VALENCIA – En un año marcado por la tradición y el sentimiento, el calendario fallero de 2026 ha vivido hoy uno de sus momentos más emotivos y significativos. La Asociación Valenciana de Personas Sordas (ASVANSOR) ha celebrado la presentación oficial de su falla, un evento que trasciende lo festivo para convertirse en una reivindicación histórica: la entidad cumple 100 años de vida, consolidándose como un referente de lucha, identidad y, sobre todo, inclusión en la fiesta más internacional de Valencia.
El acto ha contado con la presencia de la Fallera Mayor Infantil de Valencia (FMIV) y su Corte de Honor, quienes no han querido faltar a una cita que simboliza la apertura de la fiesta a toda la ciudadanía. La visita institucional de las máximas representantes del mundo fallero subraya el papel fundamental que esta asociación desempeña en el tejido social de la ciudad, demostrando que la lengua de signos y la cultura del fuego comparten un mismo ADN: el de la expresión sin barreras.
Cien años de identidad y resistencia
Fundada en 1926, la Asociación Valenciana de Personas Sordas nació en una época donde la visibilidad del colectivo era prácticamente inexistente. A lo largo de este siglo, la entidad ha evolucionado desde la asistencia mutua hasta convertirse en un motor de cambio social, defendiendo la lengua de signos como vehículo de cultura y derecho fundamental.
Llegar al centenario no es solo una cuestión de longevidad, sino de éxito en la integración. La asociación ha logrado que su sede sea un espacio de encuentro donde se preserva la identidad del colectivo sordo, al tiempo que se abren ventanas hacia el resto de la sociedad. Su participación en las Fallas es, quizás, la ventana más luminosa de todas.
Tres décadas plantando falla

Si bien el centenario marca la trayectoria de la asociación, este año también se celebra otra cifra redonda en el ámbito estrictamente festivo: 33 años plantando falla. Lo que comenzó en 1993 como una iniciativa para involucrar a los socios en la cultura popular valenciana, se ha convertido hoy en una cita ineludible del programa oficial de la Junta Central Fallera (JCF).
Plantar una falla no es solo levantar una estructura de madera y cartón; para ASVANSOR es una forma de comunicación visual y artística que no requiere de oído, sino de mirada y corazón. Sus monumentos, históricamente cargados de ingenio y gracia, han servido durante más de tres décadas para sensibilizar sobre las barreras comunicativas y para demostrar que la creatividad no conoce de límites sensoriales.
Un patrimonio para toda la humanidad
Desde la JCF se ha querido destacar que la labor de la asociación es una pieza clave para que las Fallas mantengan su estatus de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La UNESCO premia no solo la estética, sino el valor social y la capacidad de las comunidades para organizarse en torno a una tradición. En este sentido, ASVANSOR es el ejemplo perfecto de cómo una fiesta puede ser el vehículo ideal para la inclusión real.
El agradecimiento público de la JCF pone en valor el esfuerzo que supone para un colectivo específico mantener una comisión fallera durante más de treinta años, superando retos económicos y logísticos. «Son patrimonio vivo de nuestra fiesta», señalaban fuentes de la organización durante el acto.
Un futuro sin barreras
La presentación de este año ha servido también para visibilizar los retos que aún quedan por delante. Aunque el centenario es motivo de alegría, los representantes de la asociación han aprovechado el foco mediático para recordar la importancia de seguir avanzando en la accesibilidad universal dentro de las celebraciones populares, con más intérpretes en los actos oficiales y una mayor presencia de la lengua de signos en la comunicación fallera.
Con la vista puesta en la semana grande de marzo, la Asociación Valenciana de Personas Sordas se prepara para una cremà histórica. Será el fuego el que ponga fin a estos primeros cien años de historia, pero también el que ilumine el camino hacia el segundo siglo de una entidad que ha demostrado que, en Valencia, el silencio también sabe a pólvora y a fiesta.


















