El reparto de la vergüenza en el antiguo Hospital General de Valencia
Un informe interno de la Diputación de Valencia confirma el devastador estado de los jardines del Antiguo Hospital, pero se apoya en un convenio de 2012 para lavarse las manos: traslada el baldeo de detritus al Ayuntamiento, envía la Portada Gótica al Ministerio y elude instalar cámaras o prohibir petardos.
Anatomía de un pasaje del terror institucional
El recinto del Antiguo Hospital General de Valencia —un enclave monumental catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) bajo la categoría de Monumento y que alberga tesoros como la Biblioteca Pública Pilar Faus, el Capitulet y la emblemática Ermita de Santa Lucía— se ha convertido en el escenario de una comedia de enredos burocráticos con consecuencias trágicas para el patrimonio histórico.
Tras la exhaustiva denuncia presentada el 15 de junio de 2026 por la asociación Círculo por la defensa y difusión del patrimonio cultural, la respuesta oficial dictada por la Diputación de Valencia el 24 de julio de 2026 y firmada el día 31, expone sin tapujos las vergüenzas de la gestión pública. El documento técnico, firmado por el Servicio de Proyectos Técnicos y remitido por la Diputada de Administración General, no es solo un acta notarial de la degradación biológica y vandálica del recinto; es, sobre todo, un impresionante manual de evasión de responsabilidades.
En lugar de activar una respuesta conjunta, rápida e integral de conservación preventiva, la Administración provincial ha preferido sacar el tiralíneas catastral, desempolvar un acuerdo de cesión del año 2012 y parcelar el monumento piedra a piedra para atribuir la culpa al vecino. El resultado: una espiral de desidia donde el Ayuntamiento de Valencia, la Diputación y el Ministerio de Educación se miran unos a otros mientras el ácido de los orines descompone la sillería histórica y los espráis de pintura cubren vestigios del siglo XVI.

La confesión de oficio: lo que la Diputación vio y admitió
El informe provincial no ha tenido más remedio que validar punto por punto la veracidad de los hechos denunciados por los colectivos patrimonialistas. Tras una inspección de oficio realizada in situ el pasado 9 de julio de 2026, el técnico certificó un panorama desolador inmortalizado en un anexo fotográfico de 28 tomas que retratan la impunidad vandálica en pleno centro de Valencia:
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Ataque químico por orines: El informe omite y no muestra fotografías con los orines presentes en la puerta gótica del antiguo Hospital, situada en el nº13 de la calle del Hospital. Sólo hace referencia a las nueve tomas, aportadas por la asociación denunciante, de la Portada gótica del antiguo recinto del hospital provincial, en la calle Hospital, centradas en los encuentros entre el solado de losas y el arranque de la fábrica de sillería. En todas aparecen múltiples manchas de orines con gran extensión.
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Profanación de esculturas del siglo ¿XVII?: La Diputación habla de la célebre escultura de piedra de Hipócrates (obra catalogada del siglo XVII) presenta inscripciones efectuadas con lápiz de grafito en el frente y la leyenda «EL PATRIARCA» grabada mediante rascado directo sobre su dorso pétreo. Realmente, se trata de una escultura dedicada a Esculapio (Asclepio), dios de la medicina, de la curación y la sanación, realizada en 1883 por el escultor Jose Aixa.
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Bombardeo de grafitis en el yacimiento: Firmas, anagramas e inscripciones en pintura roja, verde, negra, azul y plata ahogan fustes de columnas, basas, portadas de la antigua Facultad de Medicina y los zócalos perimetrales del recinto.
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Quemaduras por pólvora festiva: Se confirman manchas grises y negras en la cara superior de porciones de fustes de columnas pétreas producidas por la detonación directa de petardos y artefactos pirotécnicos durante festejos.
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Acumulación insalubre de basuras: Colillas, botellas, plásticos, papeles y detritus varios se amontonan de forma crónica en la base del cruce de la Biblioteca Pilar Faus y los rincones arqueológicos.

El propio informe reconoce de forma sonrojante que este vandalismo es sistémico y reincidente. La Diputación admite que ya en 2021 la Policía Local tramitó diligencias por garabatos en las columnas, lo que obligó a contratar una limpieza de emergencia a la empresa Erca restauradores. En 2023, las pintadas se repitieron exactamente en los mismos puntos y la Diputación tuvo que volver a pagar a una restauradora externa (expediente 116/23/PRT). Tres años después, el espacio vuelve a estar destrozado. La receta de la administración ante el fallo evidente del sistema ha sido, insólitamente, lavarse las manos.
