Han pasado cuatro décadas. Cuatro décadas desde que nos vendieron un sueño y nos entregaron una pesadilla administrativa, económica y existencial. No fue una adhesión, fue una capitulación en toda regla, un proceso de desmantelamiento sistemático ejecutado con la meticulosa frialdad de una burocracia sin rostro y la entusiasta complicidad de una clase política nacional que encontró en Bruselas su paraíso fiscal profesional.
Este no es solo un balance. Es la crónica de un expolio en varios actos, una tragedia cuyos últimos compases están siendo escritos ahora, con la firma de un tratado que sella nuestro destino como colonia administrada.
ACTO I: LA MUERTE DEL ACERO Y EL NACIMIENTO DEL PRECARIADO
Lo llamaron “reconversión industrial”. Suena técnico, moderno, incluso necesario. La realidad fue más sencilla: liquidación. Los Altos Hornos de Sagunto, y con ellos todo un tejido industrial que daba dignidad y sustento, no cerraron por inviabilidad. Fueron sacrificados en el altar de los dogmas de competitividad de una burocracia que nunca olió el humo de una fundición.
A cambio, nos dieron los Fondos Estructurales; limosnas con logo de estrellas amarillas para construir autopistas hacia ninguna parte y aeropuertos para cigüeñas. Nos prometieron un futuro “de servicios”, y vaya si lo cumplieron. El futuro se llama economía low-cost: salarios que no alcanzan, contratos basura y una identidad nacional reducida a branding turístico. Cambiamos la forja del acero por la habilidad de servir una caña rápido y con sonrisa. Perdimos nuestra columna vertebral industrial a cambio de una espina dorsal flexible, perfecta para agacharse.
ACTO II: EL AHOGO REGLAMENTARIO DEL CAMPO Y EL MAR
Primero fue el mar. La Política Pesquera Común no fue una política, fue un expolio con papeles. Regalamos nuestra riqueza ictícola, una de las flotas más grandes del mundo, para contentar a los ecologistas de salón del norte de Europa. Comunidades enteras, con siglos de historia, fueron borradas del mapa en nombre de una sostenibilidad que solo se aplica a los débiles.
Luego, el turno del campo. Cada normativa de bienestar animal, cada directiva de nitratos, cada exigencia de trazabilidad no fue un avance, sino un corsé diseñado para estrangular. Las granjas familiares no cierran por falta de rentabilidad; son ahogadas lentamente por una maraña burocrática que solo la gran agroindustria centroeuropea puede sortear. El campo español no muere de viejo; lo están ejecutando con informes de impacto ambiental y formularios en triplicado.
ACTO III: EL TRATADO MERCOSUR, LA PUNTILLA CÍNICA
Y justo cuando la víctima jadea, llega la estocada final: el Tratado de Libre Comercio con Mercosur. Es la obra maestra de la esquizofrenia brucelense. Durante años, han atado de pies y manos a nuestros agricultores y ganaderos con las normativas más estrictas del planeta —encareciendo cada huevo, cada litro de leche, cada filete— para, acto seguido, abrir de par en par las fronteras a una avalancha de productos que ignoran olímpicamente todas esas reglas.
Es la competencia más desleal jamás codificada: carne de res alimentada con soja transgénica cultivada en la Amazonía deforestada, cereales producidos a escala continental con costes irrisorios, vino que nada tiene que ver con nuestras denominaciones de origen. Todo ello, para abaratar la materia prima de la gran industria transformadora alemana y holandesa. Nos venden nuestro propio suicidio sectorial como “oportunidad de mercado”. Es la traición definitiva, firmada y sellada por los mismos que dicen representarnos.
ACTO IV: LA BUROCRACIA, ÚNICA INDUSTRIA EN CRECIMIENTO
El verdadero “milagro económico” de nuestra adhesión ha sido el crecimiento exponencial del sector del parásito administrativo. Europa no exporta innovación; exporta procedimientos. Ha creado una hidra regulatoria cuyo único propósito es generar más burocracia para gestionar la burocracia anterior.
Mientras una granja cierra, se crean cinco plazas de gestor, consultor, auditor y perito en normativa comunitaria. Han sustituido la economía de la producción por la economía del trámite. Es un genocidio económico limpio, administrado desde oficinas con moqueta y ordenadores de última generación. El único horno que nunca dejó de funcionar en España es el que imprime directivas.
