Valencia, patrimonio abandonado: la crónica de una degradación consentida
Caminar por la Ciutat Vella de Valencia hoy en día se ha convertido en una actividad dolorosa y de alto riesgo para la sensibilidad de cualquier ciudadano que atesore un mínimo de respeto por la historia y su patrimonio. Tras quince años de denuncias sistemáticas por parte de asociaciones como el Círculo por la Defensa del Patrimonio, la sensación de déjà vu es desoladora. Las quejas puntuales se ha transformado, desde hace años, en una crónica de indignación permanente. No asistimos a un deterioro accidental; lo que vemos en nuestras calles es, en palabras de los expertos, una «degradación planificada».
El problema ya no es solo el vandalismo individual —esa falta de educación que parece endémica en ciertos sectores—, sino lo que denominamos el «atropello por omisión». Es la desidia de la administración la que, por inacción o por intervenciones negligentes, está sentenciando a muerte la piel de nuestra ciudad.
La paradoja de la memoria: el refugio de la calle Serranos-Palomino
Nuestra primera parada técnica en esta radiografía del abandono nos sitúa en la parte posterior del Refugio antiaéreo del carrer dels Serrans, con su fachada recayente a la calle Palomino. Resulta profundamente paradójico, casi insultante, observar cómo se llenan las agendas políticas con términos como «memoria democrática» y «puesta en valor» mientras el contenedor físico de esa memoria se pudre a la vista de todos.
Bajo la palabra «REFUGIO», que aún conserva un resto de la dignidad con la que fue rotulada, convive hoy una maraña de firmas y «tags» que son la prueba fehaciente de que la vigilancia municipal en la zona es un mito. No existe.
Estas pintadas no son fruto de un descuido de una noche; perduran durante meses, estratificándose sobre la piedra ante la mirada impasible de una administración más preocupada por el oropel de los grandes eventos que por el mantenimiento del patrimonio cotidiano. El espacio se ha degradado hasta convertirse en un lugar dejado de la mano de Dios, en el que las motocicletas y bicicletas aparcan bloqueando los accesos, tratando un hito histórico como si fuera un vulgar trastero urbano.
La Lonja de la Seda: un Patrimonio de la Humanidad bajo el orín y los bocadillos
Si hay un punto donde la negligencia institucional clama al cielo es en la Lonja de la Seda. Estamos ante el único monumento de la ciudad distinguido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la máxima expresión del gótico civil en Europa. Sin embargo, este título no parece otorgarle inmunidad frente al incivismo más primario.
Es habitual ver las escalinatas del edificio convertidas en improvisados merenderos, denuncia que ya hemos recogido en más de una ocasión desde Noticias Ciudadanas. Pero lo más grave es el rastro del orín. Recientemente, el Círculo por la Defensa del Patrimonio ha denunciado un caso flagrante: un «personaje» habitual del barrio, con claros problemas conductuales y agresividad manifiesta, permitía que su perro orinara sistemáticamente sobre la piedra caliza del monumento ante la impotencia de los testigos.
No es sólo una cuestión de higiene o decoro; estamos ante una agresión química irreversible. El orín penetra en la porosidad de la piedra caliza, atacando el carbonato cálcico y debilitando la estructura desde el interior. Es inaudito que la joya de la corona valenciana no cuente con una vigilancia perimetral efectiva o un régimen sancionador que impida que el monumento se convierta en el mingitorio del barrio. El Ayuntamiento de María José Catalá es plenamente conocedor de estos hechos pero sigue sin tomar medidas.
El «vandalismo institucional» en el Portal de la Valldigna
Llegamos al punto que más escandaliza a los expertos en restauración consultados: el Portal de la Valldigna. En este Bien de Interés Cultural (BIC), la agresión no viene de un grafitero anónimo, sino de los propios «gestores» del patrimonio. La solución que han implementado para borrar las pintadas delictivas es, técnicamente, una aberración: el parcheado con pintura plástica, tal y como han denunciado en innumerables ocasiones desde Círculo por la Defensa del Patrimonio.
A cualquier experto en la materia le «sangran los ojos» ante esta estampa. La piedra histórica y el tapial son materiales que necesitan transpirar. Al cubrirlos con capas de pintura plástica —una película impermeable de ferretería—, se bloquea la salida de la humedad, tal y como denuncian desde la asociación.

La humedad atrapada genera sales que, al cristalizar, ejercen una presión mecánica que termina por reventar el sillar desde dentro. Es una solución propia de «Pepe Gotera y Otilio»: barata, rápida y destructiva a largo plazo. Es, en esencia, un vandalismo institucional que oculta el problema bajo una capa de pintura que ni siquiera respeta el tono original del muro.
Juan Luis Vives y el humanismo bajo la rueda de un scooter
Para cerrar este triste balance, nos detenemos ante el busto del gran humanista Juan Luis Vives, situado frente a su casa familiar. Vives, el hombre que nos enseñó el valor de la educación y el pensamiento crítico, parece haber sido degradado por la ciudad a la categoría de poste de aparcamiento.

La imagen de motocicletas estacionadas sistemáticamente tras su pedestal es la metáfora perfecta de la Valencia actual: «El humanismo bajo la rueda de un scooter». No es solo una infracción de tráfico; es una pérdida total del decoro y del respeto por nuestras figuras ilustres. Si la propia autoridad no trata el entorno monumental con el respeto que merece, el ciudadano acaba por considerar que el patrimonio es simplemente un estorbo en su movilidad diaria.
Un plan de choque para evitar el colapso
Desde este análisis periodístico, recogemos nuevamente el guante de la sociedad civil y que exigen a los responsables políticos que abandonen la política del parche y piden lo siguiente:
- Brigadas de limpieza especializadas: El patrimonio debe ser tratado por restauradores, no por operarios con un bote de pintura plástica.
- Vigilancia real y efectiva: Especialmente en los entornos BIC, con sanciones ejemplares que disuadan el vandalismo.
- Dignificación de los entornos: Eliminación de aparcamientos indebidos y alejamiento de contenedores de basura de las fachadas históricas.
La gestión actual del ayuntamiento es deficiente y sigue en la misma línea que en anteriores legislaturas. A poco más de un año y algunos meses, pocas cosas han cambiado. Las fotografías que llegan a esta redacción a diario muestran una realidad incómoda y dolorosa.


















