Tiendas de campaña e ilegalidad usurpan el corazón de la festividad histórica ante el silencio del Consistorio y la Delegación del Gobierno, asfixiando el comercio y expulsando a las familias valencianas.
VALÉNCIA. — Lo que debía ser la gran jornada de concordia, tradición y orgullo identitario para todos los valencianos se ha convertido en el escaparate de un secuestro institucional y del descontrol urbano. La emblemática Procesión Cívica de la Real Senyera, epicentro de las celebraciones del 9 d’Octubre, se verá abocada a alterar drásticamente su itinerario tradicional. La causa no responde a inclemencias meteorológicas ni a obras de urgencia, sino a la tibia permisividad del Ayuntamiento de Valéncia y de la Delegación del Gobierno ante la instalación descarada de un campamento ilegal que ocupa impunemente la Plaza del Ayuntamiento.
A pesar de los reiterados anuncios oficiales que aseguraban el libre tránsito, la realidad sobre el asfalto es incontestable. Durante las últimas horas, las tiendas de campaña y las barricadas construidas con palés de madera han colonizado por completo el vial central del enclave, desde la Calle de las Barcas hasta la Calle de La Sangre. Por este tramo exacto es por donde cada año la Real Senyera regresa triunfal tras su reverencial parada ante la estatua del Rey Jaume I. Si bien en la jornada de ayer los acampados mantuvieron una estrecha vía de paso, a primera hora de este mismo día la ocupación se ha ampliado sin encontrarse con la más mínima objeción de la Policía Local ni de la Policía Nacional.
Inacción institucional y estrangulamiento comercial
La pasividad de las autoridades ha alimentado el avance de la ocupación, que ya se extiende de forma desordenada hacia la Calle de las Barcas, invadiendo la calzada hasta llegar a los maceteros que canalizan el tráfico de la zona. Asimismo, el espacio comercial de las tradicionales floristerías ubicadas frente al edificio de Correos ha sido completamente engullido. El impacto económico y operativo es desolador: de los cinco puestos habituales, solo uno ha logrado abrir sus puertas hoy, haciéndolo en condiciones insostenibles y bajo la asfixia constante de las tiendas situadas a escasos centímetros de sus expositores.
El Ayuntamiento encabezado por María José Catalá ha optado por la política de parches, instalando vallas de seguridad a lo largo del vial frente a la casa consistorial. Sin embargo, la medida ha provocado el efecto contrario al deseado: los acampados han trasladado sus enseres a la primera línea del vallado. Esta disposición física impedirá de forma efectiva que miles de familias valencianas puedan acercarse a contemplar el descendimiento de la Real Senyera desde el balcón principal, privando a la ciudadanía de presenciar uno de los instantes de mayor emotividad patriótica del calendario local.
El folclore y las tradiciones, en el limbo institucional
El caos derivado del asentamiento ha salpicado de lleno a la programación cultural. Para la celebración del Certamen de Bailes Valencianos se ha tenido que improvisar un escenario frente a la escultura de Francesc de Vinatea, ofreciendo un espacio diminuto e insuficiente para la masiva afluencia de público esperada. La acumulación de infraestructuras ha obligado a cerrar la plaza al tráfico rodado de forma prematura y a desviar múltiples líneas de la EMT, mientras la Federación de Folklore de la Comunidad Valenciana vive con absoluta incertidumbre la celebración de la Dansà popular.
La federación tradicionalista ha hecho público un duro comunicado en el que exige respeto a los ocupantes y reprocha la inacción gubernamental. «Llevamos meses trabajando más de mil personas para esta cita y a estas alturas ni siquiera sabemos si se podrá celebrar o en qué rincón nos van a arrinconar«, manifiestan con indignación colectiva. Un escenario igualmente crítico afecta a la Entrada de Moros y Cristianos, prevista para la jornada vespertina. Ante la imposibilidad de emplear su trazado original, el Consistorio ha rechazado desviarlos por la Calle Colón para no perjudicar la marcha programada por la Comisión 9 d’Octubre, dejando en el aire el recorrido final de un desfile histórico a escasas horas de su inicio.
Un despojo patrimonial sin mascletà
El golpe definitivo a la celebración comunitaria se confirma con la suspensión del disparo de la tradicional mascletà. La Delegación del Gobierno liderada por Pilar Bernabé ha optado por priorizar los supuestos derechos de una protesta no autorizada sobre un Bien de Interés Cultural (BIC) plenamente consolidado como es el 9 d’Octubre. Esta decisión sienta un preocupante precedente en la gestión del espacio público y la tutela de las libertades democráticas colectivas.
Nos encontramos ante un 9 d’Octubre para el lamento. Una fecha histórica secuestrada por la irresponsabilidad de una clase política empeñada en instrumentar el sentimiento identitario como munición de contienda partidista. Por un lado, la Delegación del Gobierno y formaciones como Compromís han mostrado una preocupante indiferencia hacia el significado profundo de la jornada festiva, tratándola como un evento secundario. Por otro, la alcaldesa María José Catalá exhibe una alarmante falta de autoridad: impertérrita e hiperactiva al arremeter contra la prensa libre, pero asombrosamente incapaz de hacer cumplir la legalidad en la plaza consistorial que custodia el corazón de todos los valencianos.












