El Castell de Xàtiva: Una joya de la corona convertida en vergüenza institucional
Resulta doloroso, casi insultante, caminar hoy por las almenas y las plazas de armas que un día fueron el orgullo de la ciudad de las mil fuentes.
El Castell de Xàtiva, ese coloso de piedra que debería ser el motor cultural y turístico de la comarca, se ha convertido en el monumento a la vergüenza y el mejor ejemplo de la desidia institucional. Mientras el equipo de gobierno de Roger Cerdà se llena la boca con promesas de sostenibilidad y excelencia, la realidad que captan nuestras cámaras es la de un enfermo crónico que sobrevive a base de remiendos y parches, y sobretodo por las de denuncias de las asociaciones patrimonialistas y de la intervención del Síndic d’Agravis, en una clara muestra de desprecio institucional.
No estamos ante un problema de falta de presupuesto, por más que las administraciones pretendan camuflarlo con esta eterna excusa, sino ante una claudicación ética y técnica. Lo que está ocurriendo en la fortaleza setabense es un atentado silencioso contra un Bien de Interés Cultural (BIC) que, por ley, debería estar protegido y vigilado por la Generalitat Valenciana. Sin embargo, tanto el Ayuntamiento como la Conselleria de Cultura parecen haber firmado un pacto de mutua ceguera y siguen dejando pasar los años.
El escándalo de las antenas: Cerdà ignora al Síndic d’Agravis
El punto más sangriento de esta gestión —o falta de ella— es la permanencia de antenas y repetidores ilegales. Es inaudito que en pleno 2026, tras años de denuncias ciudadanas y recomendaciones directas del Síndic d’Agravis, estos artefactos sigan perforando y mancillando la silueta del Castell de Xàtiva. Y más inaudito aún, que en su día fueran autorizadas por alguien, saltándose todos los controles y la legislación vigente en materia de patrimonio cultural.
La ley es clara: un entorno BIC no puede ser utilizado como soporte para infraestructuras de telecomunicaciones que rompan su integridad visual y física. ¿Por qué el gobierno municipal de Roger Cerdà ignora sistemáticamente la orden de retirada? ¿A qué se debe la dilación y los retrasos a la hora de retirarlas? Mantener estos equipos no es sólo una infracción estética; es un desacato a las autoridades de control que deja a Xàtiva en una posición de vulnerabilidad jurídica y de descrédito patrimonial.
De la piedra al ladrillo: décadas de «provisionalidad»
Las imágenes que acompañan este artículo son la prueba más clara y evidente de un crimen contra la historia, el patrimonio y la arqueología. Observamos muros y almenas con grietas profundas que amenazan la estabilidad de ciertos tramos. Pero lo más vergonzoso son los parches. Encontramos ladrillo hueco y cemento de baja calidad sellando huecos en muros milenarios; parches que, según los registros, llevan décadas allí sin que nadie se haya molestado en revertir unos elementos que son impropios a la propia naturaleza del Castell de Xàtiva. Y lo más grave es que, aún sabiéndolo, no se hace nada.
¿Cómo es posible que una restauración «provisional» se convierta en perpetua? En cualquier otra ciudad con respeto por su historia, estos remiendos habrían sido sustituidos por piedra y morteros de cal compatibles en un tiempo más que razonable. Aquí, en la Xàtiva de Roger Cerdà y de sus predecesores (Alfonso Rus) el ladrillo caravista parece haberse cronificado en este bien patrimonial. Es la estética de una chapuza propia de Pepe Gotera y Otilio, elevada a política municipal.
El diablo está en los detalles: Suciedad y desidia
Si levantamos la vista de los muros y miramos hacia los elementos muebles, el panorama no mejora. Los cañones de bronce, piezas de artillería que narran siglos de conflictos y defensa, se han convertido en papeleras improvisadas que nadie límpia. La acumulación de suciedad y residuos en su interior no sólo es una falta de respeto al objeto histórico, sino que acelera los procesos de corrosión del metal.
Ver vallas de obra galvanizadas sustituyendo tramos de muralla o impidiendo el paso de forma cutre y «provisional» perpetua es la firma de una administración que ha arrojado la toalla.
Las pintadas delictivas se han perpetuado en los muros del castillo ante la pasividad municipal. Es inadmisible encontrar pintadas y grafitis modernos sobre los muros y en el interior de las puertas, que no sólo no se borran, sino que se superponen a inscripciones históricas de incalculable valor. Esta desidia borra nuestra memoria: al no limpiar las agresiones actuales, el Ayuntamiento permite que el vandalismo reciente devore los grafitis originales que narran siglos de asedios, convirtiendo un monumento nacional en un muro de barrio abandonado.
