El Centro de Coordinación de Emergencias registra varios focos en Segorbe, Palmera y Lluchent en las últimas 24 horas, evidenciando el peligro de una masa combustible descontrolada por la falta de gestión preventiva.
VALENCIA – 10 de julio de 2026 / Por Redacción
La Comunitat Valenciana vive una nueva jornada de alerta por incendios que, si bien han podido ser controlados con rapidez gracias a la eficacia de los servicios de extinción, vuelven a encender las alarmas sobre el estado crítico de los terrenos rurales y forestales de la región. En las últimas 24 horas, el Centro de Coordinación de Emergencias (GVA 112) ha tenido que coordinar de forma sucesiva la respuesta ante varios focos localizados en las provincias de Castellón y Valencia.
El último de ellos se notificaba este mediodía en Segorbe (Castellón). Inicialmente catalogado como incendio forestal (#IFSegorbe), el despliegue incluyó dos unidades terrestres y una helitransportada de los Bomberos Forestales de la Generalitat, una autobomba, dos medios aéreos y efectivos del consorcio provincial de Bombers dela Diputació de Castelló. Apenas una hora después, los bomberos confirmaban que las llamas no habían llegado a afectar a masa forestal densa, siendo reclasificado como incendio de vegetación y dándose por controlado a las 13:42 horas.
Casi en paralelo, en la provincia de Valencia, un aviso movilizaba a los bomberos en el término municipal de Palmera, donde un fuego de vegetación obligaba a desplegar dos dotaciones y dos Brigadas de Refuerzo de los Bombers de València, logrando su estabilización a primera hora de la tarde. Estos incidentes se suman al registrado en el día de ayer en Lluchent, que requirió el concurso de medios aéreos y terrestres antes de ser atajado.
El monte valenciano: una «tea inflamable» por falta de gestión
Más allá de la rápida contención de estos episodios, los expertos y actores del sector coinciden en señalar que estos incendios de vegetación no son casuales. Gran parte de estos fuegos se concentran en zonas de campo abandonadas o en áreas donde la densidad forestal ha crecido de manera salvaje sin ningún tipo de control regulador.
Con la llegada del verano y las altas temperaturas, esta acumulación desmesurada de masa combustible se seca de forma drástica, convirtiendo los terrenos agrícolas en desuso y las zonas de transición biológica en una auténtica tea inflamable a merced de cualquier chispa.
El dato: El abandono de las actividades agrícolas tradicionales y la falta de limpieza y clareo de los montes han generado una continuidad del combustible vegetal que multiplica la voracidad y la velocidad de propagación de los incendios actuales.
Una década de errores políticos: la sustitución de la prevención por la extinción
La situación actual en el territorio valenciano no es nueva, sino el resultado directo de un giro estratégico fallido en la política forestal que se arrastra desde la última década. Durante los años de gobierno del Botànic (PSOE y Compromís), se consolidó un modelo que sustituyó de forma progresiva la inversión en políticas de prevención estructural por una concentración de recursos en la política de extinción.
Este enfoque reactivo derivó en un progresivo abandono de los montes y de los terrenos rurales, que dejaron de gestionarse adecuadamente bajo la premisa de una supuesta «protección pasiva» que, en la práctica, solo ha servido para acumular peligro.
La crítica situación actual radica en que el actual Ejecutivo de la Generalitat, liderado por el Partido Popular, lejos de revertir esta inercia, está replicando la misma política forestal que sus predecesores. El mantenimiento de este modelo enfocado casi exclusivamente en el despliegue de bomberos una vez que el fuego ya se ha iniciado, en lugar de destinar recursos al pastoreo controlado, las líneas cortafuegos, las ayudas al sector agrícola y la selvicultura preventiva, amenaza con perpetuar los malos resultados que ya cosechó la izquierda el pasado decenio.
Mientras los servicios de emergencia continúen apagando con celeridad los brotes diarios, el riesgo latente seguirá creciendo bajo el suelo de una Comunitat Valenciana cuyo monte, falto de cuidados y gestión activa, sigue acumulando pólvora verde de cara a los meses más duros del estío.
La situación de los campos empieza a preocupar
La cifra no es baladí, y es que ya casi un 40% de la superfície cultivable en la Comunitat Valenciana está abandonada, con los problemas que radican de esta situación. Por una parte a los propios agricultores vecinos que ven como las plagas se apoderan de estos campos sin ningún control y acaban afectando a sus campos vecinos.
Por otra parte el abandono ha hecho crecer la masa forestal en la Comunitat Valenciana sin ningún control, y sin el arado de los terreno y su cuidado muchos se han convertido en terreno salvaje, y como tampoco se riegan, en verano se seca la vegetación sin que nadie haga nada y con cualquier chispa arde todo el campo entero.
Ni ayuntamientos ni Generalitat Valenciana han sido capaces de preveer esta situación y darle solución, sólo algunos casos concretos como en Torrent donde se obliga a los propietarios de terrenos abandonados cerca del núcleo urbano o del Vedat a limpiarlos cada anualidad, gran parte de los accesos a nuestros municipios vemos cada día ese estado de abandono,los mimos que acaban prendiéndose fuego… una culpa de todas las administraciones y repartidas en todos los colores políticos que no han hecho absolutamente nada.
De esas tempestades, estos lodos…
Juzguen ustedes las erráticas políticas forestales y de gestión del territorio.



