Un enclave declarado Bien de Interés Cultural sobrevive entre la maleza, el peligro estructural y la inacción municipal dos meses después del desplome de una gran rama sobre la zona canina.
VALÉNClA — Lo que debiera ser un oasis de patrimonio e historia en el corazón de la ciudad se ha convertido en una trampa de abandono, peligro e inoperancia administrativa. El histórico Jardín del Antiguo Hospital de Valéncia, un entorno protegido y declarado Bien de Interés Cultural (BIC), languidece bajo una capa de desidia flagrante por parte del consistorio. El último y más grave episodio de este deterioro continuado se vivió el pasado mes de agosto, cuando una enorme rama de un ficus monumental sucumbió a la falta de mantenimiento y se precipitó violentamente contra el suelo.
La providencia quiso que en el momento del colapso no hubiese transeúntes ni animales debajo. La pesada estructura vegetal impactó de pleno contra el «pipi-can», la delimitada zona de socialización canina del recinto. Lo que pudo ser una tragedia humana o de mascotas se saldó sin víctimas, pero puso al descubierto las miserias de un espacio verde completamente postergado por el Ajuntament del Cap i casal.
Dos meses de parálisis, vallas arrancadas y trampas al pie
Transcurridos dos meses desde aquel siniestro de agosto, la escena lejos de haberse solucionado ha empeorado notablemente. La intervención municipal tras la caída del árbol se limitó al saneamiento de urgencia del ejemplar dañado y al cierre perimetral de la zona canina afectada. Sin embargo, la improvisación y la falta de seguimiento posterior han convertido el remedio en un riesgo mayor.
A día de hoy, la zona continúa inutilizada y el recinto presenta un aspecto deplorable:
-
Perímetro de seguridad destruido: El vallado provisional se encuentra parcialmente arrancado y pisoteado, sumado a precintos rotos que ya no impiden el paso a la zona de peligro.
-
Instalaciones peligrosas: Las infraestructuras del pipi-can, un simple rectángulo cercado por una valla metálica de un metro de altura, carecen del más mínimo cuidado e higiene.
-
Trampas en el subsuelo: En los alrededores del gran ficus, las potentes raíces del árbol levantaron hace años las mangueras de riego. Al no haberse reparado jamás, se han generado surcos, zanjas y tropiezos en la superficie donde cualquier ciudadano que pasee distraído corre el riesgo real de meter el pie y sufrir una severa caída.
El panorama general del parque es desolador: zonas antes ajardinadas que hoy carecen por completo de vegetación, praderas sepultadas por malas hierbas, arbolado escaso, seco o decrépito y una alarmante ausencia de trabajos elementales de jardinería, riego y limpieza.
Conflicto de competencias e ineptitud de gestión
La titularidad del Antiguo Hospital pertenece a la Diputació de Valéncia, institución que cedió el uso y disfrute del recinto al Ajuntament de la capital con una condición clara, expresa y vinculante: el mantenimiento, la jardinería y la limpieza del enclave corren a cargo íntegramente del municipio.
Resulta inaceptable que desde el departamento competente —que encabeza la concejala Mónica Gil— se intente recurrentemente balcanizar la responsabilidad política parapetándose tras la consabida excusa de que «es competencia de otra administración». Los ciudadanos no tienen 18 ayuntamientos ni deben pagar el peaje de la falta de sintonía entre delegaciones de un mismo gobierno; hay un solo consistorio y una responsabilidad legal y moral hacia el patrimonio público de la ciudad.
Esta parálisis en la calle del Hospital no es un hecho aislado, sino la confirmación de una pauta de ineficacia sistemática. Cabe recordar que se trata de la misma gestión municipal que tardó un año entero en reparar y reponer la puerta de entrada del histórico Jardín de Viveros, destrozada tras el impacto de un camión perteneciente a otra concejalía del propio consistorio. Un precedente bochornoso que ahora se repite punto por punto en el Antiguo Hospital.
La indignación vecinal exige responsabilidades
Los vecinos de la zona y los usuarios habituales de los jardines han presentado reiteradas solicitudes exigiendo la reparación inmediata del vallado, el reasfaltado o acondicionamiento del firme levantado por las raíces y la reapertura segura del pipi-can. Sin embargo, las peticiones ciudadanas continúan durmiendo el sueño de los justos en los cajones municipales.
La falta de voluntad política y de capacidad de gestión técnica está degradando a pasos agigantados un espacio protegido BIC. Si la Concejalía es incapaz de asumir con diligencia las labores básicas de mantenimiento, limpieza y seguridad de los parques urbanos, la ciudadanía exige que se den explicaciones urgentes o que sus responsables den un paso al lado para permitir que profesionales con verdadera vocación de servicio público asuman las riendas de la jardinería de Valéncia.

























