El Índice de Precios de Consumo (IPC) se estanca en el 3,2%, impulsado por el encarecimiento de los combustibles, los seguros y los viajes. Por su parte, la OCU denuncia una preocupante «pérdida de transparencia» en el registro de los precios de los alimentos y exige rebajar el IVA de la carne y el pescado al 4%.
Madrid, 16 de junio de 2026. – La persistente tensión geopolítica internacional sigue pasando una abultada factura a la economía doméstica española. El Índice de Precios de Consumo (IPC) correspondiente al mes de mayo ha consolidado su tasa interanual en un 3,2%, una cifra que, si bien muestra una contención general, esconde en su desglose fuertes desequilibrios que golpean directamente al bolsillo de los consumidores. Según ha advertido este martes la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el bloqueo en el estrecho de Ormuz se ha erigido como el principal catalizador de una nueva espiral alcista en los derivados del petróleo, desencadenando un efecto cascada sobre el transporte y el turismo.
Los datos revelan que la crisis en esta arteria vital para el comercio mundial de crudo ha dinamitado los precios de los combustibles. El gasóleo de calefacción lidera el ranking de los productos que más se han encarecido, registrando una asfixiante subida interanual del 48,8%, a pesar de haber experimentado un ligero respiro durante el propio mes de mayo. La presión en los surtidores también es evidente para los conductores: el gasóleo de automoción acumula un incremento del 23,9%, mientras que la gasolina cuesta hoy un 7,5% más que en las mismas fechas de 2025.
El turismo y los servicios básicos, arrastrados por la inercia
Como era previsible, este encarecimiento de la energía fósil se ha trasladado de forma automática al sector de la movilidad y el turismo, justo a las puertas de la temporada estival. Viajar hoy es significativamente más gravoso que hace un año. El transporte combinado de pasajeros ha experimentado un salto del 26,6%, un porcentaje que la OCU achaca no solo al coste del combustible, sino también a la retirada de las ayudas públicas al transporte que se aprobaron durante la anterior crisis de precios. Asimismo, los billetes para vuelos nacionales se han disparado un 25,5%, y los trayectos en autocar han subido un 6,8%.
Esta inercia inflacionista también ha contagiado al alojamiento vacacional. Aquellos ciudadanos que reservaron sus hoteles y apartamentos durante el mes de mayo han tenido que asumir tarifas un 8,9% superiores a las del año pasado. Las alternativas tradicionalmente más económicas tampoco se libran: los centros de vacaciones, albergues juveniles y campings han elevado sus precios un 4,4%.
Fuera del ámbito vacacional, las familias españolas se enfrentan a fuertes subidas en gastos fijos de difícil elusión. Las tasas de recogida de basuras se han encarecido de media un alarmante 26,6%. El sector asegurador también muestra un comportamiento al alza, liderado por las pólizas de salud (+8,9%), seguidas de cerca por los seguros de automóvil (+8,8%) y los de decesos y accidentes (+6,6%).
La otra cara de la moneda: alivio en el gas y la electricidad
Frente a este escenario de subidas, el IPC de mayo también arroja datos positivos para el consumidor, concentrados paradójicamente en otras fuentes de energía. Los hidrocarburos licuados, como el gas butano y el propano, han registrado una notable bajada interanual del 15,4%. No obstante, la OCU lanza una advertencia sobre este descenso: está sostenido artificialmente por los límites bimestrales de precios y por una rebaja impositiva del Gobierno que expira precisamente a finales de este mes de junio, por lo que es previsible un inminente cambio de tendencia.
Por otro lado, la factura de los hogares ha encontrado un respiro en el gas natural, que cae un 9,7%, y en la electricidad, que desciende un 5,5%. En la cesta de la compra, la única alegría destacable viene de la mano de ciertas frutas frescas de temporada —como la sandía, el melón, las uvas y los kiwis—, que son hoy un 9% más baratas.
«Apagón estadístico» en la alimentación y exigencias al Gobierno
Más allá de los porcentajes, la OCU ha aprovechado la publicación de estos datos para lanzar una dura crítica a nivel metodológico. La organización de consumidores denuncia que la reciente actualización en la clasificación del IPC ha provocado una «pérdida de detalles críticos» en un sector tan sensible como el de la alimentación.
La OCU critica la nueva metodología de opacidad del INE, un instituto cada día más opaco
Con el nuevo sistema, el Instituto Nacional de Estadística ya no distingue entre los diferentes tipos de carne (ave, vacuno, porcino) ni de pescado, eliminando también la diferenciación entre producto fresco, refrigerado o congelado. Especialmente polémico resulta el caso de los aceites: el aceite de oliva, gran protagonista de la inflación en los últimos tiempos, ha perdido su categoría propia y ahora se mezcla estadísticamente con otros aceites comestibles como el de girasol, creando una opacidad que dificulta el seguimiento real del coste de la vida.
Ante esta situación, la OCU ha instado al Gobierno a mantener una vigilancia extrema sobre subidas de precios no justificadas. La organización recuerda un dato demoledor que ilustra la pérdida de poder adquisitivo: hoy, llenar la nevera es un 36% más caro que hace un lustro. Para paliar este golpe continuo a las economías familiares, la entidad exige una nueva reducción del IVA que recupere los valores mínimos del año pasado y reclama, de forma urgente, que la carne y el pescado sean considerados de una vez por todas como «alimentos básicos», rebajando su gravamen del 10% actual al 4%.















