Durante años se nos ha repetido que el Sistema de Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana es una pieza clave del sistema público de salud. Y lo es. Pero precisamente por eso resulta aún más preocupante constatar cómo una gestión deficiente del personal está erosionando su funcionamiento, debilitando la seguridad asistencial y empujando a profesionales cualificados fuera del propio sistema.
No hablamos de percepciones ni de casos aislados. Hablamos de una realidad estructural que se repite, año tras año, especialmente en periodos críticos como el verano y las fiestas navideñas: guardias médicas sin cubrir, dispositivos incompletos, unidades asistenciales con falta de personal, otras donde aparecen la misma guardia dos médicos o dos enfermeras, movilizaciones de destino del personal el mismo día de trabajo, y una organización que responde improvisando en lugar de planificar.
Guardias descubiertas y decisiones que no deberían normalizarse
La falta de médicos en determinadas guardias no es un fenómeno nuevo. Lo grave es que se haya convertido en algo previsible y asumido. Cuando no se cubren estas plazas, la solución que se adopta es trasladar la responsabilidad a la enfermería, obligándoles a asumir funciones que no le corresponden y que exceden su marco legal y que la colocan en una situación de riesgo profesional, ético y jurídico. Se está obligando a la enfermería de emergencias, mediante una modificación de facto de sus condiciones laborales, a prestar servicio en unidades SAMU sin médico, transformándolas en SVAE (Soporte Vital Avanzado con Enfermería). Esta práctica vulnera de forma manifiesta la legislación vigente, el marco competencial y las funciones profesionales que regulan las emergencias sanitarias en la Comunitat Valenciana.
Se ha constatado la adopción de decisiones organizativas que suponen una modificación sustancial de las condiciones laborales y funcionales de la enfermería de emergencias, al asignarles la prestación de servicio en unidades SAMU sin presencia médica, reconvirtiendo dichos recursos en dispositivos de Soporte Vital Avanzado con Enfermería (SVAE).
Esta reorganización asistencial se está realizando al margen del marco normativo vigente, infringiendo la regulación de funciones profesionales y el modelo de atención en emergencias sanitarias establecido en la Comunitat Valenciana. Asimismo, se implementa sin procedimiento de consulta, sin evaluación formal de competencias y sin consentimiento del profesional, imponiendo responsabilidades clínicas y legales no previstas en su categoría profesional.
Cabe señalar que los SVAE actualmente operativos carecen de sustento jurídico, al no encontrarse regulada ni la figura profesional ni sus funciones, ni existir creación formal de plazas que legitimen su desempeño. Esta situación genera una grave inseguridad jurídica, con potencial impacto negativo tanto en la protección del profesional como en la calidad, seguridad y legalidad de la atención prestada a la población.
Esta práctica no solo resulta injusta para los profesionales de enfermería, sino también para la ciudadanía, a la que se induce a error sobre la cartera real de servicios que ofrece el Sistema Nacional de Salud. Al mismo tiempo,
compromete la seguridad del paciente y degrada el concepto mismo de trabajo en equipo, pilar esencial de la atención en emergencias.
Un sistema que se sostiene forzando los límites legales y organizativos no puede considerarse eficiente ni seguro; es, sencillamente, un sistema que está fallando en su responsabilidad pública.
El contrasentido: médicos disponibles a los que se les dice que “no hay trabajo”
A esta situación se suma una paradoja difícil de justificar. Mientras se mantienen guardias descubiertas, hay médicos a los que se les comunica que no hay trabajo para ellos, o que únicamente se les pueden ofrecer guardias sueltas, sin estabilidad ni un proyecto profesional mínimamente atractivo.
El resultado es previsible: profesionales que optan por marcharse a otros ámbitos, como la atención primaria o el sector privado, donde al menos se les ofrece continuidad, previsión y reconocimiento. El sistema público pierde talento, experiencia y compromiso, no por falta de vocación, sino por falta de una política de gestión coherente y profesionalizada, debido a la incompetencia gestora de las tres direcciones del SESCV.
Un problema de gestión, no de profesionales
Conviene dejarlo claro: el problema no son los profesionales. El sistema cuentacon médicos y enfermeras altamente cualificados, comprometidos y dispuestos a trabajar. El problema es una gestión que parece carecer de criterios claros de selección, planificación y fidelización del personal.
No se puede hablar de calidad asistencial si no se garantizan equipos completos. No se puede exigir responsabilidad si no se ofrece estabilidad. No se puede pedir compromiso mientras se improvisa con los recursos humanos.
La gestión de un servicio de emergencias no puede basarse en apagar fuegos.
Requiere anticipación, análisis de necesidades reales y decisiones estratégicas que piensen tanto en el servicio como en la ciudadanía a la que atiende.
Impacto directo en la ciudadanía
Cada guardia descubierta, cada equipo incompleto, cada profesional forzado a asumir funciones que no le corresponden tiene una consecuencia directa: la atención a la población se resiente. Se alargan tiempos de respuesta, se incrementa la presión sobre los equipos disponibles y se normaliza una precariedad organizativa que termina afectando al paciente.
La ciudadanía merece un sistema de emergencias sólido, previsible y seguro. Y eso solo es posible si la gestión del personal está alineada con ese objetivo.
¿Quién debe asumir responsabilidades?
Este escenario interpela directamente a la Administración y a la Consellería competente, en primera instancia al Conseller, y a la responsable del Servicio de Planificación y Coordinación de Urgencias, Emergencias Sanitarias y Transporte Sanitario, pero también —y de forma muy concreta— a las direcciones médica, de gestión y de enfermería del Sistema de Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana.
La dirección de un servicio público no puede limitarse a la mera gestión de cuadrantes o a la cobertura reactiva de turnos. Tiene la obligación de ejercer una planificación responsable y equitativa de los recursos humanos, basada en principios de imparcialidad y justicia organizativa, evitando cualquier forma de agravio comparativo que beneficie a unos profesionales en detrimento de otros.
Desde el punto de vista bioético, esta exigencia se sustenta en el principio de justicia, que obliga a distribuir de forma equitativa las cargas, responsabilidades y oportunidades dentro de la organización. Desde el marco jurídico- administrativo, se apoya en los principios de igualdad, objetividad y no discriminación que rigen la actuación de las administraciones públicas.
En este sentido, la dirección tiene la obligación de:
• Planificar las necesidades asistenciales y de personal a medio y largo plazo.
• Establecer criterios de contratación transparentes, objetivos y basados en la competencia profesional.
• Evitar la fuga de talento derivada de decisiones arbitrarias o desiguales.
• Proteger a los profesionales frente a situaciones que excedan lo legalmente establecido, garantizando un marco de trabajo seguro, justo y coherente con la normativa vigente.
No hacerlo es una forma de mala praxis organizativa. Y en SESCV, esto está ocurriendo a diario.
Un llamamiento necesario
Este artículo no pretende señalar personas, sino poner sobre la mesa un problema que ya no puede seguir ignorándose. El sistema de emergencias necesita una revisión profunda de su modelo de gestión de personal, basada en profesionalidad, planificación y respeto a los roles.
Seguir como hasta ahora no solo es insostenible, es irresponsable.
Porque cuando la gestión falla, no solo pierden los profesionales. Pierde el sistema. Y, sobre todo, pierde la ciudadanía.
Un médico del SAMU
NOTA: Para evitar represalias contra este profesional que conoce perfectamente el servicio de Emergencias dada su dilatada experiencia se mantiene su nombre como «colaborador», aunque conocemos su filiación y su dilatada experiencia que se deja entrever en sus explicaciones exhaustivas.
















