La Comisión de Investigación revela que el centro de control ordenó circular a velocidad normal pese al fallo total del sistema de seguridad digital, contraviniendo los protocolos de emergencia, aumentan los fallecidos
TOLEDO — La tragedia ferroviaria ocurrida en las inmediaciones de la estación de Urda (Toledo) alcanza ya un balance desolador. Según los últimos datos del expediente hecho público por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), la cifra de personas fallecidas se ha elevado a 74, mientras los servicios de emergencia continúan trabajando sin descanso en las labores de rescate entre los restos de los dos trenes de alta velocidad implicados.
Las pesquisas preliminares y las grabaciones del centro de control revelan una fatal combinación de averías tecnológicas y una cadena de decisiones humanas erróneas como causas directas del siniestro.
La secuencia del desastre: del fallo técnico al impacto
El incidente comenzó a gestarse a primera hora de la mañana cuando el sistema informático de control LZB —el mecanismo digital que regula la velocidad y distancia entre trenes— sufrió una caída completa.
Ante esta avería, la normativa ferroviaria establece que la red entra en la denominada «situación degradada». En este escenario:
La seguridad pasa a depender del sistema secundario de balizas (ASFA) y de los semáforos laterales tradicionales.
El reglamento exige taxativamente reducir la velocidad y circular a «marcha a la vista» (un máximo de 40 km/h) para garantizar que el maquinista pueda detener la formación ante cualquier imprevisto visual.
Un riesgo crítico en la vía
Un tren de alta velocidad a 200 km/h requiere más de 1.000 metros para detenerse por completo, mientras que el campo visual del maquinista difícilmente supera los 400 metros. Circular a velocidad alta en situación degradada eliminaba toda opción de frenado a tiempo.
Descoordinación en la sala de control
A pesar del fallo general del sistema de seguridad, el centro de control dio instrucciones directas de reanudar la marcha «a velocidad normal«.
Las grabaciones telefónicas evidencian fallos graves de comunicación en la gestión del tráfico:
Orden de marcha alta: El centro de mandos indicó al tren AVE que avanzara a velocidad convencional.
Aviso ignorado: La maquinista de un segundo convoy (Iryo) comunicó por radio que permanecía detenida en la vía sin poder avanzar.
Falta de advertencia: Desde la sala de control no se advirtió la incongruencia ni el riesgo inminente de que el convoy AVE avanzaba a gran velocidad por la misma línea hacia el tren detenido.
Las autoridades y la CIAF mantienen abiertas las investigaciones para esclarecer por qué se tomaron decisiones operativas que obviaron los protocolos básicos de seguridad en la red de alta velocidad.
A todo esto, hay que sumar que el Gobierno mantiene sistemas antiguos por modernizar y no se invierte lo que se debería en el mantenimiento ni las infraestructuras para un correcto funcionamiento.
















