VALÉNCIA |
La Plaza de la Reina de Valéncia no es solo un nudo geográfico; es, desde su reciente peatonalización, el escenario donde la ciudad ensaya su identidad más sonora. Este domingo, miles de ciudadanos y turistas se congregaron bajo la sombra de la torre del Micalet para presenciar uno de los hitos culturales del año: el concierto extraordinario de la Banda Sinfónica Municipal de Valéncia. El programa, aunque variado, tenía un nombre propio que justifica por sí solo la movilización de masas: la Obertura 1812 de Piotr Ilich Chaikovski.
Un diálogo entre la batuta y el bronce
La Obertura 1812 es una pieza concebida para la grandilocuencia. Escrita para conmemorar la resistencia rusa ante la invasión napoleónica, su partitura exige elementos que rara vez se encuentran en un auditorio convencional: campanas de iglesia y disparos de artillería. En Valéncia, esa exigencia se traduce en una exhibición de patrimonio vivo.
Desde lo alto de la torre, los miembros del Grem de Campaners de la Catedral de Valéncia se sumaron a la orquesta de manera orgánica. No hubo grabaciones ni sintetizadores. El sonido que inundó la plaza fue el del bronce real, mediante el toque manual —declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO—. La coordinación fue el mayor desafío de la jornada. El director de la Sinfónica tuvo que guiar a los músicos mientras, a decenas de metros de altura, los campaneros seguían el compás para que el volteo de gala coincidiera exactamente con el clímax épico de la obra.
Pólvora en lugar de cañones
Si Chaikovski imaginó cañones de guerra, Valéncia respondió con su propia «artillería». Debido a las obras de restauración y mantenimiento que se llevan a cabo en el entorno del Micalet, el despliegue técnico fue especialmente complejo. Los disparos de material pirotécnico, integrados en la estructura de la torre y los espacios colindantes, sustituyeron a las salvas militares.
Cada estallido, perfectamente acompasado con los timbales y los metales de la banda, levantó exclamaciones entre el público. La mezcla del humo blanco, el repique incesante de las campanas y la potencia de la Sinfónica Municipal transformó la Plaza de la Reina en un anfiteatro sensorial donde la historia y la tradición local se fundieron en una sola pieza.
El respaldo de una ciudad musical
El éxito de la convocatoria confirma el excelente estado de forma de la Banda Sinfónica Municipal. Bajo una dirección técnica impecable, la formación demostró por qué es una de las instituciones culturales más queridas de la autonomía. El público, que llenó cada rincón de la plaza —desde las gradas improvisadas en los bancos hasta las terrazas de los comercios colindantes—, rompió en una ovación cerrada que se prolongó durante varios minutos tras el último acorde.
«Ver la 1812 aquí es otra experiencia. No es solo música, es el sonido de la ciudad respondiendo a la banda», comentaba uno de los asistentes mientras el humo de las últimas salvas se disipaba sobre el cimborrio de la Catedral.
Un hito en la agenda de 2026
Este concierto se enmarca en un ambicioso programa de dinamización cultural que busca devolver el protagonismo a los espacios emblemáticos de Valéncia. La elección del Micalet como «solista» invitado no es casual, sino una reivindicación del paisaje sonoro valenciano. A pesar de los andamios y las obras de mejora que rodean parte de la torre, la organización logró que los trabajos no fueran un impedimento, sino un elemento más de la logística de un evento que ya se cataloga como histórico por su ejecución y afluencia.
Con la plaza recuperada para el peatón y la cultura, Valéncia vuelve a demostrar que, cuando se trata de combinar música, patrimonio y pólvora, no tiene rival en el mapa internacional.



