MADRID. – La línea ferroviaria más rentable y transitada de España, el corredor de Alta Velocidad Madrid-Barcelona, vive este miércoles una jornada de «marcha lenta» que nada tiene que ver con la capacidad técnica de los convoyes y mucho con una batalla de percepciones. Mientras los pasajeros acumulan retrasos de hasta una hora, en los despachos de Adif y el Ministerio de Transportes empieza a destilarse un tono que oscila entre la incredulidad y la ironía fina respecto a los «supuestos problemas» reportados por los maquinistas.
Una psicosis a 160 kilómetros por hora
Lo que oficialmente se denomina «limitaciones temporales de velocidad» (LTV) ha convertido el tramo entre Madrid y Zaragoza en un embudo. ¿El motivo? Una cascada de avisos de los maquinistas que alertan de vibraciones, movimientos anómalos y los ya famosos «baches» en la infraestructura.
Sin embargo, tras las inspecciones técnicas realizadas a pie de vía y con trenes auscultadores durante la pasada madrugada, Adif ha sido tajante: la infraestructura está perfecta. El ente gestor, en una comunicación que no ha pasado desapercibida por su carga irónica, ha sugerido que los técnicos no han encontrado ni rastro de esas «deficiencias» que los conductores aseguran sentir bajo sus pies.
¿Infraestructura dañada o «exceso de celo»?
Desde el entorno del Ministerio y las operadoras (Renfe, Iryo y Ouigo), el mensaje que se desliza es que estamos ante un «efecto contagio» o una psicosis colectiva tras el reciente descarrilamiento en Adamuz.
«Parece que hoy el balasto está más sensible de lo habitual para algunos, aunque los sensores digan lo contrario», comentaba con sarcasmo una fuente cercana a la operativa ferroviaria.
En los pasillos del sector se habla abiertamente de un «exceso de celo» por parte de los sindicatos de maquinistas. Mientras Adif levanta las limitaciones tras no encontrar fallos, un nuevo reporte de otro maquinista obliga, por protocolo de seguridad, a volver a imponer la restricción a 160 km/h. Es el juego del gato y el ratón:
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Adif: «La vía está en parámetros de diseño».
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Maquinistas: «El tren salta».
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Resultado: Miles de pasajeros atrapados en un bucle de frenazos preventivos.
El pasajero, la víctima del «supuesto» bache
Para el usuario de a pie, la ironía oficial sobre la «supuesta» gravedad de las incidencias tiene poca gracia. Las pantallas de Atocha y Sants reflejan demoras que ya superan los 45 minutos en los servicios de primera hora.
Renfe y Adif mantienen el discurso de que la seguridad es lo primero, pero el tono empleado para referirse a las alertas de los trabajadores deja entrever un malestar profundo. Se insinúa que, tras el accidente de Córdoba, cualquier mínima vibración —propia de una línea que soporta un tráfico masivo de tres compañías distintas— se está elevando a la categoría de avería estructural.
Una madrugada de «fe» técnica
Esta próxima noche será clave. Adif volverá a peinar cada kilómetro entre los puntos 100 y 178 de la línea. Si, como vaticinan los técnicos, vuelven a no encontrar nada, la tensión entre el Ministerio y los colectivos de conducción alcanzará un punto de no retorno. Por ahora, el Madrid-Barcelona sigue operando con la cautela de quien camina sobre cristal fino, aunque el dueño del cristal asegure que es de acero blindado.
¿Estamos los usuarios seguros viajando en tren?
Es lo que se pregunta el español de a pie hoy.
Una respuesta que no ha sido respondida sino con dogmas de fe, pero a cada minuto que se conoce algo más d elo sucedido en el trágico accidente de #Adamuz la indignación entra la ciudadanía ye specialmente entre los familiares de los afcetados, especialmente de los 42 fallecidos se eleva al máximo pidiendo ya responsabilidades políticas a Renfe, Adif y al propio Ministro de Transportes Óscar Puente.
Todo entre una rona de platós del ejecutivo de Moncloa para explicar su teoría y asegurar que sólo ellos son medios oficiales creíbles, cuando su credibilidad ya está bajo mínimos. Tenemos un problema y gordo…
















