Más de una veintena de cancelaciones en Cercanías y demora de hasta dos horas en la Alta Velocidad convierten los andenes en un cuello de botella con trenes desbordados durante todo el día.
VALENCIA. — La red ferroviaria valenciana ha vivido este jueves una de sus jornadas más negras de los últimos meses. La combinación fatal de una huelga de maquinistas convocada a nivel nacional y averías técnicas puntuales ha terminado por estrangular los dos nodos clave de la capital del Turia: la histórica Estació del Nort y la estación de Joaquín Sorolla.
El resultado para miles de usuarios ha sido una jornada marcada por la indignación, las aglomeraciones al borde de la saturación y la incertidumbre ante pantallas de información que mutaban minuto a minuto entre el color rojo de la cancelación y demoras de hasta 120 minutos.
La Estació del Nort, colapsada por las cancelaciones en Cercanías
En la Estació del Nort, punto neurálgico de los desplazamientos diarios de la provincia, el servicio de Cercanías se ha desplomado a medida que avanzaban las horas. Aunque la jornada arrancó con el cumplimiento parcial de los servicios mínimos estipulados por el Ministerio de Transportes, el goteo constante de supresiones superó holgadamente la veintena de convoyes cancelados a lo largo del día.
Líneas clave para el flujo laboral y estudiantil, como la C-1 (Valencia-Gandia), la C-2 (Valencia-Xàtiva-Moixent) y la C-6 (Valencia-Castellón), han sufrido severos tijeretazos que dejaron desorientados a miles de viajeros. En los pasillos y andenes, las escenas eran calcadas desde primera hora: miradas de incredulidad hacia los paneles informativos, colas kilométricas frente a las taquillas de atención al cliente y andenes abarrotados hasta el límite.

«Parecemos ganado. Los pocos trenes que pasan llegan ya llenos desde la primera estación y la gente se empuja para entrar en cuanto se abren las puertas», comentaba airado en el vestíbulo un viajero que intentaba llegar a su puesto de trabajo en Sagunto tras dos horas de espera infructuosa.
La acumulación de pasajeros provocó que los pocos trenes en circulación operaran completamente abarrotados —auténticos «trenes borregueros»—, obligando a muchos viajeros a quedarse en tierra e imposibilitando mantener los estándares mínimos de seguridad y confort dentro de los vagones.
Retrasos de hasta dos horas en Joaquín Sorolla
El colapso no se ha limitado al tráfico metropolitano. A unos cientos de metros, en la estación de Joaquín Sorolla, el escenario para los viajeros de Larga Distancia y Alta Velocidad (AVE, Avlo, Ouigo e Iryo) ha rozado el desastre logístico.
A las incidencias derivadas del paro convocado por el Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios (SEMAF) se sumó un fallo técnico de infraestructura que terminó por paralizar los accesos y la gestión de vías en el corredor levantino. El efecto dominó elevó los retrasos acumulados hasta superar las dos horas en varias expediciones con destino a Madrid, Barcelona y la Región de Murcia.
Las salas de espera y la zona de embarque de Joaquín Sorolla, dimensionadas para un flujo continuado de viajeros, se vieron desbordadas con cientos de pasajeros sentados en el suelo entre maletas, intentando recargar sus teléfonos móviles y solicitando explicaciones en las ventanillas de Renfe que no lograban dar abasto.
Conflicto sindical y falta de respuestas
El desencadenante directo de esta paralización masiva ha sido la jornada de huelga de 24 horas promovida por SEMAF. El colectivo de maquinistas denuncia el «bloqueo administrativo» en la aplicación de los acuerdos alcanzados con el Ministerio de Transportes en materias críticas como:
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Seguridad y fiabilidad: Exigen la renovación acelerada del material rodante degradado.
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Protocolos de emergencia: Piden la implantación de normativas vinculantes y claras para la circulación ante alertas meteorológicas.
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Plantilla: Reclaman la contratación urgente de personal de conducción para paliar el déficit estructural de la red.
Desde la propia compañía operadora Renfe y las autoridades de transporte se recomendó desde el día anterior el uso de medios de transporte alternativos. Sin embargo, la capacidad de las líneas de autobús interurbano y el tráfico rodado por carretera se mostraron insuficientes para absorber la enorme demanda desplazada desde el ferrocarril, colapsando también los accesos por la V-30 y la A-3.
Con la caída de la noche, las estaciones valencianas trataban de recuperar paulatinamente la normalidad en la circulación, dejando tras de sí un reguero de reclamaciones, jornadas laborales perdidas y un malestar generalizado entre los usuarios que exigen soluciones definitivas al deterioro del servicio.
















