Elena Martí: cuando la naturaleza habla a través de las heridas
La artista catalana trabaja con raíces, óxidos y papeles artesanales para construir un diálogo visual con lo efímero.
Para Elena Martí, la naturaleza no es un tema decorativo ni una excusa estética. Es una presencia constante que atraviesa cada obra, cada gesto, cada material que llega a sus manos. Desde su estudio, la artista catalana ha desarrollado durante años un lenguaje propio donde paisajes, formas orgánicas y trazos evocadores conviven con una filosofía más profunda: la de aceptar el paso del tiempo como parte esencial de la belleza. «Trabajo con aquello que la tierra ofrece y el tiempo transforma», explica Martí. En su taller se acumulan raíces, troncos, semillas, papeles hechos a mano con fibras naturales y metales que, al oxidarse, dibujan en su superficie el lento transcurrir de los días. Cada material llega con su propia historia, con una memoria silenciosa que la artista se encarga de amplificar.
La suya es una mirada cercana al concepto japonés de wabi-sabi: esa aceptación serena de lo imperfecto, lo fugaz, lo que está en permanente transformación. Los objetos que elige no son nuevos ni prístinos. Al contrario, busca aquellos que han sufrido la erosión, el desgaste, la corrosión. Al descontextualizarlos, revelan una belleza inesperada, casi salvaje.
Sus obras parten de tierra, óxidos, pigmentos orgánicos y restos vegetales para construir paisajes que ya no son puros. Son paisajes heridos, manipulados, intervenidos por la mano humana. «No se trata de una celebración de la naturaleza idealizada», aclara la artista, «sino de una reflexión sobre su constante transformación».
En el trabajo de Martí no hay imitación, sino interrogación. Sus piezas recuperan vestigios, hacen memoria, plantean preguntas incómodas sobre nuestra relación con el entorno. Lo efímero, lo imperfecto y el cambio se convierten en metáforas de nuestra propia existencia. Y en ese gesto, la naturaleza deja de ser un paisaje contemplado para convertirse en un espejo.
Entrevista a los artistas de Russafa
Desde este medio de comunicación hemos realizado una serie de entrevistas a diferentes artistas de Russafa. Y la segunda protagonista es Elena Martí, a la que hemos planteado las siguientes siete preguntas.
1. Su trabajo reflexiona sobre el residuo y la naturaleza ¿En qué momento decidió que el material reciclado era su principal lenguaje?
Mi trabajo parte más bien de una reflexión sobre la relación entre la naturaleza, el residuo y los procesos de transformación. No hubo un momento concreto en el que decidiera que el material reciclado sería mi principal lenguaje; ha sido una evolución progresiva dentro de mi práctica. A medida que avanzaba en mi investigación artística, estos materiales comenzaron a aparecer de forma orgánica. El material reciclado no es solo una elección estética, sino una consecuencia del interés por el paso del tiempo, la huella humana y la capacidad de los
objetos desechados para adquirir nuevos significados. En ese sentido, convive con otros materiales y lenguajes, formando parte de un proceso abierto y en constante transformación.
2. Su obra parece sugerir que la belleza reside en lo que la sociedad suele descartar ¿es su arte un acto de denuncia o de redención del objeto?
En algunos proyectos utilizo objetos o residuos como un gesto de denuncia, señalando las huellas de la acción humana: cómo habitamos, consumimos y transformamos nuestro entorno, como en los proyectos Un mar de plástico o Direm el Mar. En otros, los incorporo como memoria y como parte del paisaje, desde una voluntad de redención… o de nostalgia.
Me atraen los objetos encontrados, aquellos que han sufrido la erosión, el desgaste o la corrosión, así como elementos naturales como las semillas cardos etc.… y que al ser descontextualizados revelan una belleza inesperada. En este gesto reconozco una afinidad con el concepto japonés de Wabi-sabi: la aceptación serena de la imperfección, la fugacidad y el fluir del tiempo.

3. Sus piezas suelen tener un carácter orgánico ¿Como interactúa su obra con el espacio expositivo de un estudio urbano de Ruzafa?
Aunque las piezas tienen un carácter orgánico, no buscan imitar ni idealizar la naturaleza. La obra se genera en el taller, en un entorno urbano como Ruzafa, entendido como un espacio de trabajo y experimentación. La obra se adapta, ocupa y dialoga con el lugar desde esa condición intermedia entre proceso y exposición.
