El arranque de los trabajos en San Agustín destapa un calendario modificado al pairo de las urnas de 2027, mientras la remodelación definitiva de la plaza del Ayuntamiento se aplaza hasta 2035 y proyectos clave como Pérez Galdós o la avenida del Oeste quedan paralizados en el atasco de la gestión municipal.
VALÉNCIA. — Este mes de septiembre han dado comienzo, por fin, las obras de rehumanización de la plaza de San Agustín de Valéncia. Sin embargo, lo que desde el equipo de gobierno local se pretende vender como un hito de transformación urbana no es más que el inicio de un laberinto de plazos, parches e imprecisiones estratégicamente diseñados para llegar a la cita electoral de mayo de 2027. Más de tres años ha tardado la alcaldesa, María José Catalá, en ejecutar un proyecto que el anterior ejecutivo del Botànic y la exconcejala de Urbanismo socialista Sandra Gómez dejaron listo y derribado a falta únicamente del trámite de licitación. Una tardanza injustificable que pone de manifiesto la parálisis y la falta de rumbo claro en el modelo de ciudad de la actual corporación.
Las imágenes que ofrece la plaza de San Agustín desde hace más de seis años son el reflejo palpable de este despropósito. Tras la intervención táctica de 2020 —que eliminó las paradas de autobuses para dar paso a una explanada de cemento trufada de maceteros—, la escena roza el esperpento: dos marquesinas de la EMT permanecen descontextualizadas en medio de una plaza peatonal mientras que, insólitamente, a apenas cien metros de distancia, la nueva parada de autobús carece de marquesina, asientos o cobijo alguno para los usuarios. Lejos de atajar la situación con celeridad, el ejecutivo de Catalá ha ralentizado el proceso hasta hacer coincidir el final del proyecto con la recta final del mandato.
Un calendario alterado por la urgencia electoral
El cronograma de actuación en el eje del centro histórico ha sufrido un giro copernicano que solo se explica en clave electoralista. Hace apenas unos meses, la propia alcaldesa aseguró públicamente que las obras del proyecto de reurbanización arrancarían en el tramo de la calle San Vicente Mártir (entre plaza de España y San Agustín) y que, posteriormente, se acometería la plaza de San Agustín tras dar por concluidos los trabajos de la calle Colón. Sin embargo, con Colón todavía empantanada y sin finalizar, los planes se han alterado de forma repentina.
Hay prisa. El Ayuntamiento necesita desesperadamente inaugurar y cortar cintas antes de mayo de 2027 para justificar que se ha llevado a cabo alguna actuación de calado durante estos cuatro años de legislatura. Así, las obras de la plaza de San Agustín se extenderán de septiembre de 2026 a mayo de 2027. El tramo suspendido de San Vicente entre Plaza de España y San Agustín no se tocará hasta septiembre u octubre de 2027, con previsión de finalizar en mayo de 2028. Peor suerte correrá la reforma de la avenida del Oeste, relegada al otoño de 2028 y cuya conclusión no se atisba antes de 2030.
La plaza del Ayuntamiento, empantanada hasta 2035
El auténtico estropicio de las continuas «repensaetes» promovidas por Catalá se vivencia en la plaza del Ayuntamiento. Tras otorgarse el año pasado la licitación de la redacción del proyecto al equipo ganador del concurso de ideas, los planos definitivos debían haberse entregado en la Navidad de 2026. Sin embargo, el propio arquitecto redactor ha admitido recientemente la imposibilidad de avanzar debido a las constantes e interminables modificaciones impuestas desde la Alcaldía.
El atasco es total: el equipo técnico se declara incapaz de trazar un solo plano porque ni la EMT ni la Concejalía de Movilidad han definido aspectos tan elementales como los ángulos de giro necesarios para los nuevos autobuses, las zonas de paso o las líneas que cruzarán el espacio. Tampoco se ha abierto una vía de negociación con los titulares de las nueve concesiones de floristerías para acordar el diseño, ubicación y necesidades de las nuevas casetas.
A esta indefinición se suma la polémica por la fuente central —promocionada en su día como una playa artificial y calificada ahora de técnicamente inviable— y las incógnitas en torno a la estatua de Francesc de Vinatea. Pese al acuerdo plenario unánime para mantener la escultura del primer Jurat e instalar paneles divulgativos sobre su figura, hoy en día se desconoce por completo si permanecerá en su enclave o si será reubicada. Con este panorama de parálisis técnica, las obras de la plaza del Ayuntamiento no comenzarán en ningún caso antes de 2030, retrasando su culminación definitiva hasta, como mínimo, el año 2035.
Parches, soluciones contestadas y proyectos al olvido
La legislatura de María José Catalá amenaza con pasar a la historia municipal sin pena ni gloria en materia urbanística. Salvo la controvertida remodelación de las aceras de la calle Colón —una obra que ningún colectivo vecinal ni comerciante había solicitado— y el parche de San Agustín, el expediente de grandes infraestructuras urbanas está completamente en blanco.
Proyectos vitales para el vertebración de la ciudad continúan metidos en un cajón. La calle Guillem de Castro sigue careciendo de un proyecto integral de remodelación; la calle San Vicente entre la plaza de la Reina y el Ayuntamiento permanece paralizada; y el diseño definitivo del bulevar Federico García Lorca —que debería redefinir el sur de la ciudad a partir de 2028 tras la liberación de las vías de Renfe— sigue envuelto en una nebulosa de incertidumbre.
Por su parte, las intervenciones en las avenidas de Giorgeta y Pérez Galdós se han resuelto mediante una fórmula que no ha satisfecho a ninguna de las partes implicadas. Ni los defensores de la eliminación total del túnel ni aquellos partidarios de su mantenimiento respaldan la solución adoptada. Para mayor gravedad, los informes técnicos de la Universidad Politécnica de Valéncia (UPV) advertían de un severo problema estructural en la losa que discurre entre la calzada del túnel y el colector subterráneo, un fallo que el consistorio ha optado por ignorar sin acometer su reparación. Fuentes internas del propio Ayuntamiento expresan en privado su temor a que el tránsito continuado de autobuses y camiones pesados termine por agrietar y fracturar la losa, lo que obligaría a cortar de nuevo la avenida de urgencia para solucionar de forma precipitada lo que se vendió como un proyecto definitivo.
En definitiva, la política urbanística de las «repensaetes» se ha destapado como una simple cortina de humo. Tras los titulares ampulosos y las constantes revisiones, el balance de gestión de María José Catalá al frente del consistorio valenciano arroja un panorama desolador de chapuzas, parches y dilaciones calculadas que dejan a Valéncia sin las grandes infraestructuras que necesita.





