A cuatro días del 9 d’Octubre, casi una treintena de tiendas de campaña vuelven a cubrir el centro de la plaza de l’Ajuntament ante la pasividad de la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, y la alcaldesa, María José Catalá.
VALÉNCIA. — La historia se repite en el corazón del Cap i Casal, y esta vez lo hace con tintes de vodevil político y grave menoscabo para la ciudadanía. A tan solo cuatro días de la celebración de la fiesta institucional más importante de todos los valencianos, el 9 d’Octubre, el centro neurlógico de Valéncia amanece nuevamente secuestrado por una acampada ilegal. Alrededor de treinta tiendas de campaña ocupan impunemente la plaza de l’Ajuntament, en una muestra flagrante de la desidia, la parálisis y la manifiesta incapacidad de gestión que define la relación entre las dos máximas autoridades de la plaza: la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, y la alcaldesa de Valéncia, María José Catalá.
Lo que debería ser un escenario engalanado para el encuentro ciudadano y los actos festivos autonómicos se ha transformado en un campamento improvisado. Todo ello ante la mirada perpleja de vecinos, comerciantes y floristas de la zona, que ven cómo la inacción institucional vuelve a dinamitar la normalidad democrática y el uso del espacio público.
El antecedente del Corpus: crónica de una incapacidad anunciada
Esta situación no resulta nueva para la capital del Turia. El precedente más inmediato se vivió con motivo de la Festa Grossa, el Corpus Christi. En aquella ocasión, la Plaça de la Mare de Déu fue tomada por otra acampada educativa. La falta de reflejos y de previsión obligó al Ayuntamiento a reprogramar, reubicar y adaptar a toda prisa los actos tradicionales.
Aquel episodio dejó al descubierto una dinámica política insólita y destructiva:
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Falta de intervención del Gobierno central: La delegada Pilar Bernabé dio muestras claras de priorizar la permisividad con la conflictividad social antes que garantizar el libre desarrollo de las festividades locales.
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Incapacidad del gobierno municipal: La alcaldesa María José Catalá se mostró absolutamente incapaz de imponer el ordenanza público, enviando como «cobayas» negociadoras a los miembros de la directiva de Amics del Corpus a parlamentar directamente con los manifestantes.
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Coexistencia surrealista: La procesión tuvo que abrirse paso in extremis, dejando una estampa grotesca e inaudita en la historia de la ciudad: las históricas Rocas del Corpus conviviendo codo con codo con las tiendas de los acampados.
Las dos máximas representantes de las administraciones en la ciudad —delegada del Gobierno y alcaldesa— demostraron una alarmante incapacidad para hacer cumplir la legalidad vigente, convirtiendo el patrimonio cultural e institucional de los valencianos en un mero daño colateral de sus disputas políticas particulares.
MUNICIPAL (María José Catalá) ESTATAL (Pilar Bernabé)
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│ • Parálisis en la gestión del espacio │ │ • Inacción policial preventiva │
│ • Incapacidad para asegurar la plaza │ VS│ • Permisividad ante la ocupación ilegal │
│ • Falta de prevención institucional │ │ • Interés en la confrontación política │
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IMPACTO EN LA CIUDAD DE VALÉNCIA
• Posible suspensión/alteración de la mascletà del 9 d'Octubre.
• Perjuicio directo al comercio local y al sector de los floristas.
• Secuestro de la festividad autonómica como rehén del conflicto político.
El 9 d’Octubre, nuevo rehén de las trincheras políticas
Lejos de aprender la lección del Corpus, el equipo de gobierno local y la Delegación del Gobierno han vuelto a tropezar exactamente con la misma piedra. Pese a los antecedentes observados en otras capitales como Madrid, a ninguna de las dos responsables se le ocurrió disponer un dispositivo policial permanente en el centro de la plaza para disuadir la instalación del asentamiento. Se permitió el montaje del campamento sin mayor restricción.
A escasas 96 horas del 9 d’Octubre, las consecuencias organizativas son de extrema gravedad:
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La mascletà, en el aire: Resulta logística y técnicamente impensable pirotécnicamente garantizar las medidas de seguridad necesarias para disparar la tradicional mascletà con casi treinta tiendas de campaña instaladas en la zona de fuego.
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Perjuicios económicos reales: Los comerciantes y floristas del entorno sufren de nuevo las consecuencias directas del bloqueo del espacio público y el descenso del tránsito peatonal en pleno inicio de festivos.
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Parcheo técnico sin solución de fondo: La única intervención registrada hasta la fecha por parte de la Policía Local consistió en hacer cumplir la ordenanza municipal para evitar que cuerdas y lonas abrazaran el arbolado y las farolas, obligando a retirar un toldo azul de grandes dimensiones. Sin embargo, el núcleo de la ocupación sigue intacto.
La pasividad preventiva de Bernabé y Catalá sirve en bandeja el escenario deseado por los manifestantes: la imagen del desalojo policial forzado a las puertas de la fiesta autonómica.
Complicidades políticas y escalada de tensión
El conflicto, lejos de amainar, se ve alimentado por sectores políticos que buscan capitalizar la tensión. En este sentido, la postura de formación como Compromís/Sumar resulta ilustrativa. Cargos públicos como el diputado de Compromís en las Corts Valencianes, Francesc Borderas —protagonista reciente por su participación estival en la flotilla rumbo a Gaza—, han sido vistos en primera línea de las protestas.
Ayer mismo, las inmediaciones del Palau de les Arts presenciaron incidentes donde un grupo de trabajadores del sector inmobiliario tuvo que confinarse en el interior del recinto ante la agresividad del cerco manifestante, temiendo por su integridad física. Esta escalada refleja cómo el espacio público valenciano se está transformando en un terreno de confrontación permanente sin que las autoridades apliquen el principio de autoridad para resguardar a la ciudadanía.
Un escenario sin plan ni responsabilidades
Los propios acampados ya han manifestado públicamente su negativa absoluta a abandonar la plaza de l’Ajuntament de forma voluntaria. Ante este escenario, la pregunta que se formula la sociedad valenciana es inmediata: ¿Cuál es el plan?
Ni la alcaldesa María José Catalá ni la delegada Pilar Bernabé han asumido responsabilidad alguna por este nuevo fallo en cadena de la previsión pública. La ciudadanía de Valéncia se encamina a un 9 d’Octubre ensombrecido, no por el sentir de sus vecinos, sino por la incapacidad manifiesta de una clase política atrincherada en sus cálculos electorales y en una guerra soterrada por el control de la alcaldía. Un 9 d’Octubre donde la fiesta de todos los valencianos vuelve a quedar eclipsada por la ineptitud institucional.
La única actuación municipal fue este sábado noche cuando la policía local ordenó quitar las cuerdas de farolas y de arbolado municipal, tal y como exige la ordenanza municipal, con lo que el toldo azul de grandes dimensiones anclado al alumbrado y arbolado ha tenido que ser retirado.
Esta semana del 9 d’Octubre, veremos si se convierte en una nueva semana de pasión…ganas de querer enfrentar a los valencianos en su día grande, irresponsabilidad de políticos a los que se la bufa la celebración, sólo buscan su propio protagonismo y un rédito electoral vergonzoso.






















