Carles Recio
El cabaret es un arte escénico reservado para los más atrevidos, y en el límite de ese atrevimiento se ubica el “burlesque” una acumulación barroca de todos los extremismos estéticos. No puede por tanto cualquier artista lanzarse a este campo si no tiene una preparación muy grande, y sin duda en España el líder de esta corriente es Dito Castro, un creador intuitivo que ha visitado Valencia y ha dejado con la boca abierta a todos los espectadores de la sala Carme. El dinamismo de su actuación resultó portentoso.
Dito Castro es madrileño, heredero del chulapismo que impulsó la zarzuela histórica, capitaneada por el alicantino maestro Chapi, y por su hermana más lúdica, la revista. Junto al triunfo de las vedettes y las coristas la figura masculina del “boylesque” se ha abierto paso con verdadera tenacidad, consiguiendo crear un espacio propio que en Dito Castro es superlativo.
Ir a ver a este bailarín es topetar por sorpresa con un cóctel de danza, folclore, circo y música disruptiva como el jazz y las melodías más clásicas barnizadas con simpática innovación. En estos tiempos de avances “trans” donde el “dragquenismo” goza del favor del gran público la tarea de dibujar su propio territorio es colosal. El artista en este caso crea su propio personaje, que traspasa el especio escénico y tiene una capacidad sorpresiva de interactuar con el asistente, lo que motiva desenfreno y hasta enfrentamiento subrayado por sonrisas.
Dito canta, Dito baila, Dito se viste y se desviste bordeando el abismo de lo socialmenre correcto. En su actuación delimita tres actos o situaciones, con unos vestuarios desaforados que sorprenden tanto por su brillantez como por su brevedad. En un momento se cambia y se transforma sin perder nada de su esencia personal.
En el eco del micrófono este artista es seductor, pero cuando baja a escena y se enfrenta a la gente todavía más. Las bromas exuberantes y las evidencias más serias se conjugan para que cerca de dos horas el auditorio esté pendiente de una unica persona. Porque ese es el otro gran valor de este creativo. Todo el peso de la escenificación descansa en su genio.
En unos tiempos tristes donde las grandes producciones han finiquitado, que una sola persona se levante por encima de su propia capacidad la actividad de personajes como Dito Castro es casi un milagro. Si, hay muchos musicales en escena ene stos momentos. Pero casi todos son grandes producciones norteamericanas que funcionan a nivel planetario, traduciendo unos textos y argumentos que se generan en América y simplemente se fotocopian a nivek global, Frente a estos Goliats totalitarios de una cultura imperialista se levanta este David de sombrero de copa y levita. Lo mejor de su proyección es precisamente la limitación humana que lo hace precisamente humano.
El trabajo de Dito Castro representa un soplo de aire fresco y una evolución necesaria en las artes escénicas contemporáneas. Su arte es una apuesta por conducir el teatro de siempre a la consistencia del porvenir, logrando que disciplinas clásicas como el cabaret y el burlesque dialoguen con las narrativas y la sensibilidad del público actual. Con una propuesta que desborda carisma, técnica y una arrolladora identidad propia, su figura indudablemente ha de promocionarse por su gran categoría, consolidándose como un referente imprescindible para entender la vanguardia del entretenimiento escénico. Cabe por ellos felicitar a Jose y Luis como empresarios responsables de haber traído a esta figura a la ciudad de Valencia. Dito se merece por derecho propio el título de “hombre-cabaret” como símbolo de un legado histórico que en su nervio y creatividad artística deviene puro futuro.














