VALÉNCIA. – Lo que debió ser una cumbre de soluciones se convirtió ayer en el acta de defunción de la movilidad digna para los valencianos. Tras tres horas de reloj en una Junta Local de Seguridad que se antojaba decisiva, la alcaldesa de Valéncia, María José Catalá, y la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, abandonaron el consistorio con una noticia que ha caído como un jarro de agua fría, o más bien como una bofetada de realidad, sobre los ciudadanos: la «solución» para que los trenes de Cercanías lleguen al centro durante la semana fallera se pospone, oficialmente, hasta las Fallas de 2027.
Es decir, otro año de caos. Otro año de transbordos en mitad de la nada. Otro año en el que Valéncia, la tercera capital de España, admite su incapacidad para gestionar el transporte público en su fiesta grande mientras presume de «Capitalidad Verde» o «Potencia Turística».
El muro de la vergüenza en Albal
Para entender la magnitud del despropósito, hay que mirar al sur. Los usuarios de las líneas C1 (Gandia) y C2 (Xàtiva), las arterias que bombean la sangre de la provincia hacia el corazón de la fiesta, se encuentran con un muro invisible. El dispositivo de seguridad, blindado ayer por la incapacidad de acuerdo entre el Ayuntamiento y el Ministerio, condena a decenas de miles de personas a ser «pasajeros de segunda».
El plan es el mismo que ha despertado la indignación popular en las últimas semanas: los trenes mueren en la estación de Albal. Allí, en una infraestructura que no fue diseñada para absorber semejante flujo humano, los falleros y visitantes son obligados a desembarcar para subir a autobuses lanzadera. Un «vía crucis» que convierte un trayecto de 30 minutos en una odisea de más de una hora, con esperas al sol, colas interminables y una sensación de abandono institucional que ayer se ratificó con firmas y sellos oficiales.
Tres horas de «pim-pam-pum» político
La reunión de ayer fue el escenario de un espectáculo bochornoso. Durante 180 minutos, las dos máximas responsables de la seguridad y la gestión en la ciudad se enzarzaron en un cruce de culpas que poco tiene que ver con el bienestar del ciudadano y mucho con la táctica electoral.
Por un lado, la Delegación del Gobierno se escuda en los informes técnicos de la Policía Nacional y Protección Civil, que alertan de que la llegada masiva de trenes a la Estació del Nort entre las 13:00 y las 15:00 horas podría provocar un colapso «de riesgo vital» en la calle Xàtiva. Por otro, el Ayuntamiento acusa al Gobierno de España de no querer invertir en el refuerzo necesario para que ese flujo sea ordenado, calificando el corte ferroviario como un «castigo» a la movilidad de los valencianos.
Mientras las instituciones se lanzan los trastos a la cabeza, la realidad es que a día de hoy, 14 de marzo, con la ciudad ya rugiendo de pólvora, no hay plan B. El aplazamiento a 2027 no es más que una patada hacia adelante, una confesión de incompetencia compartida que deja a Valéncia como una ciudad incapaz de garantizar que un ciudadano de Cullera o Alzira pueda llegar al centro de su capital sin que le cueste la salud.
Un agravio comparativo insostenible
La indignación en las calles es palpable. «Es una vergüenza que vendan las Fallas al mundo entero y luego nos traten como ganado, cortándonos el paso antes de entrar a nuestra propia ciudad», comentaba ayer un usuario de la C2 en la estación de Xàtiva.
Lo que más duele al valenciano es el agravio comparativo. Se pregunta el ciudadano de a pie cómo es posible que otras grandes ciudades gestionen eventos masivos con planes de contingencia dinámicos, mientras que en Valéncia la única solución que se ofrece es el cierre y el recorte. La incapacidad de coordinar un dispositivo de seguridad que permita la entrada escalonada o el refuerzo de accesos es, a ojos de los expertos en movilidad, un fracaso administrativo sin paliativos.
«Nos piden que dejemos el coche en casa para ser sostenibles, pero cuando llega el momento de la verdad, nos quitan el tren y nos obligan a hacer transbordos tercermundistas», denuncian desde las plataformas de usuarios de Cercanías.
2027: Una promesa que suena a burla
El anuncio de que se trabajará en un «estudio técnico serio» para 2027 suena a burla en una ciudad que lleva décadas gestionando la mayor fiesta de masas de España. ¿Hacen falta tres años para diseñar un flujo de salida de pasajeros seguro? ¿Tan difícil es coordinar a la Policía Local, Nacional y los servicios de Renfe para que la Estació del Nort no sea una ratonera?
La respuesta parece ser que no es una cuestión de técnica, sino de voluntad política y recursos. Y hoy, Valéncia carece de ambas. El resultado de la Junta Local de Seguridad de ayer es el retrato de una administración que ha claudicado. Una administración que prefiere el camino fácil del prohibicionismo antes que el esfuerzo de la gestión eficiente.
Conclusión de las Fallas 2026: La fiesta del «sálvese quien pueda»
Estas Fallas de 2026 pasarán a la historia no solo por sus monumentos o su luz, sino por ser las del bloqueo ferroviario. Mientras los políticos se felicitan por haber mantenido la «seguridad» en los papeles, miles de valencianos sufrirán en sus carnes la desidia de quienes, tras tres horas de reunión, fueron incapaces de encontrar una solución que no fuera esperar al año que viene. O al siguiente.
La vergüenza ya está servida, y el olor a pólvora este año viene acompañado de un regusto amargo a incompetencia. Valéncia se apaga un poco más en sus vías, mientras sus dirigentes ya piensan en las fotos de 2027, olvidando que los ciudadanos votan, viajan y sufren en el presente.
Ninguna de las dos protagonistas, ni las cuentas de X del Ajuntament de Valéncia ni de la Delegación del Gobierno han sido capaces de subir fotos ni nada sobre esta importantes reunión de tres horas de duración para miles de valencianos.
¿Se avergüenzan ustedes de sí mismas?. Los valencianos sí nos avergonzamos de una alcaldesa y una delegada del Gobierno que pretende arrebatarle la alcaldía incapaces de ponerse de acuerdo por el bien de los valencianos…
















