La votación aún no se había producido. El Congreso no había hablado. El decreto ómnibus seguía vivo sobre el papel.
Y, sin embargo, Pedro Sánchez ya había señalado a un culpable.
Pocas horas después de que el decreto ómnibus del Gobierno fuera tumbado en el Congreso, el presidente difundió un vídeo acusando directamente al Partido Popular de “tomar como rehenes” a los pensionistas y de iniciar una supuesta “guerra contra las pensiones”. El mensaje era rotundo, emocional, calculado.
Pero había un problema: el vídeo estaba grabado antes de que se produjera la votación.
El reloj del propio presidente lo delata. La grabación se realizó alrededor de la una de la tarde. La votación cayó oficialmente a las 15:21. Es decir, el relato estaba preparado antes de conocer el resultado. No hubo reacción, hubo guion.
El decreto no cayó solo por el PP
El decreto ómnibus fue rechazado por una mayoría parlamentaria en la que no solo votó en contra el Partido Popular, sino también Vox y Junts. Sin embargo, el vídeo de Sánchez omite deliberadamente a estos dos actores.
No es un descuido. Es una estrategia.
El Gobierno ha decidido personalizar el fracaso exclusivamente en el PP, aun sabiendo que Junts fue clave y que Vox también votó en contra. El objetivo no es explicar lo ocurrido, sino construir un culpable político claro, fácil de identificar y rentable en términos de movilización.
El mensaje no va dirigido al Congreso, sino a la opinión pública. Y especialmente a un colectivo sensible: los pensionistas.
Un ómnibus convertido en chantaje político
El núcleo del conflicto no es la subida de las pensiones. Ningún grupo parlamentario ha votado en contra de revalorizarlas. El problema está en el formato.
El Gobierno volvió a utilizar un decreto ómnibus que mezclaba la actualización de las pensiones con otras medidas controvertidas, ajenas o directamente rechazadas por distintos grupos. Una técnica conocida: atar una medida social incuestionable a un paquete político ideológico para forzar apoyos.
El Partido Popular llevaba meses advirtiendo de que no aceptaría más decretos de este tipo. Lo dijo públicamente. Lo reiteró en noviembre. No hubo sorpresa.
Aun así, el Ejecutivo optó por repetir la fórmula, consciente del riesgo, pero confiando en que el relato posterior compensaría el golpe parlamentario.
La repetición de una estrategia conocida
No es la primera vez. En 2024 ocurrió algo similar. Entonces, el Gobierno logró recomponer apoyos más tarde y vender el bloqueo inicial como una irresponsabilidad ajena.
Ahora intenta repetir el esquema: provocar el choque, perder la votación y después convertir la derrota en arma política.
La diferencia es que esta vez Junts no está alineado. Puigdemont se ha convertido en el gran escollo, pero el Gobierno prefiere no señalarlo. Criticar a Junts no renta electoralmente. Criticar al PP, sí.
Cuando el relato importa más que el procedimiento
El detalle del vídeo grabado antes de la votación no es menor. Revela una forma de gobernar en la que la comunicación precede a la decisión democrática, y donde el Parlamento queda reducido a un trámite incómodo.
El mensaje estaba listo pasara lo que pasara. Si el decreto se aprobaba, se vendería como victoria social. Si caía —como ocurrió—, el culpable ya estaba escrito.
Eso no es liderazgo político: es propaganda preventiva.
Las pensiones como munición política
Utilizar a los pensionistas como ariete discursivo no es nuevo, pero sí especialmente grave. No se trata de un debate técnico ni presupuestario, sino de un uso emocional del miedo y la culpa.
Cuando el Gobierno afirma que otros “toman como rehenes” a los jubilados, debería explicar por qué insiste en mezclar su subida con medidas que sabe que no cuentan con mayoría suficiente.
La pregunta incómoda es evidente: ¿qué pesa más, aprobar las pensiones o ganar la batalla del relato?
El Parlamento habló, aunque el vídeo no lo escuchara
El decreto cayó porque no tenía apoyos suficientes. Esa es la realidad democrática. Todo lo demás es narrativa.
Grabar un vídeo antes de la votación para culpar a un adversario no es una reacción, es una decisión política consciente.
Una decisión que revela hasta qué punto el relato se ha convertido en el principal instrumento de gobierno, incluso por encima del debate parlamentario.
Y esa, más allá de las pensiones, es la verdadera batalla que se está librando.