La falta de respeto llega al corazón de la musealización. Resulta desolador encontrar lápidas y placas conmemorativas de mármol partidas en pedazos y abandonadas sobre la tierra. Fue colocada por Gregorio Molina con la colaboración de Carlos Sarthou en los años 50. Una de estas lápidas, situada en la puerta de Anibal del Castell Menor, está rota y algunos fragmentos ya han desaparecido. Debería estar guardada y custodiada, y no en este estado. Es la metáfora perfecta de su gestión: la historia de Xàtiva, literalmente, hecha añicos bajo los pies de los turistas que pagan una entrada para ver este desastre.
La instalación eléctrica parece diseñada por un enemigo de la seguridad. Cables de alta tensión y mangueras negras cuelgan sin control sobre los muros, entrando en casetas de ladrillo que rompen cualquier armonía visual. El cableado se introduce en huecos históricos de forma agresiva, aumentando el riesgo de incendios o daños por humedad.
No menos sangrante es el estado de abandono del aljibe superior del Castell Major, una pieza de ingeniería hidráulica histórica que hoy languidece convertida en un estanque de aguas putrefactas en las que parece vivir el Monstruo del Pantano.

Lo que debería ser un ejemplo de conservación de los sistemas de almacenamiento de agua medievales es hoy una «sopa» de algas, lodo y suciedad acumulada durante años de absoluta falta de mantenimiento. La ausencia de una limpieza regular ha convertido este espacio en un foco de insalubridad que no solo desprestigia la visita turística, sino que compromete la integridad de la estructura interna del depósito. El agua estancada, lejos de ser un recurso estético o histórico, es hoy el espejo donde se refleja la desidia de un Ayuntamiento que ni siquiera es capaz de garantizar la higiene básica en el punto más elevado y emblemático de su patrimonio.
Los responsables: Nombres y apellidos
Esta situación tiene responsables directos. En primer lugar, el actual alcalde Roger Cerdà. No se puede dirigir una ciudad como Xàtiva viviendo de espaldas a su mayor activo. La gestión del Castell de Xàtiva no puede limitarse a cobrar la entrada y mantener, de aquella manera, el jardín; requiere una labor de exigencia técnica y de presión política que brilla por su ausencia.
En segundo lugar, la Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana. Su función es la de tutela. Si el Ayuntamiento no cumple, la Conselleria debe intervenir de oficio. Su pasividad ante las antenas ilegales y el deterioro estructural la convierte en cómplice necesaria de esta degradación. El patrimonio valenciano no es una propiedad privada del político de turno; es una herencia que estamos obligados a entregar intacta, o incluso en mejor estado, a la siguiente generación.
Conclusión: ¿A qué esperan?
¿Esperan a que se caiga una torre para anunciar una inversión de emergencia? ¿Esperan a que un turista resulte herido por un desprendimiento en una almena agrietada? El estado actual del Castell de Xàtiva es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos y un desprecio a la memoria de nuestros antepasados. Y ya ha habido desprendimientos y hay zonas acordonadas y cerradas al público que hace años no se pueden visitar (aljibe árabe) y que permanecen ocultas por la vegetación y completamente olvidadas.
La asociación Círculo por la Defensa del Patrimonio, que llevan denunciando estos hechos desde hace años, han exigido en numerosas ocasiones un plan de choque inmediato para el Castell de Xàtiva que incluya:
- La retirada inmediata de todas las antenas y repetidores ilegales, incluyendo cuartos y estructuras de ladrillo y con puertas metálicas, creadas expresamente para servir de fuente de alimentación a las mismas.
La sustitución de todos los parches de ladrillo y hormigón, colocados hace décadas, por materiales compatibles y respetuosos con el BIC, así como la retirada de todos los elementos impropios de un bien patrimonial con el máximo grado de protección.-
Un programa de mantenimiento preventivo para los cañones de bronce, los sistemas de evacuación de aguas y la limpieza regular de los aljibes.
Sr. Cerdà, Sra. Consellera: el tiempo de las fotos, de la venta de humo en FITUR y las palmaditas en la espalda se ha acabado. El Castell de Xàtiva agoniza por la indolencia de unas administraciones que están demostrando no estar a la altura. Si no son capaces de cuidarlo, dejen paso a quienes sí entiendan que gobernar es, ante todo, conservar lo que nos define. Las piedras no votan, pero tienen memoria. Y la memoria de Xàtiva les señalará como los gestores que permitieron que el castillo se cayera a pedazos por pura indolencia política.


