La patata caliente: tres administraciones, un embrollo de portadas y un regateo burocrático
¿Cómo justifica la Diputación de Valencia su incapacidad para poner fin a este atentado patrimonial? Acudiendo al Acta de Cesión de 4 de diciembre de 2012 —firmada entre la Conselleria de Infraestructuras, el Ayuntamiento y la propia corporación provincial— y perpetrando un despropósito técnico en la identificación de los elementos del propio recinto.
En un ejercicio de malabarismo burocrático, la Diputación trocea el BIC en un «salve quien pueda» administrativo:
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| EL REPARTO DE RESPONSABILIDADES SEGÚN LA DIPUTACIÓN |
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| ADMINISTRACIÓN SEÑALADA | COMPETENCIA ASIGNADA | ELEMENTOS AFECTADOS |
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| AYUNTAMIENTO DE VALENCIA | Limpieza viaria, baldeo de | Jardines, orines, papeleras, |
| | orines, seguridad y patrullas | recreación iglesia (2012) |
| | de la Policía Local. | y mobiliario urbano. |
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| DIPUTACIÓN DE VALENCIA | Limpieza de grafitis y capas | 8 esculturas de su propiedad, |
| | protectoras solo en bienes de | 33 columnas, 151 fragmentos y |
| | su inventario. | zócalo perimetral. |
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| MINISTERIO DE EDUCACIÓN | Titularidad del suelo expropiado| Portada Gótica de la calle |
| | en 1962 (fuera de tutela | Hospital y edificio de la |
| | provincial). | Biblioteca Pilar Faus |
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Para lavarse las manos sobre las portadas del recinto, el informe llega a incurrir en una insólita confusión técnica. Durante la inspección del 9 de julio de 2026, el técnico provincial retrata repetidamente en las fotografías 16, 20, 21, 22 y 23 los severos actos vandálicos (pintadas en espray rojo, negro, azul, plata y rotulador) sobre la Portada de la antigua Facultad de Medicina, ubicada en la calle Guillem de Castro.
Sin embargo, al redactar la resolución final, la Diputación mezcla los elementos arquitectónicos y decreta que exime de sus planes de restauración a la Portada Gótica por hallarse en la parcela expropiada en 1962 por el Ministerio de Educación. Es decir: se amparan en la titularidad estatal del suelo de la calle Hospital para dejar en un limbo de desprotección los accesos históricos que sí tienen frente a sus ojos y sobre los que sí ostentan responsabilidad directa, utilizando al Ministerio como un cómodo parapeto para no intervenir.
Por su parte, al abordar los orines ácidos que carcomen la sillería, la respuesta de la entidad provincial roza el esperpento. «El Ayuntamiento de Valencia debería limpiar/mantener los elementos del jardín en sí, incluyendo los orines», concluye el informe técnico para quitarse la pelota de encima. Como cumbre de la política patrimonial, la única recomendación que aporta el técnico para evitar que las piedras del Antiguo Hospital se sigan descomponiendo bajo el ácido biológico es «valorar la conveniencia de instalar algún pipi-can». Una propuesta que resume a la perfección el nivel de la respuesta institucional ante el deterioro de un Bien de Interés Cultural
La falacia del «ladrillo de 2012»: el ataque impune al entorno del BIC
Uno de los pasajes más escandalosos y jurídicamente endebles del informe técnico es el tratamiento que concede a las pintadas que cubren las muretas de ladrillo macizo y los solados a sardinel que recrean la planta de la antigua iglesia del hospital.
El técnico provincial despacha los destrozos en este ámbito afirmando textualmente que, al tratarse de una reconstrucción entregada en 2012, «dichas fábricas carecen de valor patrimonial» y, por tanto, «los grafitis no afectan a elementos arquitectónicos o arqueológicos con valor patrimonial».

Esta afirmación supone un atropello conceptual y legal al espíritu de la legislación sobre patrimonio cultural:
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La ceguera del Entorno de Protección: El redactor del informe olvida deliberadamente que el Antiguo Hospital General no es una colección de cromos sueltos, sino un Monumento BIC delimitado. La Ley 4/1998 del Patrimonio Cultural Valenciano protege no sólo a la piedra medieval, estrictamente, sino su Entorno de Protección. Permitir que las reconstrucciones paisajísticas que evocan la planta de la antigua iglesia se conviertan en un estercolero lleno de espráis degrada de forma irreversible la percepción visual, la dignidad y el valor del conjunto monumental.
