VALENCIA – Las Fallas de 2026, marcadas por una afluencia de visitantes sin precedentes, están dejando un rastro de incidentes que reabren el debate sobre el uso de la pirotecnia en manos inexpertas. En las últimas 48 horas, dos sucesos de gravedad —un incendio en el Jardín del Turia y un susto eléctrico en el corazón de Ruzafa— han encendido las alarmas de los servicios de emergencia y las autoridades municipales.
El «pulmón» de Valencia, bajo las llamas
El incidente más alarmante tuvo lugar la pasada tarde en el cauce del río Turia, a la altura del Puente de Monteolivete. Un ejemplar adulto de árbol salió ardiendo tras recibir el impacto directo de un petardo de alta potencia. Las llamas, alimentadas por la sequedad de la vegetación y la brisa característica de marzo, se propagaron rápidamente por la copa, generando una columna de humo visible desde gran parte de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
A pesar de que el bando fallero prohíbe taxativamente el disparo de cualquier artefacto pirotécnico en el interior del Jardín del Turia por su valor ecológico y su vulnerabilidad, la falta de civismo volvió a imponerse. «Es una imprudencia temeraria. El cauce es un polvorín en estas fechas y un solo petardo puede provocar un desastre medioambiental en pleno centro», lamentaban fuentes de los Bomberos de Valencia, quienes tuvieron que intervenir de urgencia para evitar que el fuego saltara a los arbustos colindantes.
Tensión en Ruzafa: Fuego entre bombillas
Casi de forma simultánea, el pánico se apoderó de la demarcación de Sueca-Literato Azorín. En uno de los puntos neurálgicos de la fiesta, famoso por sus monumentales iluminaciones, parte del cableado y los elementos decorativos de la instalación lumínica comenzaron a arder.
La rápida reacción de los propios falleros y vecinos, que echaron mano de extintores manuales, evitó que el incendio se propagara por el entramado eléctrico de la calle, lo que habría supuesto un riesgo eléctrico masivo en una zona de alta densidad de público. Según los testigos, el origen fue de nuevo un petardo «descontrolado» lanzado desde una zona próxima, cuyas chispas prendieron los materiales sintéticos de la decoración.
El desafío de la «pólvora ciudadana»
Estos episodios no son hechos aislados. Según el balance provisional de Protección Civil, los incidentes por quemaduras leves y pequeños focos de incendio en mobiliario urbano han repuntado un 15% respecto al año anterior. El perfil del causante suele ser el mismo: personas no expertas o turistas que ignoran las distancias de seguridad y las categorías de los artefactos.
El Ayuntamiento de Valencia ha recordado que el lanzamiento de petardos debe realizarse siempre en zonas abiertas, lejos de monumentos, árboles y fachadas. Sin embargo, la realidad de las calles muestra una estampa distinta: el uso de «truenos de aviso» y otros explosivos de Clase III en calles estrechas y bajo balcones se ha convertido en una constante difícil de fiscalizar.
Con la Cremà a la vuelta de la esquina, las autoridades piden «máxima responsabilidad». La fiesta del fuego no puede convertirse en la fiesta del riesgo. Valencia se prepara para su noche más mágica, pero lo hace con la mirada puesta en un cielo que, además de fuegos artificiales, hoy desprende el humo de la imprudencia.


















