El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, vuelve a la carga contra el PP valenciano utilizando la tragedia de la DANA como munición política. De nuevo con tono bronco. De nuevo con descalificaciones personales. Y de nuevo, sin haber aparecido nunca por las zonas afectadas.
Porque a día de hoy sigue sin existir ninguna prueba pública —ni agenda, ni fotografía, ni testimonio institucional— que confirme que Rufián haya estado en Valencia tras las inundaciones de otoño de 2024.
Ni en l’Horta Sud.
Ni en la Ribera.
Ni en los municipios más golpeados.
Mucha moral desde el escaño
Toda su actividad se ha desarrollado desde el Congreso de los Diputados, donde ha utilizado imágenes de víctimas para atacar al president de la Generalitat, Carlos Mazón, y al gobierno autonómico del PP.
Rufián ha hablado de “vergüenza”, de “abandono” y de “negligencia criminal”. Pero no ha pisado el barro que tanto invoca en sus discursos.
El problema no es criticar. Es no dar la cara
Nadie discute que un diputado critique la gestión de una catástrofe. Eso forma parte del juego democrático. Lo que chirría es otra cosa:
convertir una desgracia real en espectáculo político sin implicarse ni un solo día en la realidad que se está explotando.
Mientras vecinos dormían en casas llenas de humedad.
Mientras voluntarios limpiaban garajes durante semanas.
Mientras alcaldes se dejaban la piel gestionando ayudas.
Rufián seguía exactamente igual: plató, tuit y micrófono.
El político del dolor ajeno
La sensación que deja es incómoda: la de un dirigente que utiliza el sufrimiento de otros como decorado retórico, sin asumir ningún coste personal, sin mancharse las manos, sin exponerse al contacto real con las víctimas.
No una visita discreta.
No una reunión con afectados.
No una jornada solidaria.
Solo declaraciones incendiarias desde Madrid.
Cuando el discurso se separa de la realidad
Rufián habla como si conociera cada calle inundada. Como si hubiera visto cada casa destrozada. Como si hubiera escuchado cada historia.
Pero su relación con la DANA es puramente mediática, construida a base de vídeos, titulares y argumentarios.
No de experiencia.
No de presencia.
No de compromiso.
El resumen que nadie le puede rebatir
- Ha insultado al PP valenciano.
- Ha hecho bandera política de la tragedia.
- Ha usado imágenes de víctimas.
- No ha estado en Valencia.
Todo lo demás es relato.
Y por mucho que suba el tono en el Congreso, hay algo que no se puede simular desde un escaño:
La autoridad moral no se gana con discursos, se gana estando allí.
Y en esta historia, Rufián, simplemente, no estuvo.
















