El Centro de Investigaciones Sociológicas vuelve a quedarse solo en el panorama demoscópico nacional al otorgar a Pedro Sánchez una ventaja sin precedentes de hasta 12 puntos sobre la oposición, en un estudio fuertemente contestado por analistas e institutos privados.
MADRID. — En lo que parece un episodio más de una pauta metodológica ya habitual, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha vuelto a provocar la estupefacción de la comunidad demoscópica. El último estudio del organismo público que dirige José Félix Tezanos sitúa al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en una posición de holgada supremacía electoral, proyectando una ventaja de casi 12 puntos sobre el Partido Popular y dibujando un escenario parlamentario que garantizaría, holgadamente, la continuidad de la actual coalición gubernamental junto a sus socios parlamentarios habituales.
Sin embargo, el dato no ha hecho más que encender nuevamente las alarmas sobre la credibilidad institucional y el uso propagandístico de los recursos públicos al servicio del Ejecutivo. La amplia brecha proyectada por el CIS contrasta de manera drástica con las mediciones publicadas por la práctica totalidad de las empresas privadas de demoscopia —como Gad3, Sigma Dos o 40dB—, cuyos barómetros convergen en señalar un panorama de estancamiento de la izquierda, un desplome en la fidelidad de voto del bloque gubernamental y la posibilidad real de un cambio de ciclo impulsado por el bloque de centro-derecha.
Una «isla demoscópica» financiada con dinero público
El contraste entre el CIS y el resto del sector no es un suceso aislado, sino la confirmación de una tendencia persistente desde la llegada de Tezanos a la dirección del organismo. Mientras el consenso de las casas de encuestas sitúa la distancia entre socialistas y populares en un pañuelo —a menudo con ventaja para el PP en voto directo e intención decidida—, la institución pública adjudica al PSOE más del 34% de los sufragios, inflando la proyección de la izquierda a cotas que la oposición define como «ciencia ficción política».
Partidos de la oposición y sociólogos independientes han calificado el estudio de «artefacto propagandístico» diseñado para insuflar moral a las filas socialistas y desmovilizar al electorado conservador. Portavoces de la oposición no tardaron en reaccionar tras conocerse los datos, acusando a La Moncloa de «apropiarse de las instituciones para fabricar titulares a la carta» y exigiendo la dimisión inmediata de Tezanos.
«Estamos ante la instrumentalización más impúdica de un organismo oficial en la historia de la democracia española. El CIS ha dejado de ser un centro de investigación para convertirse en la oficina de campaña de Pedro Sánchez», señalaron fuentes de la dirección de la oposición parlamentaria.
Proyección de mayoría absoluta y blindaje de los socios
El informe del CIS no solo otorga una amplia victoria al PSOE, sino que recompone de manera casi providencial el bloque de la investidura. Frente al desgaste que reflejan los sondeos privados respecto a formaciones como Sumar o Podemos y las crecientes tensiones con las fuerzas independentistas catalanas y vascas, el CIS dibuja una aritmética parlamentaria plenamente favorable. Según sus estimaciones, la suma del PSOE con sus socios actuales garantizaría una holgada mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, despejando cualquier horizonte de inestabilidad legislativa.
Este diagnóstico «a medida» ha desatado también duras críticas entre los expertos en metodología electoral. Analistas denuncian que la cocina del CIS aplica sesgos sistemáticos en la redistribución de los indecisos y en la estimación del voto oculto, beneficiando de forma desproporcionada a la candidatura del presidente del Gobierno mientras penaliza las expectativas de la oposición.
Una crisis reputacional sin precedentes en el CIS
El sesgo recurrente del CIS ha tenido un impacto severo en la reputación internacional de la demoscopia española. Históricamente reconocido como una referencia técnica impecable, el centro atraviesa el periodo de menor prestigio de su historia reciente, acumulando desviaciones que en anteriores convocatorias electorales llegaron a superar los diez puntos de error respecto a los resultados definitivos en las urnas.
La publicación de esta última encuesta aviva el debate sobre la necesidad de reformar el sistema de elección de la cúpula del CIS, con el objetivo de garantizar la neutralidad de un organismo financiado íntegramente por los contribuyentes y cuyo presupuesto no ha dejado de aumentar bajo la actual administración. Con las urnas como único juez definitivo, la brecha entre la realidad de la calle y las proyecciones oficiales de Tezanos amenaza con convertirse en el principal argumento del descontento ciudadano frente al control gubernamental de los poderes públicos.




