España se ha despertado este domingo, 1 de febrero de 2026, con una noticia que cierra un capítulo dorado de su historia sentimental y cinematográfica. Fernando Esteso, el hombre que hizo reír a millones de españoles durante la Transición y que se convirtió en un icono intergeneracional, ha fallecido a los 80 años de edad en el Hospital Universitario La Fe de Valencia.
El actor, que llevaba ingresado varios días debido a una insuficiencia respiratoria que se agravó en las últimas jornadas, se despidió rodeado de sus seres queridos en la ciudad que lo había adoptado como un vecino más desde hacía años. Su muerte no solo deja un vacío en el escenario, sino que marca el fin de una era en la que el cine era el refugio de un país que empezaba a respirar libertad.
De «El Niño de la Jota» al estrellato nacional
Nacido en Zaragoza el 14 de enero de 1945, Fernando Julián Esteso Allué llevaba el espectáculo en la sangre. Hijo de joteros, debutó con apenas seis años como «El Niño de la Jota». Esa formación temprana en el teatro de variedades le otorgó una versatilidad única: Esteso no solo era un cómico; era un «showman» completo que cantaba, bailaba y dominaba los tiempos del directo con una precisión asombrosa.
Tras curtirse en los escenarios de toda España y en programas de televisión que lo lanzaron a la fama en los años 70, su encuentro con el director Mariano Ozores y el actor Andrés Pajares cambió el rumbo de la industria. Juntos formaron el dúo más rentable del cine español, protagonizando nueve películas que batieron récords de taquilla, superando en su momento a superproducciones de Hollywood. Títulos como Los bingueros (1979) o Yo hice a Roque III (1980) son hoy piezas de culto que retratan, con una mezcla de picardía y costumbrismo, las aspiraciones y miserias de la España de la época.
Más allá de la pantalla: Un fenómeno musical
Esteso también conquistó las listas de éxitos con un estilo de humor musical que hoy llamaríamos viral. Canciones como «La Ramona» o «El Bellotero Pop» se convirtieron en himnos populares que sonaban en todas las verbenas del país. A pesar de las críticas de los sectores más intelectuales, Fernando siempre defendió su trabajo como un «humor blanco, limpio y sin complicaciones», diseñado para aliviar las penas de la gente trabajadora.
En sus últimos años, lejos de retirarse, demostró su vigencia participando en la saga Torrente de Santiago Segura, en series como La que se avecina y en proyectos más dramáticos como Incierta gloria de Agustí Villaronga, demostrando que detrás de la mueca del cómico habitaba un actor de raza.
Un país roto de dolor
Las reacciones no se han hecho esperar. Su compañero de mil batallas, Andrés Pajares, ha expresado su desolación con unas palabras que resumen el sentir de muchos: «Hoy se ha muerto parte de mi vida. Se ha ido mi hermano». Pajares, visiblemente afectado, ha comunicado que prefiere recordar a Fernando «vivo y sonriendo», por lo que no acudirá al funeral público, pidiendo respeto por su duelo personal.
Otras figuras como Santiago Segura han destacado que Esteso fue un «ídolo infantil y un mito que nunca defraudó en las distancias cortas». Valencia, su hogar final, prepara homenajes espontáneos en las redes sociales y en las calles, donde era habitual verle disfrutar de la vida y el cariño de la gente.
Con su partida, Fernando Esteso nos deja un legado de risas grabadas en celuloide y la imagen de un hombre que, por encima de todo, fue fiel a su oficio: hacer que la vida pesara un poco menos a través de una carcajada.















