Aragón llega al 8 de febrero con una certeza y muchas incógnitas. La certeza es que habrá ganador claro. La incógnita, mucho más relevante, es quién gobernará realmente tras el recuento. Los sondeos coinciden en dibujar un Parlamento fragmentado donde la aritmética manda más que las siglas.
El adelanto electoral, impulsado por Jorge Azcón, ha comprimido la campaña y ha activado a un electorado cansado, volátil y poco fiel. Nadie se juega solo la victoria: se juega la gobernabilidad.
El PP gana… pero no alcanza
La encuesta preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas coloca al Partido Popular en cabeza con una ventaja clara. Los populares se moverían en una horquilla que les permitiría ganar sin discusión, pero sin mayoría absoluta.
El PSOE aparece como segunda fuerza, a distancia, y Vox consolida su papel como tercer actor clave. El resto del mapa parlamentario se reparte entre fuerzas menores que, salvo sorpresa, no alteran el eje central del poder.
Resultado probable: victoria del PP, bloqueo institucional sin pactos.
Vox, árbitro inevitable
Aquí está el nudo del 8F. Si se cumplen las previsiones, solo una suma garantiza estabilidad inmediata: PP + Vox. No es una hipótesis teórica, es la única mayoría viable que dibujan las encuestas.
Eso convierte a Vox en árbitro del próximo Gobierno, con capacidad real de condicionar programa, tiempos y prioridades. La izquierda, fragmentada, queda muy lejos de articular una alternativa sólida, incluso sumando a todas las fuerzas menores.
El dato que lo cambia todo: el votante aragonés
El CIS deja una cifra que explica la incertidumbre: solo el 22% de los aragoneses vota siempre al mismo partido. Más de la mitad decide su voto según el momento político. Es un electorado reactivo, sensible al clima nacional y a los últimos días de campaña.
En un Parlamento de 67 escaños, un puñado de miles de votos puede mover varios diputados. Y esos diputados pueden decidir quién entra en el Pignatelli.

Gobierno aprobado… sin entusiasmo
La gestión autonómica no genera rechazo masivo, pero tampoco adhesión. La mayoría la califica como “regular” o “aceptable”. Traducido: no hay voto ilusionado, hay voto defensivo. Y cuando eso ocurre, la noche electoral se vuelve imprevisible.
Conclusión: se vota el 8, se gobierna después
Aragón no elegirá presidente el 8 de febrero. Elegirá fuerzas, vetos y dependencias. El PP tiene todas las papeletas para ganar. Pero el poder real se decidirá en negociaciones discretas, lejos de mítines y urnas.
Más que una elección, es un test de estabilidad. Y Aragón, hoy, vota sabiendo que ganar no es gobernar.
















