Valencia
Un auténtico infierno sobre raíles. Así se podría resumir la sangrante jornada que vivieron este jueves miles de usuarios en el núcleo de Cercanías de Valencia, catalogado año tras año como el más impuntual y deficiente de toda España. Mientras el mercurio rozaba los 40 grados en el exterior, Renfe y Adif volvieron a demostrar un desprecio absoluto por la dignidad y la salud de sus viajeros, condenándolos a desplazarse en convoyes abarrotados y sin aire acondicionado.

Un peligro para la salud en plena ola de calor
Lo vivido en la línea Gandía-Valencia rebasa los límites del simple retraso para convertirse en una clara negligencia. Renfe no dudó en poner en circulación un tren con el sistema de climatización averiado en plena ola de calor. El resultado: vagones convertido en una sauna sobre ruedas.
A medida que el convoy avanzaba y sumaba paradas, el hacinamiento se volvió insoportable. Viajeros exhaustos, empapados en sudor y en estado de semiinconsciencia temieron seriamente por su integridad física. En la Estación del Norte, una de las usuarias —a punto del colapso y con severas dificultades respiratorias— intentaba en vano ser atendida en un mostrador de atención al cliente desbordado, con una única empleada gestionando a decenas de afectados. La «solución» de la compañía fue tan burocrática como indolente: mostrar un cartón con un código QR para rellenar una reclamación online.
Cancelaciones, falta de espacio y «trenes borregueros»
A la avería del aire acondicionado se sumó el ya habitual rosario de cancelaciones. Mientras los pasajeros del Gandía intentaban recuperarse del sofoco, los paneles informativos anunciaban la suspensión de convoyes de la línea de Xàtiva, obligando a cientos de usuarios a esperar el siguiente tren con destino a Moixent.
La respuesta de la operadora pública ante la saturación volvió a ser nefasta: el siguiente tren circuló en composición simple. El resultado era previsible:
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Hacinamiento extremo: Trenes abarrotados al límite de su capacidad, convertidos en verdaderos trenes borregueros.
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Pasajeros en tierra: Decenas de usuarios se quedaron atrapados en el andén sin poder subir, viendo cómo su tiempo y sus compromisos se esfumaban.
«Si quieres llegar a tiempo, no cojas el tren», llegó a reconocer recientemente un alto directivo de la compañía en Madrid. Una máxima que en Valencia se cumple a rajatabla cada día.
Promesas incumplidas, abandono institucional y fuga de usuarios
Esta crisis cotidiana no es fruto del azar, sino del abandono sistemático por parte del Ministerio de Transportes, Adif y Renfe:
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Inversión testimonial: Los anunciados «planes de cercanías» son papel mojado, con ejecuciones presupuestarias que en muchos casos no llegan ni al 10% de lo prometido.
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Déficit estructural: La falta endémica de personal (especialmente maquinistas) y la escasez de material rodante provocan la cancelación sistemática de entre 4 y 5 trenes diarios.
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Fuga masiva de viajeros: El servicio ha perdido más de un millón de usuarios al año (unos 100.000 al mes). Quienes pueden, regresan al vehículo privado para garantizarse llegar a su puesto de trabajo o estudio, colapsando los accesos a la capital del Turia.
DE LAS PROMESAS A LA REALIDAD EN CERCANÍAS VALENCIA
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│ Lo que vende el Ministerio │ Lo que sufren los usuarios │
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│ Promesas de movilidad "verde" │ Retorno obligado al coche particular │
│ Planes multimillonarios en papel │ Ejecución presupuestaria < 10% │
│ "El mejor momento del ferrocarril" │ Cancelaciones y bochorno a 40°C │
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Mientras la red ferroviaria valenciana se cae a pedazos y el servicio se degrada a niveles tercermundistas, los responsables políticos prefieren tirar de propaganda en redes sociales antes que pisar la realidad de sus infraestructuras. De aquellas lluvias de desinversión vienen estos lodos: un servicio de Cercanías obsoleto, caducado y desbordado que ha dejado tirados a miles de ciudadanos cuya única culpa es intentar desplazarse en transporte público.



















