Antonio Luque, enfermo de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) desde hace catorce años, gana hoy una batalla que trasciende lo personal.
Un juzgado de Barcelona le da la razón y condena al Servicio Catalán de Salud por no aplicar la Ley ELA, aprobada en octubre de 2024, obligando a la administración a garantizarle asistencia domiciliaria profesional las 24 horas del día.
El fallo judicial supone un precedente histórico para otros afectados que, como él, sobreviven sin los apoyos que la ley reconoce pero que no se ejecutan.
Detrás de esta victoria está Yolanda Delgado, su esposa, cuidadora incansable y principal sostén de Antonio durante todo el proceso de la enfermedad.
Su lucha no comienza en los tribunales, sino mucho antes, en el ámbito doméstico, cuando el sistema desaparece y la responsabilidad recae exclusivamente en la familia.
De una vida normal al diagnóstico que lo cambia todo
Antonio era una persona normal y corriente, con una vida laboral estable. Durante años trabajó como jefe de taller en una gran marca de vehículos, hasta que decidió cambiar de empresa para seguir en el mismo sector. Nada hacía sospechar que su vida estaba a punto de romperse.

El primer aviso llega tras una caída aparentemente sin consecuencias. Antonio se sube a unas escaleras en el trabajo, pierde el equilibrio y cae de lleno al suelo, golpeándose la cabeza. Permanece inconsciente unos segundos, se levanta por su propio pie y se va a casa sin acudir al médico.
Dos semanas después, ocurre algo que Yolanda no olvida y relata recordándolo como si fuera hoy mismo.
Durante una comida, Antonio empieza a utilizar la mano izquierda para comer, a pesar de ser diestro.
Yolanda se lo señala con naturalidad, él se ríe, y en ese instante su mano comienza a temblar de forma incontrolable. “Fue como ver Parkinson de repente”, recuerda ella. Asustada, asocia el episodio con el golpe previo y le insiste para acudir al médico.
En neurología, el primer diagnóstico es artrosis, una explicación que no convence a la pareja.
Tras nuevas pruebas y la visita a otro especialista, llega la palabra que ninguno conocía entonces: ELA. “No sabíamos ni lo que era”, explica Yolanda. A partir de ese momento, todo cambia.

La enfermedad avanza y la ayuda no llega
Desde el diagnóstico en 2013, la enfermedad avanza lentamente durante años, hasta que en septiembre de 2024 la situación se agrava de forma crítica.

Antonio necesita respiración asistida 17.5 horas al día, una sonda gástrica para alimentarse y vigilancia constante.
es totalmente dependiente y además electrodependiente, ya que su vida requiere del funcionamiento continuo de una máquina.
El apagón ibérico revela la vulnerabilidad de las personas electrodependientes
En España, hay alrededor de 4.000 personas diagnosticadas con ELA y enfermedades similares.
La esperanza de vida promedio es de tres a cinco años, aunque hay variaciones significativas: aproximadamente el 50% vive tres años o más, el 20% alcanza cinco años o más, y hasta un 10% sobrevive más de diez años.
A pesar de este deterioro severo, la ayuda pública sigue sin llegar. La Ley ELA, aprobada por unanimidad en el Congreso, prometía atención sociosanitaria integral, eliminación de trabas burocráticas y apoyo económico.
Las desorbitadas cifras del coste por cada enfermo de ELA según un estudio de la Fundación Luzón son inasumibles sin ayuda:

El mismo estudio revela que se necesitaría entre 184 y 230 millones de euros para cubrir solo los costos directos que enfrentan las familias de los pacientes con ELA, una cifra que ni de lejos se aproxima a las cifras de la Ley aprobada.
La realidad actual frente a tantos números y promesas es que. “La ley está aprobada, pero no aplicada”, tal y como denuncia Yolanda.
Primera demanda admitida contra el Estado por no aplicar la Ley ELA
Durante años, la única asistencia que reciben es tres horas diarias del ayuntamiento, claramente insuficientes. No hay enfermeras, no hay cobertura nocturna y no hay relevo.
Yolanda asume todo: cuidados, vigilancia, gestión médica y carga emocional. Además, se endeuda para adaptar la vivienda y contratar ayuda puntual. “Nos dejaron solos”, resume.
La falta de financiación es el principal argumento de las administraciones. Aunque inicialmente se anunciaron 63 millones de euros, solo se asignaron 10 millones, una cifra insuficiente para desplegar la ley en las comunidades autónomas.
De la lucha social a la vía judicial
Lejos de rendirse, Yolanda decide luchar. Su vida siempre ha estado ligada al cuidado de otros familiares y esa experiencia la empuja a no quedarse inmóvil.
Participa en distintos grupos y plataformas relacionadas con la ELA, hasta que finalmente impulsa el grupo RETO TODOS UNIDOS, formado por pacientes y familiares.