EL PAPEL DE LA CASTA: DE REPRESENTANTES A VERDUGOS BIEN PAGADOS
¿Y dónde estaban nuestros políticos en todo esto? No en la trinchera, defendiendo los intereses de quienes los votaron. Estaban —y están— en el Parlamento Europeo, el retiro dorado más lujoso del continente. Un sanatorio de cinco estrellas para fracasados políticos nacionales, donde la mediocridad se pensiona con sueldos de escándalo, dietas opacas e inmunidad total.
Estos personajes no han defendido a España. Han defendido su sillón y su cuenta corriente. Su estrategia ha sido la claudicación permanente: votar a favor de todo lo que nos perjudica, con tal de no romper el consenso gris y seguir siendo invitados a los cócteles de la élite brucelense. Son traidores con corbata, burócratas de la derrota que han convertido la representación nacional en una sinecura millonaria.
EL FUTURO ROBADO: GUÍA DE SUPERVIVENCIA PARA JÓVENES ESPAÑOLES
Este es el legado tangible de cuarenta años de Europa”: un país desindustrializado, un campo asfixiado, un mar vedado. Un país que ofrece a sus jóvenes un abanico de oportunidades digno de una distopía:
* Opción A: Ponte una camiseta con un chiste malo, aprende a decir “cerveza” en cinco idiomas y dedica tu vida a servir cócteles a turistas borrachos hasta el amanecer.
* Opción B:Sube a una furgoneta, descarga la app de turno y conviértete en el sirviente invisible de la economía digital, repartiendo paquetes a jubilados centroeuropeos que disfrutan en tu costa la pensión que tú nunca tendrás.
Han convertido una nación con historia en el parque temático y la residencia de ancianos de Europa. Un solar soleado y barato donde se externaliza el ocio y el retiro.
LA HORA DEL CASTIGO: EL VOTO COMO FACTURA Y COMO BARRA
Por eso, el próximo voto no puede ser una elección más. No puede ser entre las mismas siglas que, con diferentes colores, han sido cómplices necesarios de este desastre. El voto debe ser un acto de justicia.
Es la hora del voto-castigo. Un voto que no busca ganar, sino arrasar. Un voto que es una factura con fecha de caducidad presentada a todo un régimen político y tecnocrático.
* ¿Votaste al partido que firmó la reconversión industrial? CASTIGO.
* ¿Al que miró para otro lado con la política pesquera? CASTIGO.
* ¿Al que ahoga al campo con papeles mientras firma tratados que lo rematan? CASTIGO MÁXIMO.
* ¿Al que te dice que ser camarero o repartidor es “el nuevo modelo”? CASTIGO ETERNO.
No es cuestión de ideología. Es cuestión de dignidad y supervivencia. Es la línea que separa a los que saquearon de los saqueados.
CONCLUSIÓN: BASTA.
Cuarenta años son suficientes. El experimento ha fracasado. Nos ha empobrecido, nos ha debilitado y nos ha robado el futuro a varias generaciones. Ya no queda nada que salvar dentro de este sistema diseñado para nuestra sumisión.
La única negociación posible ahora es la de la velocidad de la huida. El único voto útil, el único voto digno, es el que apunta hacia la salida controlada, la confrontación necesaria y la recuperación de la soberanía nacional en todos los ámbitos: económico, alimentario, legislativo.
Que en las próximas elecciones no se cuenten escaños. Que se cuenten bajas políticas .Que el sonido de las urnas sea el de una turba enfurecida, pacífica pero implacable, cobrando una deuda de cuatro décadas.
Todo lo demás —cada voto a los partidos del régimen, cada resignación, cada discurso sobre “mejorar Europa desde dentro”— es seguir firmando, con nuestra propia mano, las páginas finales de nuestro propio saqueo. Es financiar nuestro funeral con los impuestos de los que aún quedan por enterrar.
La elección es clara: seguir de sirvientes en el parque temático, o tener la voluntad de recuperar las llaves de nuestra propia casa. Aunque para ello haya que romper la puerta.
















