La psicosis por el estado de las vías y las nuevas limitaciones de velocidad impuestas por Adif provocan parones en plena vía de convoyes de Ouigo e Iryo, con retrasos que ya superan la media hora
MADRID / VALENCIA – Miércoles, 21 de enero de 2026
La red de alta velocidad que conecta Madrid con la Comunidad Valenciana vive una jornada de máxima tensión y parálisis operativa. Lo que comenzó como una medida de precaución técnica tras el grave accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) el pasado domingo, ha derivado este miércoles en un bloqueo intermitente de la línea, dejando a cientos de pasajeros detenidos en mitad del trayecto.
Dos trenes detenidos en plena vía
El protocolo de seguridad de Adif, que ha extremado las precauciones ante cualquier anomalía en la infraestructura, ha forzado hoy la detención de al menos dos convoyes de operadores privados:
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Ouigo 6582: El tren, que partió de Chamartín a las 18:15 con destino Valencia, se vio obligado a detenerse por completo a la altura de Seseña (Toledo). Según ha confirmado la compañía, la parada respondió a órdenes directas de Adif debido a las nuevas limitaciones de velocidad. El convoy acumula un retraso de 30 minutos sobre su hora prevista (20:09).
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Iryo (Destino Valencia): La detención del Ouigo generó un inmediato efecto dominó. El siguiente tren en la malla de salida, un convoy de Iryo, tuvo que detenerse en el interior de un túnel en la zona de Getafe (Madrid). La tripulación informó por megafonía que el parón se debía a la presencia de un «tren delante» y al deficiente «estado de la infraestructura». Su llegada a la estación de Joaquín Sorolla se estima para las 21:25 horas.
El «efecto acordeón» y la sombra de Adamuz
La causa de este colapso no es una avería puntual, sino un efecto cadena. Las limitaciones de velocidad impuestas por Adif en varios puntos críticos (donde se han detectado «bamboleos» o golpes secos) obligan a los trenes a circular a 160 km/h. Esto reduce drásticamente la capacidad de la vía: los trenes que vienen detrás deben frenar o incluso detenerse para mantener la distancia de seguridad, creando un embotellamiento ferroviario.
«Llevamos un tren delante y por el estado de la infraestructura tenemos que parar», explicaban por megafonía a los pasajeros de Iryo, capturando el clima de incertidumbre que se vive a bordo.
Nerviosismo entre los pasajeros
El ambiente en el interior de los vagones es de creciente inquietud. El recuerdo del accidente de Adamuz del pasado domingo está muy presente entre los usuarios, lo que convierte cualquier vibración anómala o parada no programada en un foco de ansiedad. Los pasajeros critican la falta de fluidez en la información, mientras ven cómo los tiempos de viaje se dilatan sin una previsión clara de normalización.
Adif mantiene actualmente equipos técnicos revisando los puntos donde los maquinistas han reportado anomalías, pero mientras las restricciones de velocidad continúen, el «caos ordenado» en la línea Madrid-Valencia parece lejos de solucionarse.















