VALENCIA – 30 de diciembre de 2024 – La Navidad ha dejado un escenario desolador en el corazón de la comarca de Los Serranos. Antonio Miguel Álvaro, ganadero y miembro de la junta directiva de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), se encontró al amanecer con una imagen que define la crisis del sector: 122 de sus ovejas yacían muertas en el corral, no por dentelladas directas, sino por una asfixia masiva provocada por el terror.
El incidente ocurrió en la localidad de Aras de los Olmos, en el límite con Aragón y Castilla-La Mancha, una zona que se ha convertido en el epicentro de la creciente tensión entre la fauna silvestre y la actividad humana.
Crónica de una tragedia anunciada
No fue el hambre lo que mató al ganado, sino el miedo. Según el relato del ganadero, un grupo de animales salvajes —cuya naturaleza exacta está por determinar entre lobos o perros asilvestrados— merodeó el recinto durante la noche. Aunque los depredadores no lograron saltar los muros ni superar las vallas, su presencia y el acecho constante desencadenaron un instinto de supervivencia fatal.
Las 480 ovejas de la explotación, presas del pánico, se amontonaron unas sobre otras en un rincón del patio. El peso y la presión de las capas superiores provocaron que las 122 ovejas situadas en la base murieran aplastadas o por falta de oxígeno. «El pánico fue tan extremo y duradero que las que quedaron debajo no pudieron respirar», lamenta Álvaro, quien además contabiliza media docena de animales heridos con un pronóstico poco alentador.
Un historial de ataques
Para Antonio Miguel Álvaro, esto no es un hecho aislado, sino la culminación de un calvario que dura ya dos años. En este periodo, ha sufrido cinco ataques previos atribuidos a lobos o perros salvajes. Su testimonio es un grito de auxilio que resuena en todo el sector: «Lo presentía. O controlamos la superpoblación de fauna silvestre, incluyendo la expansión del lobo en la Comunidad Valenciana, o perderemos nuestra ganadería».
El clamor de AVA-ASAJA: Sostenibilidad en riesgo
La organización agraria AVA-ASAJA ha aprovechado este trágico suceso para elevar una queja formal a las administraciones públicas. Según la asociación, el problema trasciende la pérdida económica inmediata de los ejemplares. La «invasión» de fauna salvaje pone en jaque la sostenibilidad económica, social y medioambiental del medio rural.
Las demandas del sector se centran en tres pilares:
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Control Poblacional: Intensificar la gestión de especies cinegéticas y depredadores para reducir la presión sobre las explotaciones.
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Riesgo Sanitario: La organización advierte que el exceso de animales silvestres es un vector de transmisión de enfermedades graves, como la Peste Porcina Africana (PPA) o la Gripe Aviar, que podrían arruinar a la industria cárnica nacional.
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Compensaciones Reales: Las ayudas actuales no cubren los daños indirectos, como el estrés del ganado (que reduce la producción de leche o provoca abortos) o los casos de asfixia por pánico como el de Aras de los Olmos.
Un futuro incierto para el interior
La comarca de Los Serranos, golpeada por la despoblación, ve en la ganadería extensiva uno de sus últimos motores económicos. Sin embargo, incidentes como este empujan a los ganaderos a plantearse el cierre. «Si el monte baja a los corrales y no tenemos defensa, el final es inevitable», concluyen fuentes del sector.
Mientras las autoridades evalúan las huellas y rastros en el perímetro de la explotación, el silencio en el corral de Aras de los Olmos recuerda que la convivencia entre el lobo y el ganado sigue siendo la herida abierta del campo español.















