VALENCIA | 7 de MARZO
Valencia ha demostrado hoy que ni el agua es capaz de apagar el fuego del sentimiento fallero. En la séptima jornada del ciclo de Fallas, la Plaza del Ayuntamiento se ha convertido en un escenario de resistencia y emoción donde la Pirotecnia Nadal Martí ha ofrecido un espectáculo que será recordado no solo por su precisión técnica, sino por la carga simbólica que ha envuelto cada detonación. Bajo una fina pero persistente lluvia, que amenazó con complicar las mechas, la firma de L’Olleria ha dado una lección de maestría artesanal, demostrando que la pólvora, cuando hay corazón detrás, no entiende de meteorología adversa.
Un homenaje teñido de malva
El disparo de este mediodía llevaba por nombre «In memoriam», una dedicatoria directa y profunda a la figura de Javier Nadal, cuyo legado sigue vivo en el ADN de esta familia de pirotécnicos. Desde los primeros avisos, el ambiente en la plaza era distinto al de otros días; había un respeto reverencial que se entrelazaba con el olor a tierra mojada.
El inicio de la mascletà ha sido una declaración de intenciones. Lejos de buscar el estruendo vacío, Nadal Martí ha apostado por una melodía pirotécnica perfectamente orquestada. El gran protagonista visual ha sido el color malva, el tono corporativo y sentimental de la casa, que ha teñido el humo y las luces, creando una estética melancólica que contrastaba con el gris del cielo valenciano. La lluvia, lejos de deslucir el acto, ha actuado como un filtro natural que realzaba la intensidad de los colores y mantenía el humo a ras de suelo, aumentando la sensación de inmersión para los miles de asistentes que no han abandonado sus puestos pese al paraguas.
Técnica, ritmo y una sorpresa final
La estructura del disparo ha destacado por su equilibrio. Durante los primeros minutos, la sucesión de ritmos y densidades de humo ha dibujado una coreografía aérea que ha mantenido la tensión en todo momento. La combinación de elementos sonoros con efectos de luz ha permitido que la mascletà se «leyera» como una partitura musical, ascendiendo en intensidad de manera orgánica.
El momento álgido ha llegado con el terremoto terrestre. La potencia ha sido tal que el suelo de la «catedral de la pólvora» ha vibrado con una fuerza inusitada, recorriendo las piernas de los presentes hasta el pecho. Pero el sello de autor de Nadal Martí ha llegado con una sorpresa inesperada integrada en el tramo final, un giro en la cadencia que ha dejado al público en un segundo de suspenso antes de romper en el espectacular bombardeo aéreo. El cielo se ha cerrado con una descarga de sonido y fuego que ha servido como el broche de oro perfecto para el homenaje a Javier Nadal.
Balance de la jornada y atención sanitaria
Como es habitual en eventos de esta magnitud, el dispositivo de seguridad y emergencias ha trabajado intensamente. A pesar de que la lluvia suele disuadir a los espectadores más ocasionales, la plaza presentaba un lleno absoluto. Los servicios de Cruz Roja han informado de un balance final de 18 asistencias sanitarias.
La mayoría de las intervenciones han sido de carácter menor, provocadas por la tensión del momento o las condiciones climáticas. Sin embargo, el equipo médico ha tenido que gestionar dos traslados hospitalarios: uno debido a una intoxicación y otro relacionado con una descompensación por hiperglucemia. La rápida actuación de los efectivos desplegados en los alrededores del consistorio ha garantizado que ambos incidentes fueran controlados sin mayores complicaciones para la seguridad general del evento.
Al terminar el estruendo, y mientras el color malva se disipaba entre las gotas de lluvia, la Plaza del Ayuntamiento ha estallado en una ovación cerrada. No solo se aplaudía la técnica de una gran pirotecnia, sino la resiliencia de un pueblo y una familia que, incluso bajo el agua, saben cómo hacer que el cielo de Valencia hable.

























