RIBARROJA DE TÚRIA – Tras una década de parálisis administrativa, el proyecto de ampliación de la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) de Setrece es finalmente una realidad. Con una inversión estratégica de 23,6 millones de euros, la Generalitat Valenciana busca no solo modernizar el sistema de saneamiento, sino blindar el ecosistema de l’Albufera frente a los vertidos residuales.
El vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Vicente Martínez Mus, presentó este lunes los detalles de una obra que calificó como «solución definitiva» para el municipio y su área industrial.
Adiós a los vertidos en el barranco del Poyo
El problema actual radica en una infraestructura obsoleta junto a la autovía A-3, cuyos excedentes terminan en el barranco del Poyo y, por consiguiente, en l’Albufera. El nuevo plan corregirá este desajuste mediante:
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Centralización en El Oliveral: Todas las operaciones se trasladarán a una planta más moderna y eficiente.
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Capacidad de bombeo masiva: Se construirá una estación capaz de transferir el equivalente a seis piscinas olímpicas de agua residual.
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Resiliencia climática: El diseño está preparado para resistir fenómenos meteorológicos extremos, evitando desbordamientos.
Un impulso al sector industrial y agrícola
Más allá del beneficio ecológico, la nueva infraestructura será un motor económico para la zona. Según Martínez Mus, la planta permitirá un incremento del 85% en la capacidad de depuración, lo que garantiza el crecimiento de la zona industrial sur.
Además, el proyecto apuesta por la economía circular: el 100% del caudal depurado será reutilizado. Esta agua regenerada se pondrá a disposición de los agricultores locales, un recurso vital en tiempos de sequía persistente.
«Avanzamos hacia un modelo de infraestructuras hidráulicas que garantiza seguridad, sostenibilidad y capacidad de crecimiento a largo plazo», subrayó el vicepresidente.
Calendario de ejecución
Aunque el proyecto ya está en marcha, la burocracia marcará los tiempos. Se estima que las obras, divididas en dos fases, comiencen en octubre de 2026 y tengan un plazo de ejecución de dos años.
Con esta actuación, Ribarroja de Túria optimizará el uso de su suelo industrial y cerrará una brecha medioambiental que afectaba directamente a uno de los pulmones verdes más importantes de la Comunitat Valenciana.
















