%
En la última junta de distrito de Exposición, el equipo de gobierno detalló que las intervenciones por seguridad ciudadana en Benimaclet han crecido casi un 8%. Como respuesta, el consistorio ha decidido incrementar la dotación de la «policía de barrio» con siete agentes adicionales en el turno de mañana y otros siete por la tarde.
Aunque Carbonell calificó el crecimiento de la delincuencia como «asumible» y negó que exista una crisis de inseguridad alarmante, la medida busca calmar los ánimos de un vecindario que reclama mayor proximidad.
El «agujero negro» de la operatividad: jubilaciones y oficinas
Sin embargo, este refuerzo en Benimaclet es un «parche» que choca con la realidad interna de la Jefatura. A pesar de que Valencia ha incorporado nuevas promociones en los últimos ejercicios, la cifra neta de policías que «pisan la calle» apenas crece. El motivo es un doble fenómeno de drenaje de personal:
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El embudo de las jubilaciones: El ritmo de salidas de agentes que alcanzan la edad de retiro sigue siendo muy alto, lo que obliga a que muchas de las nuevas incorporaciones sirvan simplemente para cubrir bajas, sin llegar a aumentar el número total de efectivos en servicio activo.
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La Ley de Segunda Actividad: La normativa permite que los agentes de más de 50 años puedan pasar a la denominada «segunda actividad» (labores administrativas, logística o custodia de edificios). Teniendo en cuenta que la plantilla de Valencia tiene una media de edad elevada, una parte sustancial del cuerpo legalmente ya no puede patrullar ni intervenir en incidentes de seguridad ciudadana.
Una plantilla envejecida para una ciudad en crecimiento
Expertos y sindicatos policiales coinciden en que, aunque el número de plazas convocadas es positivo, el déficit estructural persiste. «De poco sirve sacar 100 plazas si ese mismo año se jubilan 80 policías y otros 30 pasan a oficinas por edad», señalan fuentes del sector.
Esta situación genera una paradoja: mientras el Ayuntamiento anuncia refuerzos barrio a barrio, la disponibilidad real de patrullas para emergencias en el resto de la ciudad se ve comprometida. El reto para 2026 sigue siendo no solo contratar, sino rejuvenecer una fuerza de seguridad cuya operatividad real se ve mermada por la propia ley y el paso del tiempo.



