Una jornada marcada por la incertidumbre, el miedo y una altísima tensión social concluyó a altas horas de la noche de este jueves con un giro de acontecimientos en el centro urbano. Lo que comenzó como una tarde ensombrecida por el amedrentamiento y la violencia verbal por parte de radicalizados terminó transformándose en una reivindicación del folklore y la tradición popular. Tras la celebración de una asamblea de urgencia al filo de las 22:00 horas, el colectivo acampado decidió ceder a la presión social e iniciar el desmontaje de sus instalaciones, despejando la vía para el tradicional paso de la Real Senyera en los actos previstos.
Horas de psicosis, encapuchados y momentos de pánico
El ambiente durante la tarde alcanzó cotas inéditas de crispación en los alrededores del campamento instalado en la plaza. Centenares de jóvenes, ataviados completamente con prendas negras, pasamontañas, mascarillas sanitarias y rostros cubiertos, establecieron un perímetro de seguridad sumamente agresivo mediante el uso de palos y vallas de madera fuertemente fijadas con bridas y tornillos.
Las más de 2.000 personas congregadas en el entorno vivieron momentos de auténtico terror cuando este grupo de exaltados comenzó a proferir consignas de odio y amenazas explícitas contra reporteros, fotógrafos y curiosos que intentaban aproximarse. La hostilidad de los manifestantes encapuchados —entre los que se identificó un nutrido grupo de jóvenes procedentes del ámbito radical y de origen internacional— desató episodios de pánico y psicosis colectiva, afectando de manera directa a las agrupaciones folklóricas que se disponían a iniciar las actividades culturales previstas para la jornada.
La indignación entre los vecinos y defensores de la cultura valenciana fue máxima. Muchos ciudadanos que inicialmente contemplaban con cierta empatía el carácter de la acampada no dudaron en calificar de «intolerables» las actitudes vistas por la tarde, tildando abiertamente de radicales a quienes habían tomado el control del espacio público e intimidado a las familias presentes.
La desinformación y el choque con el sector cultural y pirotécnico
Detrás del conflicto subyacía un profundo desconocimiento por parte de los organizadores del campamento respecto al impacto real de sus acciones sobre las costumbres locales. Las personas instaladas en la plaza parecieron no comprender que su presencia no solo interrumpía el desarrollo de una mascletà o una convocatoria institucional, sino que asestaba un golpe directo al sector pirotécnico ya la amplia red de agrupaciones que sostienen el folklore tradicional de Valéncia.
En paralelo, la denominada «convocatoria de extrema derecha» que había servido de detonante para la movilización de la contraprotesta apenas reunió a una docena de jóvenes aislados en la Plaza de la Reina. La insignificante respuesta de dicho grupo llevó a numerosos analistas y asistentes a conjeturar que se trató de una maniobra instrumentalizada por las facciones más extremistas de la acampada para justificar la llegada de los grupos más radicales y violentos al corazón de la ciudad.
Por su parte, la actuación de las fuerzas de seguridad fue objeto de severas críticas por parte de los asistentes. Las unidades de la Policía Nacional se desplegaron en las calles y plazas adyacentes, dejando el interior de la plaza con una presencia policial mínima que facilitó el libre movimiento de los grupos encapuchados durante las horas críticas de la tarde.
La indignación en redes precipita la asamblea y la retirada
A medida que las imágenes de la violencia verbal y el acoso a los grupos de baile se difundían de manera masiva, la reacción social en las redes fue arrolladora. Una ola de indignación sin precedentes situó al colectivo acampado en una posición insostenible ante la opinión pública valenciana.
Conscientes de la pérdida total de sintonía con la ciudadanía y del rechazo generado, los acampados convocaron una asamblea extraordinaria en torno a las 22:00 horas. Tras un tenso debate sobre la conveniencia de mantener la posición o evitar un conflicto mayor con el itinerario de los actos festivos y patrióticos, la asamblea acordó replegarse y retirar las estructuras que bloqueaban el paso.
A las 23:10 horas, los propios ocupantes iniciaron las labores para desmontar y reubicar más de una docena de tiendas de campaña, retirando el vallado de madera y despejando la calzada. El desconocimiento inicial sobre el recorrido exacto de la Real Senyera, cuya comitiva histórica habría chocado frontalmente con las barricadas al regresar a su emplazamiento, evidenció la distancia entre la procedencia de los acampados y la realidad institucional y cultural de la ciudad.
La dansà improvisada: la victoria de la Cultura sobre el terror
A pesar del amargor inicial y las horas perdidas debido al miedo, la disolución progresiva de los focos violentos permitió el regreso paulatino de los grupos folklóricos a la plaza. Con un inicio cauteloso y emotivo, cientos de parejas vestidas con la indumentaria tradicional ganaron espacio entre la multitud para llevar a cabo una dansà improvisada.
Lo que arrancó bajo la sombra de la intimidación se convirtió finalmente en una celebración colectiva de la identidad valenciana. Los organizadores del evento lograron llevar a cabo el programa previsto ante los aplausos de una ciudadanía resentida por el miedo, pero firme en la defensa de sus raíces. La jornada concluyó con la plaza despejada, limpia y preparada para la comitiva de la bandera de todos los valencianos, cerrando un capítulo donde la tradición y el civismo se impusieron al radicalismo y la intolerancia.






















