La NTT DATA Copa del Rey ha dictado sentencia. En una jornada dominical de alta tensión, el guion del rugby nacional ha dado un vuelco inesperado. Valladolid y Madrid fueron los epicentros de dos batallas épicas que terminaron por configurar una final inédita: Silicius Alcobendas Rugby contra Complutense Cisneros. Por primera vez en años, la capital asegura que el trofeo viajará a sus vitrinas, dejando por el camino al gran dominador de la competición y a un combativo Huesitos La Vila que rozó la gloria.
El «Alcobendazo» en el Pepe Rojo
La gran sorpresa de la jornada saltó en los campos de Pepe Rojo. El Silicius Alcobendas no solo desafió las estadísticas, sino que derrocó al actual monarca, el VRAC Quesos Entrepinares, con un ajustado 18-22.
El encuentro comenzó con un Alcobendas descarado. El equipo dirigido por Garrido saltó al césped con una personalidad arrolladora, castigando la frialdad inicial de los vallisoletanos. Sin embargo, el VRAC es un equipo diseñado para la adversidad. Aprovechando una superioridad numérica tras una sanción disciplinaria de los visitantes, los locales tiraron de oficio. La puntería de Taibo con el pie y una defensa que parecía de granito permitieron al conjunto quesero remontar y sostener una ventaja mínima que, durante gran parte del segundo tiempo, parecía definitiva.
Pero la épica estaba reservada para el último suspiro. Cuando la grada de Valladolid ya saboreaba una nueva final, Alcobendas encontró una grieta en el muro. A falta de solo cinco minutos para el pitido final, una jugada de insistencia colectiva terminó en un ensayo que enmudeció al Pepe Rojo. Los madrileños resistieron las últimas embestidas con una disciplina espartana, certificando una victoria de enorme mérito que premia la constancia de un proyecto que vuelve a la élite por la puerta grande.
El rugido del Central: Remontada de fe del Cisneros
Mientras tanto, en el Estadio Nacional Complutense, la historia se escribió con dos tintas diferentes. El duelo entre el Complutense Cisneros y Huesitos La Vila fue un ejercicio de resiliencia que terminó con un abultado 39-21, aunque el marcador final no refleja el sufrimiento vivido por los locales.
La primera mitad fue un monólogo alicantino. La Vila, con un planteamiento táctico impecable, tomó el control desde el segundo dos. Un ensayo tempranero a los dos minutos de juego descolocó a un Cisneros que no encontraba la brújula. La defensa vilera, ordenada y agresiva en los contactos, maniató a los «colegiales», impidiéndoles cruzar la línea de 22 con claridad. Al descanso, la sensación era de que La Vila tenía el billete para la final en el bolsillo.
Sin embargo, el paso por vestuarios transformó al Cisneros. Espoleados por una grada que nunca dejó de rugir, los madrileños incrementaron la intensidad física. Apostaron por un juego de desgaste, dominando las fases estáticas y castigando el cansancio de un equipo vilero que empezó a cometer errores bajo presión. La remontada fue un goteo constante de puntos que desbordó la resistencia visitante. En la recta final, con La Vila volcada al ataque buscando el milagro, Cisneros aprovechó los espacios para sentenciar el partido y confirmar su presencia en la final.
Una final con sabor a derbi
El desenlace de estas semifinales deja una lectura clara: el eje del poder rugbístico se desplaza momentáneamente hacia Madrid. Silicius Alcobendas y Complutense Cisneros han demostrado que, en el formato de Copa, la gestión emocional y el fondo físico son tan vitales como el talento técnico.
Alcobendas llega como el «matagigantes», habiendo asaltado el fortín más difícil de España. Cisneros, por su parte, lo hace con la moral por las nubes tras demostrar una capacidad de reacción propia de los grandes campeones. La gran final promete ser un choque de estilos entre la solidez y eficacia del Alcobendas y el juego dinámico y pasional del Cisneros. El trono de la Copa del Rey busca dueño, y el espectáculo está garantizado.
















