VALENCIA. – Eran las 21:00 horas cuando los acordes de la Suite «Fallera Mayor de Valencia» rompieron el silencio expectante de la Sala Iturbi del Palau de la Música. En ese preciso instante, Valencia contenía el aliento: Carmen Prades Gil iniciaba su camino hacia la mítica Cadira d’Or. La noche del viernes no fue solo un acto protocolario; fue la confirmación de un sueño tejido en seda y el inicio oficial del reinado de una mujer que ya es historia viva de la fiesta.
El desfile de la elegancia
La jornada comenzó con el aroma a gasolina antigua y el brillo del cromo bajo las farolas del centro histórico. A las 20:15 horas, el séquito partía desde el Ayuntamiento de Valencia. Carmen, radiante, ocupaba el asiento de honor del histórico Rolls Royce negro de 1938, propiedad del Club de Automóviles Antiguos de Valencia. A su paso por las calles de la ciudad, el fervor de los ciudadanos anticipaba la magnitud de lo que estaba por suceder en el recinto del cauce del río Turia.
Al llegar al Palau de la Música, la Agrupación Musical de Massarrojos recibió a la comitiva, marcando el inicio de una entrada triunfal. Carmen Prades, de 25 años y vinculada a la comisión Convento de Jerusalén-Matemático Marzal, demostró una serenidad imponente, la misma que la llevó a ser Fallera Mayor de una comisión que, bajo su mandato, alcanzó el doblete histórico del primer premio de la Sección Especial y el Ninot Indultat.
Un tesoro en forma de espolín
El secreto mejor guardado de la noche se reveló ante los ojos de los asistentes: el espolín oficial de Fallera Mayor de Valencia. Confeccionado por la firma Vives i Marí, esta pieza de artesanía pura lució en todo su esplendor sobre las tablas del escenario. El color elegido para el fondo, una incógnita hasta el último segundo, sirvió de lienzo para los motivos florales y el metal dorado que caracteriza al dibujo «Fallera Mayor de Valencia», propiedad exclusiva de la ciudad.
Acompañándola, las doce integrantes de su Corte de Honor brillaron con luz propia. Luciendo el primer traje oficial con el dibujo ‘JULIÁN’ de Sedería Tradicional Valenciana, las jóvenes formaron un pasillo de elegancia que escoltó a Carmen hacia su entronización. Cada detalle, desde las manteletas de Marta de Castro hasta las joyas de Art Antic, subrayó la excelencia de la indumentaria valenciana.
La voz del Mantenedor y el aroma de las flores
La Sala Iturbi se transformó para la ocasión en un jardín interior. Una composición de rosas de jardín, hortensias y delphinium en tonos salmón, rosa y blanco enmarcaron la entrega de la banda que acredita a Carmen como la máxima representante de las Fallas 2026.
Junta Central Fallera apostó una vez más por Boro Peiró, que se ha convertido en el casi único presentador fallero existente ya que protagoniza y presenta casi todos los actos de JCF. Este año no se calentaron mucho la cabeza y Boro hizo la única presentación que le quedaba por hacer, ya que todo lo demás ya lo hace.
Posteriormente el desfile de canastillas y la Real Senyera de Lo Rat Penat que ofrece a la FM Valencia acabaron de definir la elegancia y aroma en el Palau de la Música de Valéncia.
Epílogo de pólvora
Tras la interpretación del Himno de la Comunidad Valenciana, entonado al unísono por todo el auditorio sin solista, la fiesta se trasladó al exterior. El cielo de Valencia se tiñó de rojo con el espectáculo pirotécnico ‘Xiqueta Meua’, diseñado por Pirotecnia Alto Palancia.
Con 97 kilos de pólvora y una duración de ocho minutos, el disparo fue un homenaje directo a Carmen. El predominio del color rojo y las composiciones rítmicas cerraron una noche donde la tradición y la modernidad se dieron la mano. Carmen Prades Gil ya no es solo una fallera; es, desde este viernes, la voz y el alma de todo un pueblo que se prepara para el estallido de la primavera.


















