Un informe basado en datos de la Universidad de Purdue establece el coste de la felicidad en una media de 77.000 euros anuales en el país, situando a Valencia y Alicante como las más caras de la Comunitat frente a Castelló.
¿Se puede comprar la felicidad o, al menos, ponerle un precio de salida? Una reciente investigación de la Universidad de Purdue (Estados Unidos), analizada y publicada por la plataforma financiera Remitly, ha intentado responder a esta eterna pregunta calculando el nivel de ingresos anuales necesarios para alcanzar el bienestar emocional en las principales ciudades españolas, tomando como referencia directa el coste de la vida y el acceso a la vivienda de cada territorio.
El informe concluye que la media nacional para considerarse «feliz y pleno» en España se sitúa en torno a los 77.000 euros anuales. Sin embargo, esta cifra experimenta variaciones drásticas dependiendo de la geografía urbana. Por ejemplo, residir en Madrid eleva el listón de la felicidad financiera de forma notable, exigiendo unos ingresos cercanos a los 90.000 euros al año debido a la tensión del mercado inmobiliario y los gastos corrientes.
Valencia y Alicante, las más caras de la Comunitat
En el plano autonómico, el estudio refleja la brecha existente entre las tres provincias. Valencia y Alicante se posicionan a la cabeza de la Comunitat Valenciana como las ciudades que requieren un mayor esfuerzo e ingresos económicos para cubrir ese umbral de tranquilidad y satisfacción, impulsadas por el encarecimiento de los servicios y los alquileres.
Por el contrario, Castelló se consolida como la capital más asequible y ventajosa de la región para lograr un nivel de vida plenamente satisfactorio con un presupuesto notablemente menor, quedando fuera de las posiciones más caras de la tabla comparativa.
El límite psicológico: el dinero no lo es todo
¿Por qué se llega a estas conclusiones numéricas? La psicóloga Raquel Muñoz, directora del centro Emocional-Mente, ha explicado en declaraciones a À Punt las bases científicas de esta relación entre ingresos y bienestar: “Existe una cifra económica con la que consigues tener cubiertas todas tus necesidades básicas, y alcanzar ese punto nos alivia el estrés diario y nos hace sentir mejor de forma inmediata”.
No obstante, los propios autores de la investigación de la Universidad de Purdue lanzan una advertencia clara: una vez superado ese umbral de seguridad financiera, la curva de la felicidad se estanca. A partir de esa cantidad, el dinero ya no incrementa el bienestar emocional de las personas, obligando a buscar la satisfacción en factores no materiales como las relaciones personales, el tiempo libre o el desarrollo interior.















