Benimaclet afianza su papel en el urbanismo participativo: el PAI se redefine con aportaciones vecinales
En un proceso que se extiende más de tres décadas, el barrio de Benimaclet —uno de los sectores urbanísticos contemplados por el Plan General de Valencia de 1988— sigue siendo el escenario de uno de los debates más intensos sobre la manera en que una ciudad puede crecer sin perder su identidad.
El Programa de Actuación Integrada (PAI) de Benimaclet, un desarrollo urbanístico que abarca 269.775 metros cuadrados y que prevé la construcción de 1.345 viviendas, de las que más de 400 serán de protección pública, ha sido durante años motivo de tensión entre la administración municipal, la promotora Metrovacesa y las entidades vecinales, culturales y sociales del barrio. Sin embargo, en los últimos meses se ha producido un giro significativo: las propuestas consensuadas entre seis entidades locales han comenzado a dejar una huella real en el diseño del futuro parque central, el corazón del proyecto.
Así lo pone de manifiesto la nota de prensa publicada por la Asociación Vecinal de Benimaclet tras una reunión celebrada el jueves pasado con la Concejalía de Urbanismo del Ayuntamiento de Valencia. En ella, las entidades no solo valoran positivamente que una buena parte de sus propuestas haya sido aceptada por la concejalía, sino que también destacan el compromiso explícito del concejal de Urbanismo, Juan Giner, de aceptar las propuestas vecinales consensuadas que no contravengan los informes de los técnicos municipales. Es un compromiso que, en el contexto de este largo conflicto urbanístico, representa un matiz nada menor.
Un parque que nació de la polémica
Para entender la importancia de este avance, es necesario retroceder al origen de la disputa. El PAI de Benimaclet ha sido objeto de movilizaciones vecinales durante años, no tanto por la existencia del proyecto en sí —la necesidad de nuevas viviendas en Valencia es un problema reconocido por todas las partes—, sino por la manera en que se planificó el espacio público.
La propuesta original de Metrovacesa incluía la construcción de cuatro torres de hasta 20 alturas en el espacio reservado al parque central, lo que las entidades vecinales denunciaron como un grave impacto visual sobre la zona más delicada del PAI paisajísticamente, en la conexión entre el núcleo histórico de Benimaclet —compuesto por casas de pueblo de dos alturas— y la huerta que lo circunda.
La reacción del vecindario fue contundente. En noviembre de 2023, la Asociación Vecinal solicitó formalmente la constitución de una mesa de seguimiento del PAI para participar de manera efectiva en el proceso de elaboración del proyecto. Desde entonces, se han celebrado un total de nueve encuentros entre las entidades del barrio y la concejalía de Urbanismo, un proceso participativo que, según los datos del Ayuntamiento, comenzó en octubre de 2023.
De la confrontación al diálogo: la propuesta del parque
El punto de inflexión llegó en diciembre del año pasado, cuando la propia Concejalía de Urbanismo solicitó a las entidades vecinales que elaboraran una propuesta alternativa al parque central planteado por Metrovacesa. Este fue un momento clave: por primera vez, no eran los vecinos quienes irrumpían en un proceso ya cerrado para reclamar su espacio, sino la administración la que les abría la puerta para contribuir directamente al diseño.

En respuesta, las seis entidades vecinales, culturales y sociales de Benimaclet trabajaron durante varias semanas para consensuar una propuesta que recogiera sus visiones de cómo debería ser el futuro parque. En dicha propuesta se definen distintos elementos que las entidades consideran relevantes: el papel de los huertos urbanos vecinales como espacios agrícolas, medioambientales y de cohesión social; el futuro uso de las alquerías históricas que aún permanecen en pie, como Casa Tello y Casa Bolea; y la preservación del Braç d’Alegret de la acequia de Mestalla, un elemento de la identidad histórica del barrio estrechamente vinculado a su origen agrícola.
Esta propuesta fue remitida a mediados de diciembre a la concejalía, y es la que fue objeto de la reunión celebrado el jueves pasado.
Qué ha sido aceptado y qué sigue en el aire
Las entidades reconocen que una parte significativa de sus propuestas ha sido integrada al proyecto.
