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Los puestos registran pérdidas del 25% y denuncian la presencia de indigentes, tiendas vacías y altercados a diario.
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Las concesionarias pagan por ocupación de vía pública, pero deben desalojar cada mañana a personas acampadas para poder trabajar.
VALÉNCIA.— Las floristerías históricas de la plaza del Ayuntamiento de Valéncia encaran en un clima de tensión e incertidumbre el periodo de ventas más crítico del año: la campaña de Todos los Santos. Entre cientos de palés de madera, zonas valladas y decenas de tiendas de campaña, los floristas denuncian que la acampada que se instaló en el corazón de la ciudad ha derivado en un «escenario insostenible» de degradación e inseguridad que ya les cuesta hasta un 25% de sus ingresos habituales.
Lo que comenzó como una protesta por el derecho a la vivienda se ha transformado, según los propios afectados, en un asentamiento con perfiles heterogéneos y dinámicas conflictivas. «Al principio era gente preocupada por el problema de la vivienda. Hoy son indigentes, personas con problemas de alcoholismo e incluso perfiles que piden comida o asesoramiento jurídico», lamentan las concesionarias del espacio municipal.
Un laberinto de tiendas vacías y fricciones diarias
Cada mañana, la rutina para abrir al público se ha convertido en un obstáculo logístico y de convivencia. Las floristerías pagan tasas municipales por 15 metros cuadrados de ocupación de vía pública para exponer sus productos, pero al llegar a sus puestos se encuentran con el perímetro bloqueado por pertenencias, aparatos improvisados, sillas de playa y personas durmiendo junto a las persianas.
«Cada mañana tenemos que desalojar a personas instaladas junto a nuestras concesiones para poder sacar las flores. Pagamos la vía pública para trabajar en un ambiente donde es casi imposible operar», explica una de las afectadas.
El paisaje de la plaza se completa con más de 1.000 palés de madera y un número creciente de tiendas de campaña, muchas de las cuales —según atestiguan los floristas— permanecen cerradas desde el primer día y sin ocupante alguno, montadas únicamente para aparentar un volumen de ocupación mayor. Al bajar la persiana al final de la jornada, la situación se agrava: los acampados utilizan los cubos de basura del negocio y ocupan el espacio habilitado para la exposición de las floristerías, dificultando el acceso y generando roces diarios.
Cierres perimetrales y despliegue policial
Aunque la presencia de la Policía Local y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado es constante en los aledaños y acuden ante cualquier altercado puntual, los comerciantes señalan que las fricciones son continuas y el ambiente desanima a la clientela. Varios negocios han tenido que echar el cierre temporal o limitar su atención ante la imposibilidad de que los compradores accedan con normalidad a las paradas.
En el umbral de la festividad de Todos los Santos —momento culminante para la facturación anual del sector—, los concesionarios se preguntan hasta cuándo se prolongará esta ocupación. Mientras los encargos de flores comienzan a llegar, el campamento sigue ganando terreno cada noche, sumando a colectivos en situación de vulnerabilidad y afectando de lleno a la actividad económica del centro de Valéncia.























