VALÉNCIA. La joya arquitectónica de la ciudad y su gran cuna gastronómica se hunde bajo el peso de una gestión privada nefasta y la absoluta complacencia de las autoridades municipales. En pleno mes de agosto, en el pico de la campaña turística, el Mercado Central de Valéncia ofrece cada mañana una imagen deplorable que indigna a comerciantes, vecinos y visitantes por igual: papeleras desbordadas de desperdicios a partir de las 11:00 horas, incapaces de absorber el flujo continuado de los más de 15.000 visitantes diarios que recorren sus pasillos.
La solución a este vertedero matutino no requiere de complejas estrategias ni de un despliegue de ingeniería logística; bastaría con destinar a un único operario de limpieza en turno de mañana para vaciar los depósitos y renovar las bolsas. Sin embargo, desde los colectivos de comerciantes como el de Comerciantes y trabajadores de La Cotorra se denuncia que la dirección del recinto prefiere ignorar las necesidades más elementales de mantenimiento para centrar sus esfuerzos en amedrentar a los concesionarios que se atreven a alzar la voz contra una administración desastrosa.
MERCADO CENTRAL: ANATOMÍA DE UN COLAPSO
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│ SERVICIOS BÁSICOS │ SEGURIDAD Y NORMATIVA│ MARCO LEGAL │
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│ • Papeleras colapsadas │ • Seguridad privada en │ • Concesión caducada │
│ desde las 11:00 h. │ recinto público. │ desde el 31/12/2017. │
│ • Servicio de limpieza │ • Aplicación de normas │ • Venta ilegal impune │
│ insuficiente para │ falsas ("fake news") │ de falsificaciones. │
│ 15.000 visitas/día. │ a turistas y clientes.│ • Silencio del concejal.│
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Seguridad privada fuera de norma y «fake news» a las puertas
A la dejadez en la salubridad e higiene del espacio se suma una actuación al margen del marco regulatorio en materia de seguridad y control de accesos. Mientras el recinto carece del personal de limpieza básico, la gerencia no escatima en recursos a la hora de desplegar vigilantes de seguridad privada para fiscalizar a clientes y excursiones guiadas.
Esta práctica contraviene frontalmente la ordenanza municipal vigente en los mercados de la ciudad, que no ampara el uso de seguridad privada en estos recintos públicos. Para mayor escándalo, el personal de vigilancia interviene argumentando normativas inexistentes:
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Restricciones inventadas a los visitantes: Se increpa a grupos turísticos asegurando que está prohibida la entrada a contingentes de más de 10 personas.
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Cartelería engañosa: La gerencia ha colocado carteles informativos en los accesos afirmando una prohibición totalmente falsa. La regulación actual no contempla ningún veto de esta índole; únicamente existe un decálogo de recomendaciones suscrito entre la concejalía y una asociación, documento sin ningún tipo de rango ni fuerza ejecutiva.
«Es inaceptable que la gerencia prefiera inventar prohibiciones e instalar fake news en las puertas del mercado para molestar a los clientes antes que garantizar la recogida de basura más elemental.»
Tolerancia ante el delito y sospechas de prevaricación municipal
La vigilancia hiperactiva que la gerencia ejerce sobre turistas y concesionarios críticos se transforma en una ceguera absoluta ante conductas de gravedad penal. Dentro del propio Mercado Central se impone impunemente la venta ilegal de productos falsificados, una actividad que constituye un delito flagrante contra la propiedad intelectual desarrollándose a la vista de todos en las dependencias de un edificio de propiedad municipal.
Ante esta situación, la inacción del Ayuntamiento resulta clamorosa. No consta la apertura de expediente alguno, así como tampoco la imposición de sanciones o medidas disciplinarias contra la entidad gestora por permitir la comisión reiterada de delitos en el interior del inmueble.
El foco de la responsabilidad apunta de lleno al concejal delegado, Santiago Ballester, a quien diversos sectores acusan de «mirar hacia otro lado» sistemáticamente. Al omitir de forma reiterada su obligación de inspeccionar, investigar de oficio y erradicar estas ilícitamente toleradas prácticas en los recintos bajo su competencia, la pasividad municipal roza de forma alarmante la prevaricación por omisión.
Una concesión caducada hace casi una década: la exigencia de remunicipalización
El origen de este deterioro continuo radica en un modelo de gestión agotado e ilegal. Múltiples entidades, entre las que destacan la Asociación de Comerciantes y Trabajadores de La Cotorra y la Asociación de Mercados Municipales de la Comunidad Valenciana, han dicho basta y exigen de manera inequívoca la remunicipalización inmediata del servicio.
| Indicador | Estado del Servicio |
| Afluencia media diaria | 15.000 personas / día |
| Limpieza de mañana | Inexistente / Desbordada a las 11:00 h |
| Titularidad del inmueble | Pública (Municipal) |
| Fecha de caducidad del contrato privado | 31 de diciembre de 2017 |
| Tiempo en situación irregular | Casi 9 años |
La gestión privada que ostenta el control del recinto caducó oficialmente el 31 de diciembre de 2017. Que casi nueve años después un espacio de la trascendencia del Mercado Central continúe operando en un limbo legal, con una contrata vencida y una administración desbordada por la basura, el descontrol y la presunta permisividad ante el delito, evidencia la absoluta parálisis y la falta de modelo del Consistorio para el patrimonio más emblemático de la ciudad.
La joya gastronómica y arquitectónica del Cap i Casal, la denominada despensa de los valencianos no se merece este trato, y los concesionarios y clientes se merecen mucho más, hay que poner la Mercado central de Valencia donde se merece y no tratarlo como un recinto olvidado por todos, especialmente por un Ayuntamiento que es su propietario y que sigue desatendiendo las necesidades del mismo.
Siempre es más sencillo marginar el Mercado y que otros hagan el trabajo por ti, eso sí, a pesar de que lo traten como su cortijo privado, pero el concejal y su equipo han de ponerse a trabajar.