4. La fragilidad parece un concepto clave en sus estructuras ¿busca que el espectador sienta esa vulnerabilidad?
Sí, la fragilidad es un eje importante en mi trabajo, pero no como algo meramente estético. Me interesa como condición comparada: de los cuerpos, de los ecosistemas y también de las estructuras que construimos como sociedad.
Muchas de mis piezas parecen estar en equilibrio inestable, a punto de romperse o transformarse, y eso es deliberado. Busco que el espectador perciba esa vulnerabilidad, no desde el miedo, sino desde la atención y la empatía. Cuando algo parece frágil, nos obliga a mirar de otra manera, con más cuidado.
En el proyecto “Vulnerable” hacía referencia al libro del filósofo Joan-Carles Mèlich “la condición de Vulnerable”:
“Desde el inicio, somos cuerpos que vivimos expuestos a las heridas que nos provoca el mundo…y a su vez a las heridas que nosotros infringimos al mundo”.
5. ¿Cómo logra que materiales tan rígidos o industriales acaben pareciendo formas de vida biológicas?
Trabajo esos materiales desde procesos lentos y casi orgánicos: curvar, erosionar, ensamblar, repetir gestos… como haría la naturaleza a lo largo del tiempo.
La clave está en observar cómo crece lo vivo: sus ritmos, asimetrías, tensiones y equilibrios. Además, el uso de materiales reciclados añade una dimensión vital: son materiales que ya han tenido otra existencia. Mi trabajo no busca imitar la naturaleza, sino dialogar con ella desde el contexto urbano, mostrando que incluso en lo artificial persiste una pulsión de vida.

6. ¿Qué importancia tiene el paso del empo y la degradación en su propuesta artística?
Desde hace más de veinte años trabajo con el proceso de oxidación, buscando el concepto del paso del
tiempo, la huella, la transformación …
El paso del tiempo es un elemento fundamental en mi trabajo, aunque no siempre sea visible de inmediato. Me interesa la degradación como proceso, no como pérdida, sino como transformación. En la naturaleza nada permanece intacto; todo cambia, se desgasta, se adapta, y esa lógica también atraviesa mis piezas.
Trabajo con materiales que ya tienen una historia previa —muchos de ellos reciclados— y que seguirán cambiando con el tiempo. No intento fijarlos en un estado definitivo, sino aceptar que la obra está viva, que envejece, que puede alterarse. La degradación introduce una dimensión poética y crítica a la vez: nos recuerda que incluso aquello que consideramos sólido o permanente es transitorio, y nos invita a reflexionar sobre
nuestra propia relación con el tiempo, el consumo y la memoria.
7 ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta un artista que trabaja con elementos de la naturaleza en un entorno tan asfáltico como Valencia?
El mayor reto es no romantizar ni la naturaleza ni la ciudad, sino aceptar la tensión constante entre ambas. Trabajar en un entorno tan asfáltico como Valencia implica asumir la distancia física y simbólica que existe con los procesos naturales, pero también reconocer que la ciudad es hoy otro ecosistema más.
Mi trabajo nace precisamente de esa fricción: de buscar lo orgánico en lo urbano, de introducir ritmos naturales en un contexto dominado por lo artificial y lo acelerado. El reto está en escuchar la naturaleza desde la escasez, desde los restos, los materiales reciclados, los márgenes que sobreviven en la ciudad.
En ese senti do, el entorno urbano no es un obstáculo, sino un punto de partida crítico: me obliga a replantear cómo nos relacionamos con lo vivo y qué tipo de naturaleza estamos dispuestos a preservar o reconstruir dentro de nuestras propias estructuras, un concepto que he tratado en mis ´ultimas exposiciones “La reconstrucción de la naturaleza”.
Para experimentar este diálogo y esta experiencia en primera persona con los artistas de Russafa, la mejor opción es unirse a la ruta ‘Camins d’Art Russafí‘ de CaminArt. Camins de Cultura i d’Art (referente en rutas para público local).
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Cita: Sábado 28 de febrero a las 11:00h.
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Destino: Los talleres más auténticos del barrio de Russafa.


















