REDACCIÓN | VALENCIA
La brisa del Mediterráneo y el incienso de la Catedral se fundieron este fin de semana en un abrazo histórico. La Hermandad del Santísimo Cristo del Salvador, pilar fundamental de la Semana Santa Marinera de Valencia, ha conmemorado sus 175 años de existencia con una jornada extraordinaria que quedará grabada en los anales de la religiosidad popular de la ciudad. Lo que comenzó en 1851 como una pequeña asociación de fieles en el barrio del Cabanyal, se manifestó ayer como una institución vibrante, capaz de movilizar a cientos de personas en una peregrinación de fe hacia el centro de la capital.
Un encuentro para la memoria
La jornada se articuló en cuatro actos de profunda carga simbólica. El primero de ellos, el traslado de la imagen del Cristo, supuso un hito visual: la salida de la talla de su entorno habitual en los Poblados Marítimos para adentrarse en las calles del centro histórico. El respeto y el silencio, solo roto por el rítmico caminar de los portadores, marcaron un inicio solemne que presagiaba la magnitud del evento.
El segundo acto se vivió bajo las bóvedas de la Basílica de la Virgen de los Desamparados. Allí, en un momento de gran intensidad emocional, se produjo el encuentro entre el Cristo del Salvador y la Geperudeta. Este cara a cara entre dos de las devociones más arraigadas de la ciudad simbolizó la unión del pueblo marinero con su patrona, uniendo simbólicamente el puerto con el corazón de la urbe.
Eucaristía en la Seu Metropolitana, Catedral del Grial
El punto álgido de la celebración tuvo lugar en la Catedral de Valencia. La entrada del Cristo por la Puerta de los Hierros fue recibida con una ovación contenida y el tañido de las campanas. El Arzobispo de Valencia, quien presidió la Eucaristía, dedicó palabras de admiración a la Hermandad, destacando su capacidad para mantener viva la llama de la devoción durante casi dos siglos, atravesando crisis, transformaciones sociales y cambios generacionales. «175 años no son solo una cifra, sino el testimonio de miles de familias que han transmitido el amor al Salvador de padres a hijos», subrayó durante la homilía.
Un legado escrito hacia el futuro
Tras la ceremonia religiosa, los actos institucionales concluyeron con la firma en el Libro de Honor de la Hermandad. En este cuarto acto, las autoridades eclesiásticas y civiles dejaron constancia de la relevancia de la efeméride. Este gesto no es mero protocolo; es el cierre de un capítulo dorado y la apertura de uno nuevo que mira ya hacia el bicentenario.
La celebración de este 175º aniversario no solo ha servido para recordar el pasado, sino para reafirmar la vigencia de las hermandades en el siglo XXI como cohesionadoras sociales y guardianas de un patrimonio inmaterial invaluable. La Hermandad del Santísimo Cristo del Salvador regresa ahora a su barrio, pero lo hace habiendo dejado una huella indeleble en la historia de la Valencia milenaria.



















