VALENCIA – La ambiciosa obra de ingeniería que debía blindar el litoral sur de Valencia frente al cambio climático se ha revelado como un gigante con pies de barro —o, en este caso, de arena—. A poco más de un año después de que concluyeran los trabajos de regeneración ejecutados por el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), gran parte de los sedimentos vertidos han desaparecido, dejando tras de sí una línea de costa de nuevo bajo mínimos y una profunda indignación vecinal.
Una inversión millonaria bajo el agua
El proyecto, vendido como la solución definitiva para el retroceso de la Devesa, supuso un desembolso de 28,2 millones de euros. Financiada con fondos europeos Next Generation, la obra movilizó 3 millones de metros cúbicos de arena extraídos de un yacimiento submarino en Cullera.
Durante la ejecución en el último trimestre de 2023 y principios de 2024, los responsables técnicos aseguraron que la intervención devolvería a las playas de L’Arbre del Gos, El Saler y La Garrofera su fisonomía de los años 60. Lo más llamativo fue la garantía de durabilidad: se afirmó que, gracias al volumen de sedimentos inyectado, la arena agregada permanecería al menos 50 años. Hoy, esa cifra suena a utopía para quienes caminan por una orilla que vuelve a mostrar taludes y una alarmante estrechez.
La denuncia vecinal: «Crónica de un despilfarro anunciado»
La Asociación de Vecinos de la Devesa del Saler no ha ocultado su malestar. Lo que para la Administración era un éxito de gestión, para los residentes es una muestra de «negligencia técnica». Los vecinos denuncian que se ha ignorado la raíz del problema: la barrera insalvable que supone la ampliación del Puerto de Valencia, que bloquea el transporte natural de sedimentos hacia el sur.
«Verter arena sin protegerla con arrecifes artificiales o barreras sumergidas es como echar agua en un cesto de mimbre», lamentan desde el colectivo vecinal.
La denuncia se centra en que la actuación se limitó a la «aportación blanda» (solo arena), obviando infraestructuras de defensa que frenen la fuerza del oleaje en los temporales de levante. Según los residentes, el Ministerio ha gastado 28 millones en un «parche estético» que no ha resistido ni el primer ciclo anual de temporales.
La Albufera, en el punto de mira
Más allá de la pérdida de espacio para el bañista, la preocupación es ambiental. La desaparición de la arena deja a la restinga (la barra de arena) que separa el mar de la Albufera debilitada. Si el mar llegara a romper este cordón umbilical, el impacto sobre el Parque Natural sería catastrófico, provocando una salinización irreversible de la laguna.
Mientras la arena de 28 millones de euros descansa ahora en el fondo del mar tras los episodios de fuerte oleaje de finales de 2024, los vecinos y colectivos ecologistas exigen que se dejen de lado las soluciones temporales y se aborde un plan de protección estructural que no se disuelva con la primera tormenta.
fotografías. AA.VV. Dehesa del Saler





