Desde hace años, la cubierta y el sistema de drenaje del Mercado Central han mostrado claras deficiencias. Cada vez que caen lluvias intensas, el agua atraviesa el tejado y llega hasta el interior del edificio, provocando gotas que caen sobre las paradas y charcos que dificultan la movilidad de clientes y vendedores. Tal como relatan diversos medios y denuncias ciudadanas, esto no es un hecho aislado: se contabilizan más de veinte episodios de filtraciones en el sótano, generando acumulación de agua incluso alrededor de instalaciones eléctricas.
Las consecuencias van más allá de lo anecdótico: equipos eléctricos quedan inutilizados, mercancías se mojan y se multiplican los riesgos de resbalones o cortocircuitos en un espacio que debería ser símbolo de tradición, comercio local y patrimonio.

Deficiencias estructurales y respuesta institucional
Las filtraciones constantes vienen de la mano de problemas en la impermeabilización de la cubierta, desagües atascados y canaletas en mal estado, lo que facilita que el agua de lluvia penetre sin control en un edificio concebido hace más de un siglo y rehabilitado en el pasado, pero sin una atención integral reciente.
El último movimiento oficial ha sido la licitación de la redacción de un proyecto para reparar la cubierta, un paso necesario para diagnosticar y corregir las patologías del techo que permitan frenar estas filtraciones. El contrato, con un presupuesto de unos 60.500 € y un plazo estimado de siete meses para el diagnóstico y proyecto, pretende finalmente poner sobre la mesa soluciones técnicas para un edificio clave en el corazón de Ciutat Vella.
A lo largo de 2025, el Ayuntamiento también anunció que se tramitaría la redacción de un proyecto de ejecución de obras para eliminar canaletas defectuosas, mejorar drenajes y sellar puntos de entrada de humedad, especialmente en la zona de pescaderías, donde las filtraciones han sido históricas.
Pasa el tiempo y el Ayuntamiento no soluciona un problema crónico que daña de forma grave la estructura del edificio y la imagen del Mercado Central , es patente el poco interés que despierta el mantenimiento de este edificio emblemático al Consistorio .

El sótano como símbolo de un problema mayor
Quizá la cara más visible del problema —y la que más indignación genera entre vendedores y defensores del patrimonio— son los chorros de agua y goteras que aparecen en el sótano cada vez que llueve. Los sótanos, antaño espacios auxiliares poco visibles, se han convertido en zonas inundadas con cubos improvisados como única respuesta temporal , es la solución de mantenimiento que realiza la Asociación de Vendedores , como si fuera un caso aislado .
Este fenómeno ha sido repetidamente denunciado, no sólo por los comerciantes sino también por asociaciones civiles que reclaman una visión de conservación patrimonial y operativa más profunda, que vaya más allá de limpiezas superficiales o parches temporales.

Entre la tradición y la frustración
Para muchos usuarios habituales del mercado —vendedores que dependen de la actividad diaria, visitantes fascinados por su arquitectura y vecinos orgullosos de su patrimonio—, estas humedades y filtraciones simbolizan una gestión pendiente. Las lluvias no sólo recalcan una deficiencia técnica, sino un desafío administrativo: ¿Cómo conservar un edificio centenario sin que su historia se moje en cada borrasca?

Mientras se avanza en diagnosticar los problemas y proyectar obras que puedan realmente atajar las filtraciones, queda la sensación de que cada lluvia sigue siendo una prueba de esfuerzo para el Mercado Central. Y mientras tanto, los charcos y goteras se han vuelto, en demasiadas ocasiones, un invitado más en el recorrido por uno de los espacios más emblemáticos de València.
Muchos vendedores se preguntan como es posible que dejen la gestión del Mercado Central en manos de la Asociación de Vendedores que claramente demuestra su incapacidad para resolver los problemas del Mercado Central : goteras y chorros de agua desde hace años y la solución es poner dos cubitos.

















