ADAMUZ (CÓRDOBA) – Lo que debió ser un incidente técnico gestionado bajo protocolos de emergencia se ha transformado en un escándalo de falta de coordinación y desamparo. Mientras el foco mediático y los servicios de emergencia se centraban en el auxilio de un tren Iryo detenido en las inmediaciones de Adamuz, un segundo convoy, el Alvia de Renfe, permanecía «desaparecido» de los radares de gestión de crisis durante casi una hora.
Los testimonios de los viajeros del Alvia no solo contradicen la versión oficial de Adif y Renfe, sino que dibujan un escenario de incertidumbre y silencio administrativo que pudo haber tenido consecuencias fatales.
El Incidente: Un Escenario, Dos Trenes y un Vacío de Información
La tarde comenzó con el aviso de una avería en la infraestructura cerca de la localidad cordobesa de Adamuz, que afectó inicialmente a un tren de la operadora privada Iryo. Los protocolos de emergencia se activaron con rapidez para atender a este primer convoy. Sin embargo, lo que las autoridades no comunicaron —o aparentemente desconocían— es que un Alvia de Renfe también había quedado bloqueado en un tramo de difícil acceso, sin suministro eléctrico y con los sistemas de comunicación interna bajo mínimos.
Durante más de 30 minutos, los equipos de rescate y la central de control operaron bajo la premisa de que solo había un tren afectado. Mientras tanto, cientos de pasajeros del Alvia permanecían encerrados en los vagones, viendo pasar el tiempo sin recibir una sola explicación por megafonía. A unos 800 metros de distancia
«Tardaron al menos una hora en auxiliarnos»
El Relato de los Pasajeros: «Nadie Sabía que Estábamos Aquí»
«Es indignante que digan que la ayuda llegó de inmediato. Estuvimos más de una hora a oscuras, sin aire acondicionado y viendo cómo los helicópteros y las patrullas pasaban de largo hacia el otro tren», relata uno de los afectados.
La polémica radica en la invisibilidad del Alvia durante el pico de la crisis. Según fuentes cercanas a la operación, existió un fallo de comunicación crítico entre los puestos de mando. Mientras los recursos se volcaban en el Iryo, el Alvia se convirtió en un «tren fantasma» para los servicios de emergencia.
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Minuto 0 al 30: El Alvia se detiene por el fallo en la catenaria. No hay comunicación oficial.
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Minuto 45: Los pasajeros comienzan a llamar a emergencias por su cuenta, descubriendo que la central solo tiene constancia del incidente del Iryo.
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Minuto 60: Se confirma oficialmente la posición del segundo tren y se desvían recursos de apoyo.
La Contradicción con la Versión Oficial
Renfe y Adif han mantenido en sus comunicados preliminares que la atención fue «coordinada y secuencial». No obstante, la realidad a pie de vía ofrece una narrativa distinta. La falta de transparencia sobre por qué se tardó tanto en localizar o reconocer la situación del Alvia es ahora el centro de una investigación interna exigida por las asociaciones de usuarios.
Los viajeros denuncian que la sensación de abandono fue total. Al estar en una zona de trinchera y difícil acceso, el tren quedó oculto a la vista simple desde los caminos principales, y al parecer, los sistemas de geolocalización de la red no alertaron de la gravedad de su estado con la celeridad requerida.
¿Se olvidaron de este tren Alvia?
Desde el Centro de Control de ADIF se llamó a la interventora, preguntando por el maquinista, que estaba fallecido. «No nos podemos hacer con el maquinista» y mientras el operador le preguntaba por el material, ella relataba que «tengo una brecha en la cabeza» y el operador asegura que ya se lo ha dicho, que conecte con el maquinista.
A la vez, con 3 coches volcados y siendo invisibles, con pasajeros atrapados entre hierros, veían luces a 800 metros, y por otra parte, desde el centro de Control de ADIF en Chamartín, se preguntaba al tren Avlo que circulaba tras de él y estaba parado a 3 kilómetros. El conductor y dos personas más trabajadores caminaron con linternas 20 minutos por las vías unos 2-3 kilómetros hasta dar con el tren Alvia siniestrado.
Paralelamente varios pasajeros del Alvia caminaron por campo a través durante 20 minutos y llegaron a los servicios de emergencia que atendían al Iryo afectado, allí dos Guardias Civiles se dieron cuenta de esta persona y cuando le preguntaron de donde venía, el pasajero le dijo «del otro tren afectado» y la cara de los Guardias Civiles que ya han corroborado esta versión fueron corriendo con él hacia el otro tren y dieron parte. Entonces comenzaron a desviarse efectivos de Emergencia a este segundo tren.
¿Falta absoluta de coordinación?
Pues eso parece, porque la versión oficial entra en choque directo con la versión de Renfe, Adif y el Gobierno, contradecido por los propios Guardias Civiles y pasajeros afectados del Alvia de Renfe.
También habrá que depurar responsabilidades, pero el caso ya está judicializado por un pequeño juzgado de la zona, al que se suman ya al manos 12 denuncias de familias afectadas, se espera que tanto los 150 heridos como los 45 fallecidos (sus familias) presenten denuncias formalmente ante la justicia, que se suman a varias denuncias de asociaciones, y posiblemente incluso de sindicatos ferroviarios, lo que puede hacer que en breve sean cerca de 200 denuncias las presentadas.
Una Crisis de Confianza en la Alta Velocidad
Este suceso en Adamuz reabre el debate sobre la seguridad y la interoperabilidad en los tramos donde conviven operadores públicos y privados. La pregunta que circula entre los expertos ferroviarios es clara: ¿Cómo puede un tren con cientos de personas a bordo ser ignorado durante media hora en un protocolo de emergencia activa?
La polémica no solo afecta a la logística de rescate, sino a la atención al cliente. Los pasajeros aseguran que el personal de a bordo, aunque voluntarioso, carecía de información real, lo que aumentó el nerviosismo cuando el calor empezó a subir dentro de los vagones sellados.
Consecuencias y Reclamaciones
Las plataformas de afectados ya están organizando una reclamación conjunta. Exigen:
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La publicación de las grabaciones de la torre de control.
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Una explicación técnica de por qué el Alvia no figuraba como «siniestrado» en los primeros mapas de la emergencia.
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Indemnizaciones que vayan más allá del simple reembolso del billete, alegando daños morales y falta de auxilio.
La imagen de Renfe queda seriamente dañada tras este episodio. Mientras la competencia (Iryo) fue atendida bajo los focos, el operador histórico dejó a sus pasajeros en un limbo que, por suerte, no terminó en tragedia, pero que ha dejado una profunda cicatriz en la confianza del usuario.
La imagen del Ministro seriamente dañada, y por tanto la del Gobierno y de su presidente
La credibilidad del Ministro de Transportes está más que afectada y por ende la de todo el Gobierno y es sintomático como el Presidente del Gobierno se separa de todo esto como si no fuera con él, sintomático de que cuando cada uno de sus estrechos colaboradores han sido cuestionados, los ha dejado caer, mostrando una frialdad absoluta y una falta total de escrúpulos. Pueden caer todos menos él.
Esta ronda de platós televisiva del propio ministro unidos a los de otros miembros del Ejecutivo ha dejado muy tocado al gobierno que se ha enfrentado incluso a periodistas y medios muy afines, con enganchones épicos, acusando a medios reputados como la Agencia Roitters o el New York Times, dando una imagen de gobierno bolivariano en el que o compras su versión o eres un bulero, cuando muchos bulos salen del propio Palacio de la Moncloa.



