El Ejecutivo español responde prorrogando las restricciones de vuelos y conexiones marítimas con Italia tras la extensión del bloqueo de Schengen por parte del Gobierno de Meloni.
MADRID/ROMA. — La gestión diplomática del Gobierno de Pedro Sánchez en el frente sur y europeo ha alcanzado un nivel de tensión inédito dentro de la Unión Europea. Tras cumplirse un mes del repunte en la presión migratoria sobre la ciudad autónoma de Ceuta, el Gobierno italiano ha anunciado una prórroga de 15 días en la suspensión del acuerdo de Schengen y el refuerzo de los controles a los pasajeros procedentes de España en aeropuertos y puertos. Roma justifica la medida argumentando el riesgo de «movimientos secundarios» no controlados tras la crisis fronteriza.
En lugar de rebajar la tensión, la respuesta del Palacio de la Moncloa ha sido inmediata y recíproca: se mantienen los mismos controles y restricciones para los trayectos con origen en Italia, extendiéndose el dispositivo a los principales puertos españoles. Fuera de micrófonos y en comparecencias informales, fuentes gubernamentales tildan de «desleal» y «desproporcionada» la postura de Roma.
Mismos hechos, dos varas de medir
El choque frontal con Italia contrasta significativamente con el tono mantenido hacia Rabat. A pesar de las críticas procedentes de los grupos de la oposición y de diversos analistas geopolíticos —que señalan a Marruecos por su pasividad o instrumentalización del control de fronteras en la valla ceutí—, el Gabinete de Sánchez insiste en calificar al reino alauí de «socio fiable, clave y amigo estratégico».
Esta asimetría en las relaciones internacionales suscita perplejidad en diversos sectores políticos y diplomáticos en España:
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Frente interno: Se cuestiona por qué la contundencia diplomática mostrada hacia un socio comunitario como Italia no se aplica con la misma firmeza ante Rabat para exigir un control fronterizo efectivo.
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Schengen en jaque: La réplica mutua de restricciones de movilidad interior abre una fisura legal y operativa en la libertad de circulación comunitaria que preocupa seriamente a Bruselas.
Falta de datos oficiales y peticiones a la Unión Europea
A la tensión diplomática se suma la controversia por la falta de balances oficiales consolidados un mes después de los incidentes en el perímetro fronterizo. El Ministerio del Interior aún no ha ofrecido una cifra pública y definitiva respecto a:
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El número total de entradas irregulares registradas en la ciudad autónoma.
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La cantidad de personas que permanecen alojadas temporalmente en las instalaciones ceutíes.
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El censo exacto de menores extranjeros no acompañados (MENA) bajo tutela institucional y pendientes de filiación.
Ante la saturada capacidad asistencial local, el Ejecutivo ha vuelto a recurrir a las instituciones comunitarias. Sin embargo, Bruselas ha mostrado reservas en anteriores solicitudes durante las últimas semanas, supeditando el envío extraordinario de partidas económicas y efectivos del cuerpo europeo Frontex a un inventario preciso y detallado de los migrantes llegados a suelo español.
