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La degradación de las ermitas del recinto: El espacio ajardinado no es un parque cualquiera; está flanqueado por la Ermita de Santa Lucía (declarada BIC) y por el área sagrada de la antigua ermita de la Cofradía de la Mare de Déu dels Desamparats (conocida popularmente como el Capitulet, lugar donde nació la advocación de la patrona de Valencia). Pretender que vandalizar la recreación de la iglesia contigua no afecta al patrimonio porque el ladrillo es de 2012 es un sinsentido.
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Miseria estética: Decir que una mureta no importa porque se levantó en 2012 evidencia la rendición de la Administración ante los incívicos. Si el Ayuntamiento no lo limpia porque «es un jardín» y la Diputación no lo restaura porque «no es antiguo», el corazón del Parque de la Cultura queda condenado al abandono perpetuo.
Cero prevención: la Diputación omite cámaras, policía y límites a los petardos
El análisis detenido del informe pone de manifiesto un silencio atronador: la ausencia absoluta de medidas preventivas para que el dinero público no vuelva a tirarse a la basura dentro de dos años.
La Diputación se limita a anunciar que enviará el expediente al laboratorio de restauración del Museo de Prehistoria o a la Sección de Restauración de Bétera para volver a limpiar las piedras. Es decir, se preparan para gastar de nuevo miles de euros del contribuyente en borrar firmas, pero no proponen ni una sola medida de seguridad para evitar que los delincuentes pintamonas actúen al día siguiente.
El informe omite tajantemente:
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Ni rastro de videovigilancia: No se solicita ni se contempla la instalación de cámaras de alta resolución conectadas con la Policía Local para identificar y sancionar a los autores de los grafitis.
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Sin refuerzo policial: Pese a constatar que en el jardín se dan pernoctas, consumo de alcohol y reuniones nocturnas de personas «con o sin voluntad de escribir, dibujar o grafitear», la Diputación no exige al Ayuntamiento un plan de patrullaje permanente de la Policía Local.
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Complicidad con el uso pirotécnico: A pesar de haber fotografiado y verificado que las columnas históricas tienen quemaduras negras por explosión de petardos, el informe no exige la prohibición del disparo de pirotecnia en el recinto durante las Fallas u otros festejos. Se asume la destrucción por pólvora como un peaje ineludible.
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Sin cierre perimetral nocturno: No se plantea blindar los accesos o acordonar las áreas arqueológicas más sensibles durante la noche para impedir el vandalismo itinerante.
Un pacto de la inactividad que debe acabar en los tribunales
El documento remitido por la Diputación de Valencia es la prueba definitiva de que la gestión del patrimonio valenciano sufre una parálisis por hipertrofia burocrática. Cuando un monumento catalogado con la máxima protección legal es víctima de ataques biológicos y químicos continuados, los ciudadanos no esperan un tratado sobre qué parcela se expropió en 1962 ni una recomendación de instalar «pipi-canes». Los ciudadanos exigen que las instituciones cumplan la ley.
El Ayuntamiento de Valencia no puede seguir ignorando que el baldeo de orines y la suciedad en el entorno del MuVIM es su responsabilidad directa. La Diputación de Valencia no puede limitar su papel al de un mero taller de restauración reactivo que acude cada dos años a borrar grafitis mientras contempla de perfil cómo la Portada Gótica o las muretas de la iglesia se llenan de orines y pintadas. Y la Conselleria de Cultura —la gran ausente en este cruce de cartas— tiene la obligación legal de ejercer como mando único, tutelar el BIC e imponer a ambas entidades locales un plan de choque con plazos de ejecución forzosa.
Si la alcaldesa María José Catalá y el presidente de la Diputación, Vicente Mompó, no se sientan de inmediato para unificar la gestión, dotar al jardín histórico de cámaras de vigilancia, prohibir los petardos sobre piedras protegidas e imponer la presencia policial, el siguiente paso de la sociedad civil no será otra queja administrativa. Será la interposición de una querella ante la Fiscalía de Medio Ambiente y Patrimonio Histórico por un presunto delito de prevaricación por omisión. El patrimonio de todos no se defiende con baladíes excusas de despacho; se defiende con presupuesto, policía y voluntad política. Y en el Antiguo Hospital General, hoy por hoy, de eso no queda nada.
















