Han pasado veinte años desde que el descarrilamiento de un tren de Metrovalencia, el 3 de julio de 2006, provocara la mayor tragedia ferroviaria urbana de España, con 43 personas fallecidas y 47 heridas. Dos décadas después, el recuerdo sigue intacto para quienes perdieron a un familiar y continúan reclamando que aquel episodio nunca caiga en el olvido.
Con motivo del aniversario, varios familiares han compartido en À Punt cómo ha cambiado su vida desde aquel día y por qué consideran imprescindible seguir recordando lo ocurrido.
«El corazón me decía que algo había pasado»
Leonor perdió a su hijo, de 21 años, en el accidente. Recuerda con nitidez las horas posteriores al siniestro y la angustia de intentar localizarlo sin éxito.
Todavía hoy se pregunta por qué aquel día decidió coger el metro cuando habitualmente regresaba caminando o en autobús. Dos décadas después, reconoce que sigue sin encontrar una respuesta.
Un duelo que nunca terminó
María José perdió a su madre, que estaba a punto de cumplir 61 años y utilizaba con frecuencia la Línea 1 para regresar a casa.
Recuerda que uno de los momentos más duros fue observar el rostro de los bomberos que salían del túnel. Fue entonces cuando comprendieron que la magnitud del accidente era mucho mayor de lo que imaginaban.
La asociación que convirtió el dolor en una lucha colectiva
Las familias destacan el papel fundamental que desempeñó la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio (AVM3J), que durante años mantuvo viva la reivindicación de responsabilidades.
Las concentraciones celebradas cada día 3 en la plaza de la Virgen de Valencia lograron mantener el caso en el foco público hasta que, catorce años después del accidente, cuatro exdirectivos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana fueron condenados tras reconocer los hechos en un acuerdo entre las partes.
«Puedo perdonar, pero no olvidar»
Aunque el tiempo ha pasado, las secuelas continúan presentes.
María José asegura que tardó varios años en volver a subir a un metro y admite que jamás perdonará a quienes considera responsables de la tragedia. Leonor, por su parte, resume su sentimiento con una frase que sigue marcando su vida: «Puedo perdonar, pero no olvidar».
Ambas coinciden en que mantener viva la memoria es también una forma de proteger el futuro. Les preocupa que las nuevas generaciones desconozcan lo ocurrido y reivindican el papel de los medios de comunicación para evitar que una tragedia de esta magnitud desaparezca del recuerdo colectivo.
Veinte años después, su mensaje sigue siendo el mismo: recordar no es mirar al pasado, sino intentar que una tragedia como la del metro de Valencia no vuelva a repetirse.



