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El ministro de Justicia marroquí exige abiertamente negociar la soberanía de Ceuta y Melilla, desmintiendo el relato oficial de Moncloa.
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Margarita Robles rectifica a La Moncloa en el terreno: «Ceuta y Melilla son españolísimas y no se tocan».
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Oposición y sectores críticos del socialismo afean las vacaciones de Pedro Sánchez mientras la crisis diplomática y fronteriza se agrava.
Un jarro de agua fría al «socio fiable»
El frágil e histórico volantazo de Pedro Sánchez respecto al Sahara Occidental —justificado en su día desde Moncloa bajo la promesa de un blindaje definitivo a las fronteras españolas— ha saltado en pedazos. El ministro de Justicia de Marruecos, Abdellatif Ouahbi, ha roto el guión institucional para exigir de forma tajante que el Gobierno español se siente a negociar la soberanía de Ceuta y Melilla, reclamando la devolución de dos ciudades cuya hispanidad es centenaria y muy anterior al propio Reino de Marruecos.
Con estas polémicas manifestaciones desde el extranjero, Rabat deja al descubierto lo que diversos analistas venían advirtiendo: una estrategia de presión asimétrica encaminada a erosionar la integridad territorial española pieza a pieza. La contundencia del discurso marroquí echa por tierra la tesis de un Marruecos cooperador y leal que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, e Interior, Fernando Grande-Marlaska, se empeñan en defender a capa y espada.
Un Gobierno dividido: de las excusas de Albares a la firmeza de Robles
Mientras los diplomáticos de Moncloa insisten en llamar a Rabat «socio estratégico y fiable», las fisuras internas del propio Ejecutivo han quedado al descubierto. La ministra de Defensa, Margarita Robles, se ha visto obligada a marcar una distancia radical con las componendas diplomáticas del sector sanchista durante su visita a la ciudad autónoma.
Robles ha querido zanjar el debate con contundencia frente a los amagos expansionistas del país vecino:
«Ceuta y Melilla no son españolas: son españolísimas, y a Ceuta y Melilla no se las toca. Cualquier agresión a las ciudades autónomas es un ataque a la integridad de España entera.»
El contraste no puede ser más hiriente: mientras Defensa despliega un discurso de disuasión y contundencia territorial, Exteriores e Interior se enrocan en la apaciguación frente a las continuas injerencias norteafricanas.
Tensión en el PSOE y Sánchez desconectado de la realidad
El estallido de este nuevo conflicto territorial ha vuelto a poner en el foco el estío estival del presidente del Gobierno. Lejos de suspender su descanso para gestionar una crisis de Estado de primera magnitud, Sánchez mantiene su agenda estival mientras lanza recomendaciones a la ciudadanía que la oposición tilda de «desconectadas por completo de la realidad cotidiana».
La marejada, sin embargo, no solo llega desde la oposición. Las críticas arrecian desde las propias filas del socialismo español y el marco europeo, donde resulta incomprensible cómo el Ejecutivo español entregó la posición histórica sobre el Sahara sin garantías reales, permitiendo que Rabat mantenga su pulso soberanista constante sobre suelo europeo. La estrategia diplomática del sanchismo naufraga una vez más, dejando a España vulnerable ante la presión exterior y con un Gobierno incapaz de ofrecer una respuesta coherente e unificada.



