La Región de Murcia suma 110 desembarcos en lo que va de 2026 tras la interceptación de dos nuevas embarcaciones en las últimas 24 horas. El desvío de las redes de tráfico humano eleva la tensión en la costa murciana, marcada por tragedias en alta mar y un CATE al límite.
CARTAGENA.— La presión migratoria que mantiene en vilo a las autoridades de Ceuta se ha extendido con virulencia hacia el litoral levantino. La denominada «ruta argelina» ha consolidado a Cartagena como uno de sus principales puntos de llegada en el Mediterráneo, sumando en las últimas 24 horas dos nuevas pateras. Con estos últimos rescates, la cifra oficial alcanza los 110 desembarcos en la Región de Murcia en lo que va de 2026.
La intensidad de las llegadas no solo refleja un aumento cuantitativo de la actividad de las mafias, sino también la extrema peligrosidad de las travesías. En una de las intervenciones más recientes, un avión de vigilancia avistó a unas 40 millas de la costa cartagenera una embarcación precaria a la deriva, sin motor y cargada con 23 ocupantes que llevaban dos días desorientados bajo un sol abrasador. Según confirmaron fuentes policiales, entre las víctimas fatales de la travesía figura un bebé cuya muerte se produjo en alta mar antes de ser arrojado al agua, además de dos adultos que sucumbieron a la deshidratación y la falta de suministros tras varias jornadas perdidos.
Redes clandestinas y desvío de rutas
El recrudecimiento de las llegadas a la costa murciana coincide temporalmente con la saturación y el estrechamiento de los controles en la frontera de Ceuta. Este escenario ha llevado a las redes de tráfico de personas con base en el norte de África a reestructurar sus rutas, intensificando las salidas rápidas desde las costas argelinas hacia las de Murcia y el archipiélago balear.
Sindicatos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y autoridades locales han denunciado que las instalaciones del Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de Cartagena y los recursos asistenciales de la zona están operando al borde del colapso. La constante llegada de embarcaciones —tanto lanchas rápidas como pateras precarias— ha multiplicado los llamados para reforzar de manera urgente los medios materiales y la plantilla de efectivos policiales en el litoral del Levante.
















