El Micalet de Valencia: Los secretos de su inscripción de 1381 y sus 4 arquitectos
Valencia es una ciudad que se lee en sus muros, pero pocos párrafos son tan elocuentes como el que descansa en la base del Micalet de Valencia. Apenas a unos metros del bullicio de la Plaza de la Reina, una inscripción en caracteres góticos custodia el acta de nacimiento del icono más universal del «cap i casal». Este texto no es solo una fecha; es una declaración de intenciones que revela las complejas jerarquías de poder de la Valencia medieval y el inicio de una odisea arquitectónica que duró casi un siglo.
El origen del icono: La primera piedra de 1381
Casi todos los valencianos han alzado la vista hacia sus casi 51 metros de altura (hasta la terraza), pero muy pocos se han detenido a analizar el «DNI» de piedra que custodia su base. La construcción del Micalet de Valencia, la torre campanario de la Seo, no fue un evento aislado, sino una respuesta a la necesidad de la ciudad de poseer un faro espiritual y civil que fuera visible desde toda la huerta.
La inscripción, tallada con precisión quirúrgica en la piedra procedente de las canteras de Godella y Rocafort, marca el inicio de los trabajos el 8 de diciembre de 1381. Sin embargo, lo que hoy vemos es el resultado de una evolución constante donde la ingeniería tuvo que adaptarse a los cambios económicos y políticos del Reino de Valencia.
Descifrando la inscripción: ¿Qué dice realmente la base del Micalet de Valencia?
Cualquier visitante que se detenga ante la puerta de acceso a la torre podrá observar una lápida fundacional que, respetando los puntos de separación clásicos de la epigrafía medieval, reza:
«AQUEST. CAMPANAR. FONCH. COMENÇAT. EN. L’ANY. DE. LA. NATIVITAT. DE. NOSTRE. SENYOR. IESV. CHRIST. M.CCC.LXXXI. REYNANT. EN. ARAGÓ. LO. MOLT. ALT. REY. EN. PERE. ESTANT. BISBE. DE. VALENCIA. LO. MOLT. ALT. EN. IAVME. FILL. DEL. ALT. INFANT. EN. PERE. E. COSIN. GERMÀ. DEL. DIT. REY.»

Esta inscripción es una pieza maestra de propaganda política. Al mencionar a Pere IV el Cerimoniós (Pedro IV de Aragón) y al obispo Jaume d’Aragó, la piedra subraya un vínculo de sangre crucial: ambos eran primos hermanos. En el siglo XIV, la construcción del Micalet de Valencia supuso un símbolo del prestigio de la Corona y la Iglesia en un momento de expansión económica para la ciudad.
Curiosamente, existe una ausencia notable: la de los Jurats de la Ciutat. Aunque los registros administrativos de la «Obra de la Seu» confirman que el municipio aportaba grandes sumas de dinero, sus nombres no figuran en la piedra fundacional. Los historiadores interpretan esta omisión como una clara muestra de la jerarquía protocolaria: en la piedra más visible del reino, el linaje real y el eclesiástico prevalecían sobre el poder civil local del Consell Municipal.
La cronología de los 4 maestros: Un siglo de maestría gótica
El Micalet de Valencia que hoy admiramos no nació de una sola mano. Fue un relevo de talentos que permitió que la torre creciera a pesar de las guerras, las pestes y los cambios de presupuesto.
1. Andreu Julià (1381-1396): El trazador del octógono
Andreu Julià fue el arquitecto que definió el ADN de la torre. Su gran mérito fue diseñar una planta octogonal perfecta, una geometría compleja que requería un dominio avanzado de la estereotomía (el corte de la piedra), un arte que perfeccionarían en el siglo XV los maestros de obra Francesc Baldomar y uno de sus discípulos. Pere Compte, constructor de la Llonja Nova, dels Mercaders o de la Seda. Bajo su dirección se excavaron los profundos cimientos y se levantó el primer cuerpo. Julià estableció un gótico valenciano austero pero imponente, preparando la estructura para soportar el enorme peso de las campanas.
2. Josep Franch (1396-1414): El eslabón necesario
Tras la marcha de Julià, la obra recayó en Josep Franch. Su figura es a menudo injustamente eclipsada por sus sucesores, pero su labor fue técnica y fundamental. Franch fue el encargado de consolidar la estructura y levantar los cuerpos intermedios. Fue bajo su supervisión cuando la torre empezó a dominar el «skyline» medieval de Valencia, asegurando que la verticalidad no comprometiera la estabilidad del edificio.
3. Pere Balaguer (1414-1425): La cumbre del gótico
Balaguer llegó al Micalet de Valencia precedido por su fama tras construir las majestuosas Torres de Serranos (Portal dels Serrans). Él fue quien dotó a la torre de su piel definitiva. Se encargó del cuerpo de campanas, donde la decoración gótica se vuelve más refinada y flamígera. Su intervención es la que da al Micalet ese aire de elegancia internacional, adaptando las tendencias europeas a la luz y a los materiales del Mediterráneo.
4. Martí Llobet (1425-1450): La unión y el sueño inconcluso
Martí Llobet fue el arquitecto de la madurez del proyecto. Es el maestro de obras a quien se le atribuye la autoría definitiva del cimborrio de la Seo.
Sin embargo, Llobet es recordado por ser el responsable de dotar a la terraza de un pretil o antepecho (apitrador) calado de estilo gótico flamígero. Era una balaustrada de piedra muy ornamentada que rodeaba la parte superior de la torre, dándole una terminación mucho más decorativa que la actual. Este antepecho original de Llobet fue demolido en el siglo XVIII (concretamente hacia 1735-1736), coincidiendo con la construcción del templete barroco de las campanas del reloj.
También es recordado por su proyecto de remate: una aguja pétrea calada que habría coronado la torre al estilo de las grandes catedrales europeas. Este diseño fue desestimado por el Cabildo, probablemente por su elevado coste y la complejidad técnica que suponía añadir tal peso sobre una estructura ya terminada. Antonio Dalmau, en 1453, también presentó otro proyecto, muy ambicioso, para coronar el Micalet de Valencia con una aguja monumental que, al igual que los intentos anteriores, nunca llegó a materializarse por decisión del Cabildo. Esto condenó a la torre a su famosa terraza plana hasta la llegada del templete o espadaña barroca en el siglo XVIII.
Cómo redescubrir el patrimonio valenciano
Para entender el Micalet de Valencia no basta con subir sus 207 escalones para ver las vistas; hay que descifrar la historia que nos cuentan sus piedras. En un mundo de turismo rápido, el valor del detalle marca la diferencia.
Expertos en turismo cultural como CaminArt. Camins de Cultura i d’Art se han consolidado como la referencia para aquellos que buscan una experiencia documentada y profesional. Sus rutas por la Valencia gótica y sus recorridos nocturnos permiten descifrar estas inscripciones y entender las vidas de Julià o Llobet más allá de los libros de texto, convirtiendo el patrimonio en algo vivo, vibrante y cercano al público local.
El Micalet de Valencia sigue ahí, observando el crecimiento de Valencia desde sus 50,85 metros (hasta la terraza) y 63 metros contando el templete o la espadaña barroca. La próxima vez que pases bajo su sombra, detente un segundo ante la inscripción de 1381. Ahora ya sabes que esas letras góticas no son solo adornos, sino el susurro de una ciudad que decidió, hace casi 645 años, que su voz se escucharía en todo el Reino.
















