CARACAS / MADRID. – Un mes de junio devastador cierra de la peor manera en Venezuela tras el severo terremoto que ha sacudido la región central del país. La fase crítica de los traumas hospitalarios empieza a remitir, pero abre paso a una crisis humanitaria de gran envergadura. Miles de personas que lo perdieron todo se agrupan hoy en campamentos improvisados a lo largo del área metropolitana de Caracas y La Guaira.
«Las necesidades van a ir en aumento»
Advierte con contundencia Andreas Spaett, coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Venezuela. La organización, que fue la única ONG internacional operativa en las primeras y más críticas horas tras el sismo, reorienta a contrarreloj su estrategia para evitar un colapso sanitario en las calles.
El colapso de la vivienda: Más de 1.500 edificios afectados
El panorama estructural en la capital y las zonas costeras es desolador. Los últimos informes oficiales confirman que más de 1.500 edificios —en su mayoría residenciales— sufrieron daños estructurales graves o colapsos parciales, lo que ha dejado a miles de familias a la intemperie.
Ante el temor a réplicas y la inhabitabilidad de sus hogares, la población ha buscado refugio en cualquier espacio abierto disponible. Parques públicos, descampados y estadios de Caracas se han transformado de la noche a la mañana en asentamientos informales masivos.
«Vemos muchas personas sin abrigo en la calle, en diferentes asentamientos no organizados… pero también en estadios donde vemos que se concentran miles de personas», relata Spaett, describiendo una situación que sobrepasa las capacidades logísticas locales.
De la urgencia médica a la supervivencia diaria
En la primera fase de la catástrofe, el foco de MSF estuvo en los quirófanos y las salas de urgencias. La organización logró abastecer a ocho hospitales clave en Caracas y La Guaira, entregando kits médicos de emergencia que han garantizado el tratamiento de unos 3.500 pacientes en diferentes niveles de gravedad. Esta intervención fue vital para cubrir el vacío cuando los centros médicos agotaron por completo sus propias reservas de contingencia.
Sin embargo, el perfil de la emergencia está cambiando drásticamente. Ahora, el peligro no está solo en los escombros, sino en las condiciones de vida de los supervivientes. Las prioridades de los equipos humanitarios se centran ya en tres ejes fundamentales de asistencia básica:
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Logística de supervivencia: Acceso inmediato a agua potable, alimentos y sistemas de saneamiento para evitar brotes infecciosos.
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Abastecimiento de refugio: Distribución de mantas, ropa y lonas de abrigo para familias que huyeron con lo puesto y no pueden regresar.
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Despliegue de clínicas móviles: Atención primaria directamente en los campos improvisados para abordar heridos leves, enfermos crónicos sin medicación y mujeres embarazadas.
La herida invisible: Epidemia de salud mental
Más allá de la pérdida material y el desabastecimiento, MSF pone una alerta roja sobre el impacto psicológico de la tragedia. La incertidumbre, el shock por el sismo y el duelo están pasando factura a una población ya vulnerable.
Por ello, el coordinador de MSF enfatiza que la respuesta que ya planifican no se limitará a la entrega de medicamentos físicos. «Un aspecto que no hay que olvidar tampoco es el aspecto de salud mental», señala Spaett. El plan de contingencia inmediato de la ONG incluye integrar de forma prioritaria el apoyo psicológico dentro de sus clínicas móviles para atender a personas profundamente traumatizadas que, de la noche a la mañana, se han quedado sin nada.
La comunidad internacional observa con preocupación una crisis que, lejos de estabilizarse con el fin de los temblores, no ha hecho más que empezar.



