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El servicio ferroviario valenciano registra un éxodo masivo de pasajeros tras acumular el peor balance de puntualidad y cancelaciones de todo el país.
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La falta de inversión, la escasez de material rodante y la escasez crítica de maquinistas agravan un deterioro que ya se extiende a cualquier franja horaria.
La paciencia de los usuarios del transporte público en la tercera capital de España se ha agotado por completo. El servicio de Cercanías de Valéncia atraviesa el momento más crítico de su historia reciente, acumulando una sucesión interminable de incidencias técnicas, cancelaciones diarias, retrasos generalizados y una degradación absoluta de las prestaciones. Esta situación insostenible ha provocado un éxodo masivo: más de 500.000 valencianos han dado la espalda al servicio y han abandonado las Cercanías en menos de un año, buscando alternativas de movilidad ante la incapacidad de la red para garantizar un trayecto seguro, digno y puntual.
Los datos y la percepción ciudadana coinciden en un diagnóstico demoledor. Lejos de tratarse de incidencias puntuales o coyunturales, la red valenciana se consolida sistemáticamente como el peor servicio de Cercanías de toda España. Es, según los balances acumulados, el más impuntual, el que registra un mayor volumen de cancelaciones y el que concentra el mayor número de problemas operativos en sus diferentes líneas. El hartazgo se traduce en un malestar diario que afecta de lleno a los cerca de dos millones de ciudadanos a los que supuestamente debería dar cobertura el área metropolitana y las comarcas conectadas por tren.
El último episodio: a oscuras entre arrozales
La radiografía de este colapso cotidiano vivió un nuevo capítulo el día de ayer en la línea de Gandía. Un convoy se quedó completamente sin fluido eléctrico en el tramo comprendido entre las estaciones de Sollana y El Romaní. La avería provocó el apagón total de las luces interiores del tren y una parada repentina en plena vía, inmovilizado en medio de los campos de arroz y los restos de paja característicos de la zona.
El pasaje tuvo que soportar varios minutos de incertidumbre y oscuridad total a bordo hasta que los equipos técnicos lograron reiniciar los sistemas informáticos del tren. Sin embargo, el restablecimiento parcial no evitó que las pantallas informativas y los avisos sonoros dejaran de funcionar durante el resto del trayecto, dejando a los usuarios completamente desorientados. Lejos de constituir una anécdota aislada, los pasajeros denuncian que este tipo de incidencias se repiten con una frecuencia alarmante: cada pocos días sucede algo similar, evidenciando la extrema vulnerabilidad de la infraestructura eléctrica y de señalización.
La falacia de los «trenes nuevos» y el fenómeno de los «vagones borregueros»
El descontento social también se alimenta de la indignación ante los anuncios institucionales. Recientemente, tras campañas publicitarias lanzadas a bombo y platillo sobre la llegada de supuestos nuevos trenes, la realidad se ha impuesto con crudeza en los andenes. Aquella promesa de renovación vino acompañada de «mucha letra pequeña», materializándose en la práctica en la desaparición de los ansiados trenes dobles que permitían desahogar las horas punta.
¿El motivo? La red sufre una carencia estructural endémica: ni hay suficientes maquinistas ni existe material rodante en condiciones para cubrir la demanda real. Esta escasez de recursos provoca que la masificación haya dejado de ser un problema exclusivo de las horas punta de la mañana y de la tarde. Hoy en día, prácticamente a cualquier hora del día, resulta misión imposible encontrar un asiento libre.
Para los usuarios habituales, viajar en estas condiciones se ha convertido en una experiencia denigrante, donde es cada vez más normal verse hacinados, «como borregos», en el interior de unos vagones saturados. Un panorama desolador que evidencia que el territorio valenciano y su ciudadanía no merecen un trato tan deficiente. Cancelaciones continuas, retrasos crónicos, averías constantes y un cabreo generalizado son los únicos ingredientes tangibles de un servicio que continúa desangrándose en número de viajeros ante la pasividad de los responsables.
