A lo largo de estos meses de diálogo, la concejalía ha incorporado medidas como el mantenimiento de los huertos urbanos vecinales ya existentes en la explanada central del parque, el tratamiento adecuado de las acequias, la reserva de un espacio abierto en la zona verde de 30.000 metros cuadrados destinado a la celebración de eventos, mercadillos o exposiciones, la peatonalización de la continuación de la avenida de Valladolid, la eliminación de barreras entre el núcleo histórico y el futuro parque, y el compromiso de ejecutar los equipamientos deportivos simultáneamente con la urbanización, permitiendo a entidades como el Sporting Club de fútbol Benimaclet ubicarse de forma inmediata en los nuevos terrenos.
El parque central, que se extiende en 30.000 metros cuadrados, se ha convertido en el verdadero protagonista del proyecto. El diseño contempla un bosque central con especies de sombra, árboles singulares y fuentes de agua, un parque lineal con dunas mirador y especies autóctonas, y la recuperación de caminos históricos como el Camí Farinós y el Camí de les Fonts. La superficie total de zonas verdes en el PAI alcanzará los 69.927 metros cuadrados, casi duplicando la superficie de zonas verdes urbanas por habitante del barrio, que pasará de 3,38 metros cuadrados a 5,83.
Sin embargo, la nota de prensa de la Asociación Vecinal no se limita a la celebración de lo conseguido. Las entidades señalan claramente que aún quedan aspectos por mejorar, y que así lo expresaron en la reunión. Han decidido autoconvocarse durante la semana próxima para debatir y consensuar nuevas mejoras que trasladarán a la concejalía de urbanismo para ser estudiadas y valoradas.
Una reivindicación que va más allá de Benimaclet
La experiencia de Benimaclet no es un caso aislado en Valencia. Hace tan sólo unas pocas jornadas, entidades vecinales de los barrios de Tres Forques, Campanar y Benimaclet se concentraron a las puertas del Ayuntamiento para reivindicar una mayor participación efectiva en los proyectos urbanísticos previstos en sus respectivos barrios. Lo hicieron mediante una performance simbólica con el lema «Que no nos tomen el pelo», en la que los asistentes simularon un corte de cabello para subrayar que el urbanismo no es asunto exclusivo de la administración y los promotores, sino que los ciudadanos también deben ser partícipes en decisiones que afectan al futuro de sus barrios.
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El mensaje es claro: los procesos de participación ciudadana en urbanismo no deben ser un ejercicio de apariencia. Como argumentan los propios vecinos de Benimaclet, la participación vecinal nunca es una rémora, sino un importante aporte al diseño de ciudades y barrios. Y el avance registrado en el diseño del parque de Benimaclet parece demostrar, por lo menos en este caso, que cuando la administración se abre de manera genuina al diálogo, los resultados mejoran para todos.
El camino que queda por recorrer
Dicho esto, sería precipitado concluir que el conflicto ha sido resuelto. El PAI de Benimaclet sigue en fase de tramitación, y la administración municipal ha anunciado que el proyecto se someterá a información pública durante un plazo de 45 días, tras el cual se elevará al Pleno del Ayuntamiento para su aprobación definitiva. Durante ese periodo, los vecinos tendrán la oportunidad de presentar alegaciones formales —algo que la Asociación Vecinal ya ha preparado en detalle, incluida una petición respaldada por más de 2.800 firmas ciudadanas.
La concejalía, por su parte, ha repetido varias veces que el desarrollo del PAI se ajustará a los planes territoriales aprobados con posterioridad al Plan General de 1988, como el Plan de la Huerta o la Estrategia Territorial de la Comunitat Valenciana, marcos que limitan hasta cierto punto la capacidad de maniobra del proyecto. El concejal Juan Giner ha insistido que el modelo urbanístico impulsado por el gobierno municipal es uno que piensa en el barrio y en sus vecinos, y que defiende que sean los vecinos quienes propongan sus usos.
Pero los vecinos de Benimaclet, con la prudencia que les da la experiencia de más de tres décadas de lucha por el futuro de su barrio, saben que el camino aún es largo. Lo que sí es innegable es que, por primera vez en mucho tiempo, están caminando juntos.