Desde ahí organizan carreras solidarias, recaudan fondos para la investigación y acuden al Parlamento catalán para exigir derechos.
Este movimiento es el origen del impulso político que da lugar a la Ley ELA, posteriormente retomada por Jorge Murillo (@JorgeMurillo85 en la red social X) enfermo de ELA, quien la entrega al grupo parlamentario de Ciudadanos.
La Ley ELA prometía garantizar atención 24 horas, servicios sociosanitarios, ayudas domiciliarias especializadas y apoyo psicológico y económico para las familias.
Ante la inacción institucional y el agravamiento de la salud de Antonio, Yolanda toma una decisión clave: demandar.
Muchos dudan, otros la desaniman, pero ella sigue adelante. “Cuando no se cumple una ley, se está cometiendo un delito”, afirma.
La demanda se presenta en mayo de 2025 contra el Servei Català de Salut (CatSalut), al ser la administración competente en su lugar de residencia, Sant Vicenç dels Horts (Barcelona).
Esta es la demanda presentada:
Una sentencia histórica que abre camino
El Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 1 de Barcelona falla a favor de Antonio.
La magistrada Montserrat Fernández Cabezas ordena a la Administración que:
“proceda de forma urgente e inmediata a adoptar las medidas provisionales individualizadas que garanticen la atención domiciliaria suficiente para evitar riesgo vital al recurrente”.
La sentencia es especialmente contundente. Reconoce que en enfermedades como la ELA, “el riesgo vital no es hipotético ni remoto” y que la ausencia de atención profesional continuada puede provocar asfixia, aspiración o fallo respiratorio.
Además, rechaza de forma tajante la excusa presupuestaria:
“La alegación de limitaciones presupuestarias no puede erigirse en justificación suficiente de una inactividad absoluta”.
También señala una vulneración del principio de igualdad, al dejar la atención condicionada a la capacidad económica de las familias.
“Quienes pueden costear asistencia privada ven protegido su derecho a la vida; quienes no pueden hacerlo quedan expuestos a un riesgo grave”, subraya la jueza.
Jorge Murillo realiza este vídeo para hablar sobre la sentencia ganada:
El abogado de Antonio, Esteban Gómez Rovira, califica el fallo de “histórico” y anima a otros afectados a reclamar.
“A partir de hoy ya no es la familia la que tiene que buscarse la vida”, señala.

Para Yolanda, la victoria no es solo personal.
“Esto crea jurisprudencia. Gana Antonio, pero ganan todos”, afirma.
Ahora, su objetivo es difundir esta sentencia, porque muchos enfermos desconocen que pueden exigir lo que la ley reconoce.
DEMANDELA
La entidad hace un llamamiento a dar a conocer esta sentencia de la que muchas personas no tienen conocimiento y están viviendo un auténtico calvario por no aplicarse la ley.

En la actualizad DEMANDELA lo conforman más de 50 familias de distintos puntos del país que decidieron unirse para liderar una iniciativa legal y social que busca exigir el cumplimiento inmediato de la ley y la reparación de los derechos vulnerados.

Para contactar con DEMANDELA o Yolanda:
Facebook: pulsa aquí DemandELA
X (twitter) @YolandaDn44
Tras quince años de cuidados, una operación de aneurisma cerebral sin apoyo institucional y una lucha constante, Yolanda lo resume con una idea clara: no se trata de privilegios, sino de derechos. Derechos a una vida digna, a no morir esperando y a que las leyes no se queden en el papel.
Desde este diario continuaremos vigilantes y ayudaremos a dar voz para reivindicar el justo cumplimiento, de momento hay que esperar que la ayuda llegue de verdad al domicilio.
A día de hoy 23 de febrero de 2026 NO ha recibido todavía la ayuda.


















